lunes, 13 de diciembre de 2010

Mandatos negativos de padres y/o madres sobre los hijos y las hijas.

El médico psiquiatra Eric Berne, fundador del análisis transaccional (un sistema de psicoterapia que se encuentra dentro de la Psicología Humanista), propuso un listado de trece mandatos negativos básicos que, en muchas ocasiones de manera implícita, los padres y las madres dan a sus hijos e hijas.

Estos trece mandatos son:

1- No seas: Este mandato surge cuando un niño o una niña nace en una situación "inoportuna". Quienes les cuidan están a punto de separarse, son demasiado mayores, demasiado jóvenes, demasiado pobres... Éste no es el resultado inevitable de un embarazo no deseado, pero siempre aparece después de un nacimiento no deseado (coincido con el psiquiatra argentino Jorge Bucay en que la expresión "embarazo no deseado" está mal empleada cuando hablamos de hijos/as no deseados; porque podría no buscarse el embarazo, pero sí desearse a ese/a hijo/a).

2- No seas lo que eres: Aquí los progenitores querían un hijo de diferente sexo, o de diferente color, o absolutamente sano, o que ocupase el lugar de otra persona.

3- No te acerques demasiado: Este es un mensaje que viene ligado a la capacidad o incapacidad de los padres y/o las madres de elaborar los duelos. Otras veces es la expresión transmitida por la propia dificultad de los progenitores para el contacto físico. El niño o la niña, enfrentado/a a la herida que no cierra por una pérdida en la familia, puede construir con facilidad una postura acorde con el mandato.

4- No pertenezcas: De alguna manera, un mensaje relacionado con el anterior. Aquí también puede ser una protección subliminal a la pérdida, aunque muchas veces es la lectura del niño o la niña del aislamiento social de su familia respecto del entorno. Sus padres y/o sus madres no tienen amigos, no visitan a sus parientes, no pertenecen a ningún grupo humano, a ningún club, a ningún núcleo político. La familia es un grupo aislado del medio.

5- No crezcas: Este mandato ocurre con progenitores que necesitan a alguien a quien cuidar, requieren un/a niño/a en quien proyectar sus propias necesidades de cuidados y protección. A veces también se da en padres y/o madres a quienes, como en el no te acerques, les aterra pensar, por ejemplo, en enfrentarse con la efervescente sexualidad de los/as hijos/as cuando sean adolescentes.

6- No seas pequeño/a: El mandato opuesto al anterior (aunque no necesariamente incompatible; la suma de ambos se transforma a lo largo de un no existas). Este mandato se genera cuando no se desea asumir la responsabilidad de tener un hijo o una hija que los reclama. A veces, la orden tiene el sientido de presionar a los niños o las niñas para que se haga cargo de sus hermanos/as menores, o, por qué no, de sus padres y/o madres, que actúan como niños/as.

7- Tú no sabes hacerlo: Aquí se desprecian los logros de los/as hijos/as, comparándolos permanentemente con los de otros/as niños/as, con los de las personas adultas y, a veces, hasta con los de los propios padres y las propias madres, que debilitan su ego a través de este mecanismo.

8- No estés bien: Esta orden es dada por quienes brindan atención a sus hijos/as sólo cuando tienen problemas o están enfermos, educándoles en los "beneficios" de estar mal.

9- ¡No!: Este mandato se da en padres y madres demasiado asustadizos/as. El niño o la niña aprende que la vida es peligrosa y que todo lo que haga entraña un riesgo para su persona (en especial lo que da placer).

10- No eres importante: Este mandato aparecen en padres y madres que "nunca tienen tiempo" para el colegio de sus hijos/as, para sus amigos/as, para sus necesidades. Estas responsabilidades son derivadas en un/a asistente/a, un/a abuelo/a o, simplemente, son ignoradas.

11- Sé perfecto/a: Una derivación de la actitud vanidosa de los padres y/o las madres. Aquí, ellos/as necesitan que sus hijos/as siempre obtengan buenas notas, destacar en los deportes o habilidad, por ejemplo, en el dibujo, para sentirse orgullosos/as de ellos/as mismos/as por haber tenido un/a hijo/a tan bueno/a, hábil o inteligente. En la escuela sólo se tienen en cuenta los sobresalientes o, por el contrario, los suspensos. Los primeros se premian; los segundos se castigan. Todas las demás calificaciones son totalmente olvidadas. ¿"Has sacado un 5, un aprobado justito*? ¿Qué clase de nota es ésta? ¡Cualquiera saca un 5!").

*Aquí en España se califica sobre 10 puntos. Aunque el modelo de clasificación puede variar, por lo general, del 0 al 4,9 la calificación es equivalente a un Suspenso o Insuficiente; del 5 al 6,9 es un Aprobado; del 7 al 8,9 es un Notable y del 9 al 10 es un Sobresaliente. A veces, cuando se saca la máxima nota, el 10, se da una Matrícula de Honor.

12- No pienses: Aquí la sugerencia es el riesgo que existe en tener ideas propias. Lo peligroso es tener ideologías diferentes. Lo dañino es pensar en ciertas cosas (sexo, libertad, etc). Este mandato tiene varios niveles: desde el "No pienses lo que piensas sino lo que deberías pensar", hasta el "No pienses del todo".

13- No sientas: Aquí los padres y/o las madres están muy asustados/as de su propio sentir o tienen desterrada de su ámbito de sensaciones alguna emoción. En este mandato también hay varios niveles: "No sientas nada", "No sientas dolor", "No sientas lo que sientes, sino lo que te digo que debes sentir".

Dice Jorge Bucay:

"Estos mandatos son puestos en los niños (y las niñas) más o menos sutilmente a través de gestos y movimientos corporales, o a través de las aceptaciones y rechazos que tenemos desde antes que nazca la criatura... [...] Todos estos mandatos y muchos otros mensajes más explícitos determinan que la criatura abandone su infancia con una clara idea de lo que se espera de ella. Los niños y las niñas necesitan agradar, necesitan sentirse queridos/as y aprobados/as, y por eso cuando reciben directamente de su padres la máxima aceptación cuando cumple cada mandato, confirma que eso es lo que debe hacer. A partir de esta interacción, ensayo y confirmación elabora un guión de su vida, un argumento vital para su existencia que reflejará su respuesta a estos primeros años de vida" (Bucay, J. (2007). Cartas para Claudia. RBA bolsillo: Barcelona).

2 comentarios:

Gimena dijo...

Los mandatos que propuso el señor Berne pasan a ser en la adultez la base firme de nuestras frustraciones, la desconformidad con nosotras/os mismas/os, la ceguera ante los propios logros y por ende tierra fecunda en la cual germina la depresión. El actuar de madres y padres para con sus hijas/os es el pilar fundamental que nos permite (como hijas/os) desde el mismo anteponernos a las dificultades de que la vida nos provee. Me acongoja observar la cantidad de personas que traen seres al mundo sin saber siquiera si están realmente preparadas para ser madres o padres, no comprendo cuál es el impedimento para consultar a un especialista sobre el correcto proceder en la formación de sus propios retoños, ya sea en el caso de quienes planifiquen formar una familia o en el de todas/os aquellas/os que por esas cosas del azar teminan formándola, es decir, "si no hay padres dispuestos a asumir una responsabilidad tal como es la de educar a un/a hijo/a, ¿por qué esperar que un/a pedagogo/a (agente externo a la familia) se preocupe de cimentar lo que debió cimentarse en casa?". Resulta que hoy en día el ente docente, además de funcionar como transmitidor de conocimientos, valores y costumbres de una sociedad, debe cargar con los fracasos de todas/os aquellas/os que no han sabido o no han podido ser madres o padres, todas/os aquellas/os frustrados que se lavan las manos en la docencia y que, como si fuera poco, realizan mandatos negativos como los anteriormente expuestos para acabar por traspasar sus frustaciones a sus hijas/os y de paso darle un trabajo nada de productivo al profesor o profesora, ya sea debido a la comunicación inadecuada o la inexistencia de rol de madre y/o padre.

Saludos.

Enrique dijo...

Buenas, Gimena. Muchas gracias por tu comentario.

Dices: "Me acongoja observar la cantidad de personas que traen seres al mundo sin saber siquiera si están realmente preparadas para ser madres o padres, no comprendo cuál es el impedimento para consultar a un especialista sobre el correcto proceder en la formación de sus propios retoños...".

Yo pienso lo siguiente:

En primer lugar, para muchas personas (por no decir la mayoría), el hecho de ser padres o madres no es algo meditado y asimilado previamente, sino es un rol, o un proyecto vital, que la sociedad, por decirlo de algún modo, impone. Mucha gente no se plantea si quiere o no ser madre/padre, sino que se le ha inculcado que debe serlo sí o sí, si quiere estar bien visto/a, y ser reconocido/a y aceptado/a. La siguiente entrada (un texto de la pedagoga Maite Vallet, quizá pueda explicarte esto mejor: http://educacion-enrique.blogspot.com/2010/11/la-educacion-deberia-hacernos-ser.html).

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que mucha gente no tiene en absoluto educación sexual, y vive creyendo una serie de mitos (como por ejemplo, el de que "la primera vez no te quedas embarazada"), y luego pasa lo que pasa...

En tercer término, en países en los cuales la población tiene un bajo nivel adquisitivo, muchos padres y muchas madres optar por tener hijas/os con el objetivo de "utilizarlos/as" para ganar más dinero.

En cuarto lugar, existen países (entre ellos España) en los cuales la población en general piensa que sabe y puede opinar a la ligera sobre temas de educación. A nadie se le ocurre, sin haber estudiado medicina, decirle a un/a doctor/a por dónde debe operar; pero fácilmente puede ir una madre o un padre a hablar con un/a profesor/a, y decirle que todo lo hace mal, que no sabe ni enseñar ni educar, etc. Entonces, si todo el mundo sabe educar, ¿para qué acudir a alguien que te oriente? O mejor dicho, como he escuchado alguna vez: "¿quién es un pedagogo o una pedagoga, o un/a maestro/a para decirme a mí cómo debo educar a mi hijo/a"?

Si te fijas en las tiendas, existen numerosos libros de educación escritos por psicólogos/as o por doctores/as, que, si al menos hubiesen tenido algo de experiencia, pues podría pasar; pero da el caso de gente que se ha dedicado toda su vida a la medicina o a la psicología o a otras tareas que, de repente, por "espíritu divino", le da por escribir sobre educación. Sobretodo esto se nota cuando, leyendo el libro, te fijas que no tiene bibliografía y que no son capaces ni tan siquiera de citar a Vigotsky, Piaget, Paulo Freire, u otra persona dedicada a la educación.

Y en quinto término, directamente se debe a que existe mucha gente irresponsable.

En cuanto a todo lo que dices después... es una pena, pero sí, es así.

Besos.

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