martes, 7 de diciembre de 2010

¡Hasta dónde estamos llegando!

Existe una sabiduría popular que ve en la tecnología una fuente de información siempre verídica. Aquello de “lo han dicho en la televisión” servía para dar crédito a toda clase de fenómenos e inventos que llegaban incluso a acabar erigiéndose como irrefutables paradigmas. 

Posteriormente, el lugar de la televisión fue ocupado por Internet. Llegamos a un momento en el que cualquiera ejerce de médico con diagnósticos hechos en base a “lo dice en la Wikipedia”, revelaciones acerca de enigmas que nadie nunca supo resolver, etc; pero, claro está, si en la red se dice, será que es verdad. 

Pronto llegó el momento en el que los vendedores de enciclopedias dejaron de llamar a las puertas, ofreciendo Internet como “genial producto para sus hijos, pues a través de él estudiarán con el mejor recurso”.

Muchos padres y muchas madres creyeron que, antes que una enciclopedia, mejor que el/la niño/a disponga de un ordenador de última generación (¡Fantástico! Si tiene cualquier duda, en Internet encontrará la solución"). Sin embargo, ¿qué ha ocurrido y qué está sucediendo? Los niños y las niñas empezaron a dar toda clase de usos al Internet... y la búsqueda de documentos históricos, por lo común, no es precisamente uno de ellos. Jugar a los juegos en línea, pasar horas en el chat, entrar en foros de dudosa intelectualidad o bajar esas cantidades ingentes de pornografía fueron más bien los grandes usos que los niños y las niñas dieron al Internet, la "nueva herramienta educativa", la fuente de ciencia que sus padres y/o madres orgullosamente habían comprado, pensando que hacían una inversión en el futuro de éste/a.

Hará cosa de dos años que el Gobierno español decidió poner en marcha el Plan Escuela 2.0, mediante el cual se tiene previsto que cada niño/a, desde 5º de Primaria hasta Segundo de la ESO (Educación Secundaria Obligatoria), disponga de un ordenador portátil. La idea parece buena a simple vista. Quizá llegue a serlo en algún futuro no muy lejano. Sin embargo se me plantean unas cuantas dudas. Aunque un ordenador puede ser altamente útil, ¿es realmente imprescindible que los/as niños/as de 10 años tengan un ordenador? ¿No se está sobrevalorando esta herramienta? ¿Y qué sucederá con los profesores y las profesoras? ¿Serán sustituidos/as por máquinas, como está sucediendo en otros muchos puestos de trabajo? Si así ocurriese, ¿se imaginan a nuestros hijos e hijas delante de un ordenador durante más de 8 horas diarias? Además, ¿dónde residiría la educación? Porque, sí, a través de las herramientas informáticas se puede enseñar a los/as niños/as... ¡pero no educarlos/as!

La enseñanza consiste, sin más, en la adquisición de facultades mentales y físicas; en la instrucción, en el aprendizaje. Pero la educación va más lejos: la educación trata de transformar a los seres humanos, de orientarlos hacia un bien, hacia la adquisición de la ética, y hacia una mejoría de sí mismos, de sus facultades biológicas y de su pensamiento.

Toda educación conlleva un aprendizaje, pero no todo aprendizaje es educativo.

"La intención educativa es esa tendencia del comportamiento que en el obrar y en el encuentro se aplica a ayudar al prójimo a obtener una fuerza mayor de la dominación de la vida, una comprensión espiritual superior y una formación también superior, a obtener un hondo despertar moral y existencial" (März, F. (2009). Introducción a la pedagogía. Salamanca: Ediciones Sígueme).

Mucha gente opina que "la televisión educa", que "la vida educa". Pero no es correcto. En primer lugar, porque, a pesar de que no pueden negarse las huellas que deja en nosotros/as las influencias "de la vida", tampoco puede negarse que estas huellas no son frecuentemente para nuestro bien. ¿Cuántas veces hemos visto a personas a quienes "la vida" ha destrozado su vida, en vez de haberles contribuido para un bien y una mejora de sí mismas? En segundo lugar, porque la educación es un hecho que se da entre personas. Se necesita un ser humano que sea educado y otro que eduque. Y, a su vez, dentro de esta relación educador/a-educando, ha de haber una intención de por medio. Sólo los seres humanos tenemos conciencia; sólo los seres humanos podemos tener la intención de educar, y de socorrer e inmunizar a ese/a hijo/a, a ese educando para no perecer ante las dañinas influencias. Mas socorrer no significa, como decía Rousseau, en un dejar crecer protegiendo, evitando que se topen los educandos ante estas influencias. Más bien consiste en un dejar que surja dicho encuentro y, después, enseñar a pensar, guiar, ayudar y fortalecer.

Aunque existan contenidos informáticos de alta calidad y fiabilidad, y programas que ayuden a un mejor aprendizaje, no nos engañemos: un ordenador no resuelve los problemas; simplemente es una herramienta que se debe saber utilizar. Puede que entre los móviles y los ordenadores, la tecnología termine por destruir la humanidad al igual que en una película de ciencia ficción. Sin necesidad de ser apocalípticos, ni negativos, el uso y abuso de cualquier herramienta puede acabar siendo perjudicial. 

Si las personas sólo quedan formadas y no educadas; si nuestros hijos e hijas saben hablar, pero no saben que las palabras pueden hacer daño a las personas; si saben jugar, pero no que no hay que hacer trampas ni agredir a los compañeros y las compañeras durante el juego; si poseen conocimientos de fisión y fusión nuclear, pero no que su uso puede provocar enfermedades, muerte y destrucción... Si nuestros hijos e hijas, nuestros alumnos y alumnas, adquieren numerosos conocimientos, pero no saben utilizarlos dentro de los límites de la ética... ¿qué será de su futuro?

¡Que los ordenadores nos cojan confesados!

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues si que educa la vida , educa bien o mal según se mire pero educar educa.Educa para las circunstancias en las que te mueves.La educación española puede que no te sirva en Sumatra.

Internet , Tv ... pues como la información está tan restringida , es el consuelo.Tampoco se puede fiar del médico de turno.O del blogger que escribe.XD
Kxll

Enrique dijo...

Kuxille:

La educación intencional expresa la actividad de aquellas personas que educan conscientemente y una determinada intención.

La teoría de la educación funcional ( que así se llama al tipo de ideas que promueven que "la vida educa") trata de las funciones, influncias y efectos de aquellas esferas de la realidad que, como factores de la educación, "educan" al ser humano inconscientemente y sin intención alguna.

Una de las raíces de la educación funcional está en el naturalismo pedagógico (corriente seguida, entre otros/as, por Rousseau). La labor de Rousseau va dirigida, ante todo, al restablecimiento de la condición natural humana, y se interpreta la naturaleza como la cusa última metafísica y divina. El ser humano, para éste, encuentra su perfección esencial en el crecimiento pasivo, en el soportar con calma, en lo que se traduce la ley de la divinización de la naturaleza. La libertad no es otra cosa que la comprensión en la necesidad de esa ley, y lo único que puede hacer el/la educador/a es, en palabras de Eller Key, "dejarse ayudar tranquila y lentamente por la naturaleza y ver que las circunstancias ambientales apoyan el trabajo de la misma". Con esto, la educación no puede ser concebida como un conjunto de libres decisiones entre dos personas independientes, sino que se interpreta como un repercutir en uno/a mismo/a, como función de la naturaleza.

Pero, aunque nadie puede negar los numerosos influjos de los campos en que el ser humano vive y que le rodean, lo cierto es que la vida simplemente "actúa". Si por educar se quiere dar a entender "elevar, ennoblecer, hacer mejor al ser humano", la frase "la vida educa" resulta problemática, en tanto que existen muchas personas a quienes la vida les ha destruido.

El error primero y básico de los/as defensores/as de una educación funcional está en haber pasado por alto esa característica esencial de la educación que constituye una elevación moral. Y es lógicamente porque ¿cómo una realidad apersonal, sea la naturaleza, la cultura o la vida, puede elevar moralemente, ejercer una función educativa, si no está dentro de sus posibilidades orientarse en las escalas del bien y del mal? ¿Cómo es que, a pesar del poder de los numerosos factores de la educación, el resultado de la educación, el efecto de aquellas funciones, resulta tan escaso e incluso insuficiente?

Y es que, desde luego, no puede hablarse razonablemente de educación sin pensar en "la consciencia de la persona, su moral y su responsabilidad". Donde hay educación ha de haber alguien que sabe que puede ayudar y que quiere educar; alguien que contribuya a hacer el bien a alguien y contribuir a su felicidad.

La vida puede condicionarte, instruirte, darte unos conocimientos y "hacerte actuar" de una forma determinada. Pero ese actuar no es crítico, no es reflexivo. Sin embargo, los/as educadores/as pueden ayudar e introducir a los/as jóvenes mediante reflexiones y decisiones previas, en el mundo... en la vida.

Besos, mi niña.

Ser Filosofista dijo...

Creo que hay algunos programas para vigilar que los niños y niñas vean contenido adecuado para su edad y formación. Espera... te paso el nombre. Deja lo encuentro... ya, aquí está. Se llama supervisión de un adulto o adulta que tenga interés en esas personitas mini. Besos.

Anónimo dijo...

Entiendo.Confundí educar con adaptarse.En todo caso educar bien depende del prisma con el que se mire.Por eso la Educación para la Ciudadanía , la nueva asignatura de primaria ha levantado tantas ampollas.
Besos.Kxll

Enrique dijo...

Ser Filosofista:

De acuerdo contigo; ese es el mejor programa. Pero... existe otro problema: hay numerosas personas adultas irresponsables, que consideran que su hijo/a es como una especie de jarrón: está ahí, se tiene, adorna la casa... y se acabó; de lo demás, que se ocupe el Estado.

Deprimente.

Enrique dijo...

Kuxille:

En efecto. Si lees la página que escribí de "¿Por qué hablar de pedagogía y educación?", podrás ver, como expliqué ahí, que muchas veces entendemos que se educa mal a aquellas personas que no siguen los patrones que nuestra sociedad inculca.

En china considerarán maleducadas a las personas de occidente por emplear "armas" (como cuchillos) en la mesa, a la hora de comer. ¿Somos, pues, maleducados/as por este motivo? Desde luego que no.

Los problemas que plantea la asignatura de Educación para la Ciudadanía son:

1- El currículum prescrito. Puede llegar a crearse un programa educativo en el cual los/as alumnos/as "interioricen" los deseos del Gobierno de turno, en lugar de adquirir un pensamiento crítico, reflexivo y propio.

2- También está la problemática de los libros de texto. Cada editorial tiene su interés ideológico, pasando de opiniones arraigadas en el catecismo, hasta opiniones totalmente opuestas con carácter extremista (también hay opiniones más moderadas, pero esto no quita que existan las otras).

3- Por el momento no hay personal docente que esté preparado para impartir la asignatura.

4- Para poder impartir una hora de esta asignatura, hay que eliminar otra hora de otra asignatura, y diversos sectores no están de acuerdo en esto.

5- Esta asignatura sólo se imparte en un límite de una hora por semana, lo cual conlleva a que es totalmente imposible llegar a adquirir una visión global de la materia, llegando a darse una elección de los temas por parte del profesor o la profesora; y, por tanto, puede haber control por parte del Estado, por parte de las editoriales y por parte de los/las docentes.

6- En resumen: el problema está en que esta asignatura, en lugar de darse una educación, se lleve a cabo en una instrucción.

No veo problema alguno en que se dé esta asignatura... pero hay que controlarla.

Besos.

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