miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sigmund Freud en la cultura y la educación. Crítica a un psicoanális de carácter machista.

La siguiente crítica al pensamiento del psicoanalista Sigmund Freud, la realizaré en base a algunas de las siguientes frases escritas en el texto “Las fases de la sexualidad infantil y el complejo de Edipo“:

“Este sentimiento de decepción en el que se mezclan rencor y nostalgia, adquirirá la forma acabada de un afecto de envidia: la envidia del pene/falo. El afecto en cuyo derredor gravita el Edipo femenino no es, por lo tanto, la angustia como en el caso del varón, sino la envidia. Envidia celosa del pene que rápidamente pasará a ser deseo de tener un hijo del padre, y más tarde, una vez que la niña se haya convertido en mujer, deseo de tener un hijo del hombre elegido”.

“Para la niña, el objeto es ante todo la madre fantasmatizada y en un segundo tiempo el padre. El varoncito entra en el Edipo y se pone a manipular su pene, al mismo tiempo que se abandona a fantasmas ligados a su madre. Después, bajo el efecto combinado de la amenaza de castración proferida por el padre y la angustia provocada por la percepción el cuerpo femenino privado del falo, el varón renuncia a poseer el objeto-madre”.

“La diferencia de sexos hombre/mujer es percibida entonces por el niño como la oposición entre quienes poseen el falo y quienes están privados del falo (castrados)”.

Si nos remontamos a la época de Sigmund Freud, sabemos que el papel de la mujer por aquellos tiempos estaba más centrado en servir a la casa y al marido, y en la concepción de hijos, que en el uso de sus facultades intelectuales y de su libertad.

Incluso hoy día podemos hallar comentarios que afirman, por ejemplo, que un hombre piensa de determinada manera y que una mujer piensa de otra forma distinta, y que por este motivo cada cual tiene “su labor específica“. No obstante, encontramos a numerosos hombres que “piensan como mujeres” y a mujeres “que piensan como hombres”. Mi cuestión es: ¿existe realmente un tipo de pensamiento masculino y otro femenino, o se trata, meramente, en el traspaso generacional de una ideología vinculada a cada uno de ellos? Yo opino esa segunda respuesta: que si un hombre y una mujer, por promedio, piensan como piensan, se debe, sin más, a su cultura y a su educación, y no a un constructo genético.

Estoy convencido de que si introdujésemos un grupo de niños y otro de niñas en dos internados diferentes, y les diésemos a cada uno el tipo de educación que su sexo opuesto ha recibido a lo largo de la historia, los niños “serían niñas”; y las niñas, “niños”.

Y es que no hay que realizar diferencias entre hombres y mujeres, sino entre personas y personas. Cada ser humano es un mundo, con una ideología propia, y no por el hecho de ser quien es (hombre o mujer), debe pensar, ser y comportase de una forma determinada, sino que tiene que ser como él/ella es: un ser humano.

Éste, bajo mi punto de vista, es el fallo que han tenido la psicología y la filosofía a lo largo de la historia: que intentaron forjar diferencias entre hombres y mujeres. Y no sólo lo hicieron, sino que lo hicieron con ventaja hacia el varón; es decir, que se hizo a través de una ideología sexista de tendencia machista.

Y esto lo observamos en Freud, cuando nos habla de la “envidia que la niña siente hacia el niño por no tener ella pene”. Aquí trata de enaltecer al hombre porque es quien tiene el pene, mientras que la mujer queda relegada a un puesto inferior, al mismo tiempo que dice, además, que se trata de una envidiosa.

Sí, es cierto, el niño tiene pene, y la niña no. Empero no hemos de fijarnos en el “la niña no tiene”; porque no tiene pene, pero sí tiene otra cosa: vagina y clítoris. Por tanto, veo erróneo dar por buena la afirmación “la niña no tiene y el niño sí tiene“. No obstante, aunque adoptásemos por válido el error de “el niño tiene; la niña, no“, ¿por qué motivo debe ser mirado desde la perspectiva del “yo tengo y tú no”, como superioridad por parte de quien sí tiene? ¿Es que el hecho de tener siempre da superioridad? En absoluto. Siempre, no. Por ejemplo: ¿es superior (o mejor) el niño o la niña que presenta una malformación, mientras que sus compañeros/as no? ¿Es mejor tener cáncer a no tenerlo? ¿Ha de sentir una niña sin gafas envidia de un niño que sí las tiene? ¿Tendríamos que sentir nosotros envidia de una persona que poseyese tres brazos en lugar de dos? Supongo que no...

En primer lugar, si conseguimos las condiciones necesarias para que un niño o una niña nunca puedan ver las partes genitales del sexo opuesto, dudo mucho que estos vayan a pasar, sí o sí, por esa fase de “angustia” (si es chico) y “envidia” (si es chica). En el hipotético caso de que una niña no llegue a ver el órgano genital opuesto al suyo, ¿cómo van a llegar a poder sentir angustia o envidia alguna por este motivo? ¿No debería sentirse angustiada, más bien, porque su familia y la sociedad desvalorizan su órgano genital?

En segundo lugar, ¿no podría pensar la niña que el niño tiene algo anómalo, algo de más, y, por ende, sentir repulsión hacia el pene, en lugar de envidia por no poseerlo? ¿No podría pensar el niño esto mismo: que tiene algo que le sobra, en lugar que la niña está castrada; y sentir él angustia y envidia porque está “enfermo”? O mejor aún: ¿no podrían pensar, como realmente sucede, que ambos tienen algo; es decir, que el niño piense que tiene pene y testículos, y la niña piense que tiene vagina y clítoris?

Si esto se enseñase así, fácilmente podrían llegar tanto el niño y la niña a esta conclusión. Mas, en una sociedad sexista, en la cual sólo prevalece el pene, y no la vagina o el clítoris, o en la cual la gente exclama “que pene más grande y hermoso tiene mi niño”, mientras que nadie osa decir “qué clítoris más bonito tiene mi niña”, ¿cómo no van a pensar tanto el niño como la niña que el órgano genital femenino no tiene importancia?

En tercer lugar, en referencia al tema del complejo de Edipo y el complejo de Electra, si un niño o una niña no conocen, hasta bien avanzados de edad, mucho después de la edad en la cual Freud sitúa el complejo de Edipo y Electra, cómo se consuma el acto sexual, o que sus respectivos órganos genitales puedan servir como objeto de placer, ¿cómo van a desear a su padre-madre como objetos sexuales? ¿Y qué ocurre con aquellos niños y niñas que sean huérfanos/as y vivan en orfanatos? ¿Considerarán a sus cuidadores/as o a sus compañeros/as como objetos de pulsión sexual?

En cuarto lugar, hablando de la oración “el bebé viene a sustituir ese pene que le falta a la mujer”, a la que Freud hace tanta alusión, cuando un hombre desea tener un hijo o una hija (porque existen hombres que desean tener hijos/as; algunos de ellos incluso en mayor medida que ciertas mujeres), ¿qué significa: que desea tener un segundo pene? ¿Un hombre nunca puede desear, entonces, tener hijos, porque jamás “sintió envidia durante la etapa del complejo de Edipo“? ¿Qué ocurriría si al hombre se le educase para pensar que el pene no sirve nada, y que el potencial exclusivamente está en el clítoris; de repente todo hombre desearía tener un hijo o una hija como sustituto/a de ese órgano que le faltaba? ¿No podría sentir un hombre envidia porque él no puede sentir a un/a bebé dentro de su vientre, como es, sin pudor alguno a decirlo, mi caso? ¿Sólo puede desear un/a bebé la mujer, y no como deseo de tenerlo, como puede ocurrir en muchos hombres y muchas mujeres, sino, paupérrimamente, para sentirse “aliviada” de esa envidia que sufrió en su niñez? ¿Por qué existe en el hombre, pues, el Síndrome de Couvade, si es la mujer quien sentía envidia y desea al bebé-pene, y no él, de ella, por poder, entre otras cosas, parir hijos e hijas, o por poder ser multiorgásmica, gracias al clítoris? ¿Y por qué existen, pues, mujeres que no quieren ser madres en absoluto? ¿No podría ser todo este tema de los/as hijos/as debido, más bien, a que a las niñas se las educa para la crianza de los/as hijos/as, a través de sus juegos y la imitación que realiza de su madre, mientras que a los niños se les insta a ser “grandes genios”, insensibles (¡No llores, que eres un hombre!) y agresivos (¡Debes pisotear a quien se te ponga por delante si quieres llegar a ser un hombre de verdad!).

Y, en quinto lugar, para concluir esta crítica a Freud, se dice que un/a bebé siempre toma como primer "objeto a seguir" a su madre; que cuando éste/a llora, lo hace pensando, como comentan otros/as autores/as, en "quiero a mi mamá, y que venga a darme el pecho".

¿Que el bebé quiere a su mamá? ¿Desde cuando un bebé entiende, de forma innata y espontánea, que tiene madre? Un o una bebé, si llora, es porque tiene hambre, o cansancio, o porque quiere moverse, o porque está enfermo/a, etc, y reclama la ayuda y el amor de cualquier persona (como bien comenta Burton L. White, en su libro "Los tres primeros años de su hijo"); bien sea su padre, su madre, su hermano o hermana, su abuelo, su abuela, un/a cuidador/a, etc. Si realmente los/as bebés sólo deseasen a su madre y al pecho materno, jamás aceptarían tomar leche de una nodriza, y mucho menos en un biberón.

De hecho, al principio los bebés no ven si quien está con ellos es su madre, su padre, o cualquier otro ser humano, y no pueden diferenciar, pues tienen un campo de visión limitado y poco nítido. "Por el olor" pudeden decirme. De acuerdo, tengamos en cuenta el olor; empero, si nos fijamos bien, podemos darnos cuenta de que, cuando un bebé llora y acude otra persona que no es su madre a tranquilizarlo, éste o ésta se calma igualmente. ¿No debería reconocer por el olor que no es su madre? Y, aunque sea cierto que reconozca por el olor que no es su madre quien ha acudido, ¿por qué se serena? ¿No será porque le da igual si es su madre o no, sino que lo que realemnte le importa es que alguien está cuidándole?

Asimismo, en los/as bebés podemos observar un fenómeno denominado sonrisa social; es decir, los y las bebés sonrían a cualquier ser humano que se acerque a ellos/as, a fin de que les atiendan, y no importa si es su madre o cualquier otra persona; "sonríe incluso a una careta", dice mi profesor de Psicología de la Educación.

Lo que un/a bebé requiere es ser cuidado/a y que le presten atención. Quién realiza estas acciones, no les importa. Sólo quieren que exista, como mínimo, una persona junto a ellos/as (y si hay más de una persona, mejor que mejor, pues de este modo obtienen un mayor número de estímulos).

Pero, ¿qué es lo que sucede? Es sencillo. En una sociedad machista, por norma social, mientras el hombre provee, la mujer se queda en casa cuidando de los hijos. De este modo es totalmente lógico y comprensible que los bebés acaben teniendo mayor empatía por las madres que por sus padres, y que se fijen en ella en primer lugar.

Bajo mi punto de vista, Sigmund Freud, al hablar de las fases de pulsión sexual y del complejo de Edipo, trató de “adivinar” el pensamiento infantil, pero no de “descubrirlo”. Por lo tanto, desde mi punto de vista, la mayor parte (por no decir casi todo) del pensamiento freudiano no puede ser otra cosa sino un conjunto de hipótesis que deben ser comprobadas, en lugar de, como ha ocurrido y ocurre actualmente, ser afirmadas como teorías válidas y universales, sin existir prueba alguna. Y, junto a la comprobación científica y verídica de esto, creo conveniente la respuesta a todas las preguntas que he formulado a lo largo de esta crítica. Porque, para mí (y muchos otros a los cuales he leído y estudiado) el psicoanálisis, más que una ciencia surgida de la razón, consiste en una especie de dogma proveniente de la fe. Toda una religión, en la que, realizando una comparativa, el paciente es quien se confiesa, el psicoanalista es el sacerdote, "la enfermedad" es el pecado, y el inconsciente es Dios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente conjunto de ideas. Sinceramente, siempre sentí cierto desdén hacia las hipótesis de Freud. Siendo mujer me preguntaba: "Envidia... ¿De un pene?". Cuando teniendo un órgano sexual igual de funcional, puedo obtener un placer sexual tanto o mayor (por ser multiorgásmica) que un varón.
Coincido en muchas ideas, y me parece genial encontrar más personas que no se dejan enredar en teorías, simplemente porque quien lo dijo, es famoso.

Saludos.

Enrique dijo...

Gracias, Anónima.

Sólo decirte una cosa: los varones también podemos ser multiorgásmicos y obtener un placer y un orgasmo mucho mayor del que se nos cuenta.

:)

Saludos.

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