viernes, 3 de diciembre de 2010

La educación anti-sexista: La vacuna contra el sexismo.

A través de esta entrada, trataré de exponer algunos ejemplos de educación sexista, y cuál sería la solución:

- Caso 1:

Estrella y Manuel, su hermano, están jugando en la habitación cuando, de pronto, su madre vocifera:
-¡Estrella, hija, ven a la cocina a ayudarme, por favor!
Estrella, como buena niña que es, obedece sin rechistar y se dirige a la cocina, mientras su hermano prosigue con el juego por su propia cuenta.
Entonces, en ese preciso momento, el padre se acuerda de que tenía que arreglar el motor del coche y llama a Manuel:
-¡Manuel, por favor, acompáñame al garaje y ayúdame a arreglar el motor del coche!
Y el niño se va con su padre a aprender cómo se arregla el motor de un coche.

-¿Qué se consigue con esto?

Estrella aprende a cocinar mientras su hermano aprende a arreglar el motor del coche. Cuando Manuel se independice, dependerá de alguien para poder tener algo que comer (por lo general, por lo que habrá aprendido, pensará que debe ser una mujer quien deba hacerlo); o deberá aprender a cocinar y, hasta que lo haga, posiblemente no se alimentará adecuadamente.

Por el contrario, su hermana, Estrella, cuando aprenda a conducir (si es que no interioriza que conducir es algo que una mujer no debe hacer porque eso es cosa de hombres), y se le estropee el motor, dependerá de alguien (posiblemente pida ayuda únicamente a un hombre) para poder arreglarlo.

-¿Cuál es la solución?

Tanto Estrella como Manuel deben aprender ambas cosas: arreglar el coche y cocinar. Cuando sean mayores e independientes, sabrán hacer las dos tareas y no necesitarán a nadie más; y, a su vez, podrán elegir si prefieren dedicarse a la cocina o a la mecánica, en lugar de dedicarse ella a la cocina "porque es su labor" y él al arreglo de los coches "porque es lo que un hombre ha de hacer".

- Caso 2:

Estrella y Manuel se hallan en el parque. Ambos están aprendiendo a montar en bicicleta; pero como sólo disponen de una, tienen que hacerlo por turnos.
En primer lugar se sube Estrella a la bicicleta. Le cuesta porque es la primera vez que se monta, pero consigue pedalear unos pocos segundos... hasta que se cae. Entonces ella comienza a llorar. La madre la consuela casi con el pánico reflejado en la cara, el padre decide que es mejor que lo intente otro día, y ambas, madre e hija, se sientan en un banco a observar cómo Manuel intenta aprender a montar en bicicleta.
Así pues, dispuesto a aprender, Manuel se sube en la bici. Pero, como también es su primera vez, no tarda mucho tiempo en caerse al suelo. Al igual que su hermana, éste comienza a llorar. Sin embargo, para este caso, la madre, aunque está un poco nerviosa por la caída de su hijo, no se levanta del banco ni acude hasta él; y su padre le dice:
-Calma. Calma. ¡No ha sido para tanto! Además, eres un hombre y los hombres no deben llorar. Venga, sube otra vez a la bicicleta e inténtalo de nuevo.

-¿Qué se logra con esto?

Con respecto a Estrella, con este tipo de actos le transmitimos mensajes de inseguridad y de miedo. La instamos a que no intente las cosas porque es delicada, y le enseñamos que debe llorar siempre para captar la atención de las demás personas y conseguir lo que se proponga.
En cuanto a Manuel, el mensaje que interioriza es que debe mentir acerca de su personalidad: tiene que "aparentar"; aparentar ser más fuerte de lo que en verdad es; aparentar ser una persona que no llora; aparentar ser alguien decidido a intentar las cosas cuantas veces sea necesario, aunque le disguste la tarea. Y, al mismo tiempo, aprende que, por más que llore y pida ayuda, él está solo porque es un hombre y no tiene que depender de otras personas.

-¿Cuál es la solución?

Cuando el padre y/o la madre enseñe/n a Manuel y a Estrella a montar en bicicleta, lo harán dejándoles a ambos intentarlo por sí mismos, a fin de transmitirles un mensaje de seguridad y confianza. En el caso de que se caigan, se les puede decir: "Es normal que te caigas porque acabas de empezar a aprender. Pero tú inténtalo de nuevo y ya verás cómo lo consigues". Si lloran, es normal. Déjenles llorar; consuélelos, pero déjenlos expresar sus sentimientos, tanto si es chico como si es chica. Y, sobretodo, a menos que se trate de un golpe realmente grave, no exageren el susto; porque seguramente sólo se trate de una simple caída.

- Caso 3:

Un grupo de niñas y de niños se encuentran en el colegio. Ahora mismo tienen clase de Educación Física (o Gimnasia).
-¡Chicos y chicas, escuchadme un momento! -exclama el profesor-. Mañana voy a poneros un examen de fútbol, y pasado mañana, otro de resistencia física. Los chicos, para aprobar el examen de fútbol, tendrán que marcar cinco goles; las chicas; dos. En el examen de resistencia física, los chicos tendréis que aguantar 15 minutos corriendo; las chicas, 7.

-¿Qué se da a entender con esto?

En primer lugar, a los chicos se les da un ego de superioridad sobre las chicas; de tal forma que en un futuro, si tienen que resolver algún asunto en compañía de una mujer (por ejemplo, en una relación de pareja), pensarán: "Déjame hacerlo a mí, que yo soy quien puede y quien debe hacerlo". Y, al mismo tiempo, si fracasan "como ellos son quienes pueden", sentirán que la responsabilidad es suya y se sentirán más presionados.
A las niñas se les transmite un mensaje de debilidad y de inferioridad. Se da por hecho que son más delicadas y que no pueden hacer lo mismo que un chico (y mucho menos superarlos). Se les enseña del mismo modo que no deben ponerse límites altos ni esforzarse, supuestamente, en exceso. Por último, se está logrando que realmente la niña crezca débil, porque si tu quieres alcanzar una fortaleza determinada, lo lograrás mejor si haces cien flexiones que si haces veinte. Y como las niñas hacen menos deporte físico (corren 7 minutos frente a los 15 que corren los niños; y se esfuerzan por marcar 2 goles, mientras que los niños han de alcanzar los 5 goles marcados), la fuerza, la habilidad y la resistencia que en potencia podrían haber alcanzado, la pierden.

-¿Cuál es la solución?

En mi opinión, ningún profesor y ninguna profesora debería tener unas ideas preconcebidas acerca de sus alumnos y alumnas. Debería, en principio, tratar de mantener un clima de equidad.
A través de un examen previo, que no influirá en la calificación de sus discentes, averiguará cuáles son las capacidades y las debilidades individuales de cada alumno y cada alumna. Y en base a esas características propias de cada educando, tratará de adaptar su currículum, y poner unos límites u otros, que permitan mejorar el rendimiento de los/as mismos/as.

Por ejemplo:

Estrella siempre, como mínimo, logra marcar 10 goles, mientras que Manuel marca 3. Y, a su vez, Estrella sólo aguanta 5 minutos corriendo; y Manuel, 15.
El objetivo del educador o la educadora, deberá ser que Estrella supere sus 10 goles marcados y los 5 minutos que puede correr; pero no en comparación con otro alumno u otra alumna que sepa marcar más goles o aguantar más, sino en base a una superación propia, acorde con sus posibilidades. Por ejemplo, podrá alcanzar los 15 ó 20 goles, y los 10 ó 15 minutos corriendo. Mientras tanto, Manuel deberá intentar aprender a superar los 3 goles que sabe marcar, y aguantar más de los 15 minutos que puede resistir.

Se trata de adaptar sus currículos del mismo modo que se le adapta el currículo de un/a alumno/a con Síndrome Down (éstos/as, si, por ejemplo, no logran aprender 20 elementos de la tabla periódica, se les insta a que al menos aprendan 10); o de la misma manera que se adapta el currículum a un/a discente superdotado/a (si el nivel de la clase es de sumas y restas, este tipo de educandos puede comenzar a aprender las multiplicaciones y divisiones).

- Caso 4:

Manuel y Estrella están en casa, hablando con su padre y su madre. Están viendo un catálogo que les ha llegado por correo, de parte del Ayuntamiento de su localidad, en el que se les ofrece la posibilidad de recibir clases de diferentes actividades extraescolares.
-¡Yo quiero apuntarme a baloncesto! -exclama Estrella, ilusionada.
-¡Y yo quiero apuntarme a teatro! -comenta Manuel, dando saltitos de alegría.
En ese momento, tanto el padre como la madre se enfadan, y dice el padre:
-¡Pero qué barbaridad estáis diciendo! Por favor, Estrella, ¿cómo vas a apuntarte a baloncesto? Eres una niña, y las niñas no hacen esos deportes. Tú deberías apuntarte a dibujo, teatro, música o danza, que sí son labores de mujeres hechas y derechas.
Después se vuelve a su hijo y le dice:
-Y tú, Manuel, ¡se te debería caer la cara de vergüenza! ¿Teatro quieres hacer? Eso deben hacerlo las chicas; no los chicos. ¿Quieres que se rían de ti? ¿O que en el futuro seas un marica y un pobre desgraciado sin fama ni honor? Haz algo decente, como taller de matemáticas o fútbol.

-¿Qué mensaje se transmite en este contexto?

En primer lugar, se realiza una división de tareas: tareas de chicos y tareas de chicas. En segundo lugar, se crea una presión y se desplaza a toda persona que no realiza "el tipo de tareas que debe llevar a cabo con relación a su sexo", impidiendo la felicidad y la realización personal del individuo. En tercer lugar, se disminuye el número de aprendizajes que un ser humano puede alcanzar (si usted puede y quiere aprender a cocinar y a arreglar un coche, pero se le ha inculcado que sólo debe aprender una u otra tarea, en función de cuál sea su sexo, verá limitada la cantidad de aprendizajes que pueda adquirir). En cuarto término, se estará contribuyendo a una reproducción social de roles, y a la posible pérdida de talentos que puedan favorecer el avance científico y social (si una niña tiene habilidades portentosas para la informática, pero se la relega al ámbito de la casa, sus cualidades se verán perdidas; y si un niño puede llegar a ser un gran educador, pero se le obliga a estudiar una ingeniería o medicina, podrá haberse perdido un formidable pedagogo en potencia).

-¿Cómo debe actuarse para no transmitir el sexismo?

Se seguirá, en la medida de lo posible, el deseo tanto del niño como de la niña de apuntarse a una u otra actividad extraescolar, sin tener en cuenta su sexo y los estereotipos sociales. Tanto como si el niño quiere hacer ballet y la niña fútbol, como si la niña quiere hacer ballet y el niño fútbol, se dará por visto bueno. No existen actividades de niños y actividades de niñas. Existen, simplemente, actividades que a un determinado niño y a una determinada niña le gustan, y actividades que no les gustan.

Muchos padres y muchas madres obligan a su hijo o su hija a hacer actividades que socialmente están vinculadas a un sexo u otro. Y hoy día, lamentablemente, de la misma forma están surgiendo padres y madres que realizan justamente lo opuesto (es decir, por ejemplo, si es chica, la obligan a hacer fútbol, y si es chico, le obligan a hacer ballet, con el objetivo de no reproducir los estereotipos sociales. Y no es esa una solución. Tanto como si hace una cosa o la otra debe ser aceptado. No hay que forzar este tipo de gustos).

- Caso 5:


Llega el día de Navidades. Por el día de Reyes Magos, Estrella ha recibido un carrito de muñecas y una camiseta rosa; y Manuel, un coche de juguete y una camiseta azul; lo cual sucede reiteradas veces, y sin tratarse de una decisión del niño y de la niña; pues Estrella quería lo que ha recibido su hermano por regalos; y Manuel, lo que su hermana.

-¿Qué se está inculcando con esto?

Lo mismo que en el caso anterior: se da a entender que unos determinados juguetes y colores pertenecen a los chicos, y que otros determinados juguetes y colores pertenecen a las niñas.

-¿Qué considero correcto?

Que si al niño el niño tenga la libertad de decidir si quiere una camiseta azul o rosa, o un balón de fútbol o un muñeco-bebé; y que la niña tenga la libertad de elegir si prefiere una camisa rosa o azul, y si desea por juguete un balón de fútbol o un muñeco-bebé.

Y aún más lejos: si pueden compartir sus juguetes y jugar a ambas cosas, mejor que mejor.

Nota importante: Hay padres y madres que regalan a sus hijas una pistola de bolas para que sea como un chico. Yo considero que ni los niños ni las niñas deben jugar a las pistolas. En todo caso podrán regalarle (si ella lo desea) otros juguetes que se consideran pertenecientes a los niños (como una pelota o un Spiderman). Pero, ¿una pistola? Me parece nefasto.

5 comentarios:

Lady Persefone dijo...

Me gustaron tus ejemplos, y sus respectivas soluciones. No creo que se puedan aplicar en todo momento, sobre todo si la gente ya tiene una mente tan sexista como para actuar de la forma en que actúan los personajes de tus ejemplos. Pero si hay voluntad pueden corregirse algunas malas actitudes, y con eso ya se logra un gran avance.

En cuanto a estas épocas de vísperas de navidad, y en cualquier otra época de regalos infantiles, me parece horroroso que en algunas jugueterías y en hipermercados que tienen una seccion de juguetes, éstos están divididos "para nenas" y "para nenes". Entonces ahí por más que la nena quiera un juguete "de nene" o el nene uno "de nena", entra en juego el tema vergüenza, el no animarse a explorar esos lugares porque no son para él/ella.

Enrique dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Lay Persefone.

En cuanto a que ya existe gente con mente sexista, por ese mismo motivo creo este tipo de entradas, para intentar, de algún modo, abrir los ojos a la gente; o que, por lo menos, si son los padres y las madres quienes dan una educación sexista, puedan corregir este aspecto los maestros y las maestras; y sucede en la escuela, que los padres y las madres puedan tenerlo presente y sean ellos/as quienes puedan hacérselo ver a sus hijos/as.

Besos.

bastadesexismo dijo...

Excelente entrada!

Qué buenos ejemplos, didácticos, claros y concretos. Habría que hacer un manual con todas las situaciones posibles! Hasta que sea un automatismo no educar en el sexismo...

Enrique dijo...

Gracias, Basta.

Sí, la verdad es que es buena idea lo del manual. jeje.

Besos.

Anónimo dijo...

Buenísima entrada.

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