lunes, 8 de noviembre de 2010

Derecho a la diferencia sin diferencia de derechos.

Cada ser humano en particular es una especie en extinción. Cada individuo es diferente a todas y cada una de las demás personas que se hallan a su alrededor. 


Ni tan siquiera los/as hermanos/as gemelos/as son iguales; ni por lo biológico (que llegan a diferenciarse en sus huellas digitales, entre otros detalles), ni por lo psíquico.


Muchas veces, tanto padres como madres, viendo a sus hijos o hijas gemelos/as tan parecidos físicamente, que llegan incluso a vestirles con la misma ropa, a apuntarles al mismo colegio y a la misma clase, les llevan a las mismas actividades extraescolares, etc sin reparar en que éstos/as son sujetos completamente distintos; lo cual es un error, pues cada ser humano es individual, único e irrepetible, y los hermanos y las hermanas gemelos/as han de aprender esto muy bien: que ellos/as son ellos/as mismos/as, y no él o ella más su hermano o hermana, respectivamente.


No obstante, aun sucediendo esto, aun cometiendo este fallo muchos padres y muchas madres, cuando los/as gemelos/as alcanzan la edad adulta, no resultan ser idénticamente iguales. Pueden haber desarrollado muchas similitudes en cuanto a lo que gustos se refiere, por ejemplo; pero siempre mostrarán algunas claras divergencias.


Y es que, por mucho que se generalice y se categorice, lo realmente cierto es que el hecho de que todos/as somos diferentes, es un hecho que, a pesar de no ser aceptado por algunas personas, es incuestionable. 


Especialmente en la especie humana, la cual está compuesta de percepciones, gustos, etnias, culturas, educaciones, religiones, rituales, fiestas e idiomas diferentes.


Si bien es cierto que los seres humanos presentamos características comunes que permiten realizar ciertas clasificaciones, también es cierto que dichas características muchas veces se hallan bajo el subyugo de lo subjetivo y la cultura, y que otras tantas veces se ejercen relaciones entre ellas que nada tienen que ver.


Es decir, podemos asegurar que físicamente los hombres son de un modo determinanado y que las mujeres poseen otras características, o que todos los hombres y mujeres pertenecemos a la especie Homo sapiens sapiens; pero considero una aberración sentenciar oraciones tales como "los hombres son más inteligentes que las mujeres", "las mujeres son más buenas y cariñosas que los hombres", "los hombres son agresivos por naturaleza", "las mujeres no saben conducir", "los hombres no saben ni quieren escuchar" o "a las mujeres no les gusta el fútbol, y sólo les interesa tener hijos y criarlos".


Una cosa es generar categorías en base a una característica común que poseen unos determinados individuos, y otra cosa bien diferente es crear estereotipos o pautas sociológicas fijas de comportamiento, de actuación, de pensamiento... de ser. 


Y es que, como he dicho unas frases atrás, todas las personas somos seres humanos, pero esto no dice nada de una persona concreta, que es única e irrepetible en la historia.


Y, en tanto que somos diferentes, merecemos ser iguales en derechos. 


Una vez leí un artículo en el cual había un párrafo escrito que me gustó y lo dejé transcrito a un lado de mis apuntes de una asignatura. El párrafo decía así:


"Si la diferencia es un hecho, ¿cómo llega a ser un derecho? Precisamente porque el derecho a la diferencia o a la diversidad descansa en el principio de igualdad; es decir, un reconocimiento pleno del principio de igualdad debe admitir, sin reparo, una sociedad plural, donde todas y todos tengan garantizado el principio de igualdad de oportunidades y el derecho a no ser discriminados por su individualidad. [...]. El reconocer el derecho a la diferencia implica previamente el reconocer el derecho a la semejanza; recordemos que cuando existía la esclavitud y esta era socialmente aceptada, los esclavos no eran incluidos como semejantes por sus amos; tampoco ello ocurrió en el régimen del apartheid en Sudáfrica; ni antes del voto femenino se reconocía públicamente a las mujeres la influencia política que tienen hoy. Afortunadamente, los cambios sociales son también evolutivos; la historia no miente; el derecho a la semejanza es anterior y base del derecho a la diferencia".


Tal vez lo más correcto sería afirmar que los seres humanos somos iguales, pero no idénticos. 


Pero la conclusión está en que, seamos como seamos (hombres, mujeres, niños/as, adultos/as, jóvenes, altos/as, bajos/as, etc); seamos como seamos, y siempre y cuando ese ser esté dentro del marco ético, siempre y cuando esa forma de ser no impida a las demás personas ejercer su derecho a la diferencia, a la libertad y a la vida, hemos de poder tener derecho a la diferencia. Y, lo más importante, sin diferencia de derechos; en igualdad de condiciones y oportunidades.


Como una familia. Como un sólo pueblo. Como una única raza. Como una única nación.


Porque todos/as tenemos derecho a la vida, a la libertad... y a ser respetados/as.


Sin odio; sin opresiones; sin exclusión.

3 comentarios:

Alba Torrero dijo...

Pues la verdad que este blog no esta nada mal y muy buen trabajo Enrique!!
Las demás publicaciones estan bien hechas un buen trabajo!! Besos Enrique

Enrique dijo...

Muchas gracias, Alba. Y bienvenida al blog. Si deseas dar a conocer tu opinión en cualquier entrada, tienes las puertas abiertas.

Un beso: Enrique.

Alba Torrero dijo...

Gracias Enrique pareces muy majo!! jeje besos

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