jueves, 31 de enero de 2013

La rota sexualidad masculina.

Vivimos en una sociedad patriarcal en la que los varones se encuentran por encima de las mujeres. Esta dominación masculina lleva a que muchas mujeres padezcan represiones que repercuten en su cuerpo. Por ejemplo, la imposición social de los tacones a través de la cultura crea un desequilibrio físico en las mujeres que repercute también en lo psicológico. Al no haber seguridad física, ejerce en las mujeres un efecto represivo que provoca una inseguridad psicológica.

El ámbito sexual también se ve afectado: la falta de ejercicio que fortalezca el suelo pélvico, el olvido del clítoris y la desconexión con el útero traen consigo los dolores menstruales que se achacan a un factor natural de las mujeres, cuando se debe más por cultura, por represión.

Mas ésta no es sólo femenina. También lo es masculina.

La sexualidad del varón está empequeñecida al haber sido transformada en un simple deseo de control y dominación de las mujeres a través de una única parte de su cuerpo: el falo.

Muchos varones ven el acto sexual desde un punto de vista falocentrista, coitocentrista y orgasmocentrista, lo cual, mezclado con una educación puramente racional que les lleva al destierro de lo emocional y de la expresión corporal, les impide conectar con su cuerpo al completo y disfrutar de él.

Y es que, en efecto, en el acto sexual, por educación y por cultura, el cuerpo del hombre se ve mutilado, de tal manera que sólo queda un adorado pene.

Y lo peor de todo es que nos intentan comer la cabeza con la idea de que la sexualidad masculina es así de pobre por naturaleza, que a nosotros no nos gusta sentir en el resto del cuerpo, que sólo nos gusta llegar al orgasmo y eyacular en o sobre las mujeres, que nuestro deseo sexual es constante, a todas horas, con todas las chicas, por todas partes y desde una perspectiva de superioridad basada en el "yo meto, yo saco, yo fecundo, yo soy activo, yo controlo, yo lo hago".

Aunque la sexualidad masculina es diferente en el aspecto biológico, puesto que nuestro aparato sexual es diferente al de las mujeres, en los aspectos psicológico y social no tendría, a mi parecer, por qué. Si hay diferencias se debe a la educación sexista a la que se nos somete a varones y mujeres, creando en nosotros y nosotras gustos, deseos, preocupaciones y prejuicios diferentes.

Y ya es hora de salirnos de la norma, de comenzar a disfrutarnos.

Para ello, desculturicémonos un poco:


- Un varón necesita menos tiempo que una mujer para la excitación:

A causa de la cultura, así sucede. Empero, bajo mi punto de vista, por naturaleza, esto no es tan así.

Lo que ocurre es que a los hombres nos permiten desde nuestra niñez una mayor libertad sexual, nos dan el control al hacernos pensar que "nosotros tenemos pene y las niñas no tienen nada" (lo que hace más visible y presente nuestro aparato sexual), nos machacan constantemente con imágenes excitantes casi en cada esquina de nuestra localidad (son muchos los lugares en donde un varón puede ver mujeres casi en cuero, mientras que varones mostrados como objetos sexuales son más difíciles de ver por la calle) y para colmo nos hacen pensar que la presencia del deseo sexual debe ser incesante en los varones (de no ser así, se tiene un trastorno psicológico).

Un rasgo de excitación en los hombres es la idea de que su cuerpo es una máquina sexual. En los hombres reside el sexo, siendo dadores del mismo a las mujeres. Su erótica es visible constantemente.

Como dice Simone de Beauvoir en El segundo sexo:

"El destino anatómico y las costumbres confieren al hombre, de consuno, el papel de iniciador. Sin duda, al lado del joven virgen la primera amante es también una iniciadora; pero él posee una autonomía erótica que manifiesta claramente la erección; su amante no hace sino entregarle en su realidad el objeto que ya codiciaba: un cuerpo de mujer. La joven necesita al hombre para que su propio cuerpo le sea revelado: su dependencia es mucho más profunda".

Todo esto, obviamente, despierta el deseo sexual en los hombres.

Si además le sumamos que nos hacen pensar el dogma "pene en erección - hombre listo para pasar a la acción", no es de extrañar que se opine que nuestra excitación sea más rápida y simple.

Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. Que el pene esté en erección y listo para consumar el acto sexual con penetración-absorción, no significa que un hombre esté totalmente excitado. Un ejemplo se da muchas mañanas, al despertar. ¿Cuántas veces despertamos con el pene en erección, pero estamos tan cansados que no tenemos ninguna gana de hacer nada?

Por otro lado, se esperase más tiempo, si no se tuviese presente la única idea de estar dentro de una vagina, un hombre podría notar cómo al cabo del tiempo su pene se vuelve aún más duro y su deseo y disfrute aumentan. Esto se debe no sólo a que se genera, por así decirlo, "más energía" en nuestro interior, sino que además, si no buscamos la meta coitocentrista, nos estaremos desculturizando de un dogma que nos permitirá potenciar nuestro placer.


- Los hombres sólo sienten por su pene y durante el orgasmo:

A priori puede parecer que sí, dado que muchos quieren ir "tan deprisa" (lo pongo entre comillas porque no hay una velocidad fija, más que la que la pareja desea, pero sí es cierto que la que suelen tomar algunos hombres no da ni para cuatro besos) que sólo quieren que les toquen el falo. Además, la educación emocional de los varones está tan empequeñecida, que pareciera que muchos sólo sienten durante el orgasmo, el único momento en el que hacen algún ruido y algún gesto que demuestre su placer.

Pero este problema viene a raíz de:

1- Los padres y/o las madres dan menos caricias, besos y mimos a los niños que a las niñas, lo que desarrolla en menor proporción el sistema nervioso que les lleva a sentir en el resto de su cuerpo.

2- La pornografía está dando una imagen opresiva sexualmente para varones y mujeres. En los varones repercute en potenciar la visión coito-falo-orgasmocentrista, y la de dominación y utilización de las mujeres, además de que promueve prácticas sexuales poco placenteras como la de meter un brazo por el ano de la mujer. ¿Qué placer sensorial puede proporcionar eso en ambos sexos? Sin embargo, sí lleva a un tipo de placer en los varones: el de sentirse poderosos y controladores a su antojo del cuerpo femenino (esto sirve de ejemplo de que el placer de los hombres se ha visto reducido a la dominación, en lugar de centrarse en el contacto con el cuerpo y con el interior).

3- El mito de que sólo gimen las mujeres. Si un hombre gime, muestra placer, grita o hace alguna otra expresión, se considera que es un afeminado, que "chilla y goza como una mujer". Y como ya sabemos, la no expresión de los sentimientos repercute negativamente en el organismo.

4- La masturbación de muchos busca un rápido orgasmo, nada más. Y a veces es utilizada no por placer, sino sólo como una forma rápida de descargar tensiones. Cuando hablo con algunos chicos, muchos me dicen que se ponen un vídeo pornográfico o una revista delante, se agarran el  pene y empiezan a masturbarse rápidamente hasta alcanzar el orgasmo. Y ahí se acaba todo. ¿Por qué no mejor pararse a explorar cada nervio de nuestro cuerpo? ¿Por qué no acariciarse por todos los rincones, lentamente, estimulando y dejándose sentir, en lugar de ir sólo a soltar espermatozoides?

Según Alicia Gallotti, en su libro Sexo y tantra, la forma en que se respira, las espectativas y la carga de mayor o menor "energía", influyen en el placer y en el tipo de orgasmo. Entonces, ¿no sería mejor que los varones tratasen de ser un poco más "femeninos" con su propio cuerpo para poder mejorar su disfrute y su orgasmo? 


- La excitación masculina es exclusivamente visual:

Como dije anteriormente, nos bombardean constantemente con imágenes sensuales y excitantes. Imágenes que van asociadas con la asociación del poder. Por ejemplo, cuando en una pareja heterosexual la chica se echa un perfume, el novio suele asociarlo a "se lo echa para oler bien ante la gente". Sin embargo, si se arregla, el chico tiende a asociarlo a un "se viste para mí (y si no lo hace para mí, es una guarra)".

A esto hay que sumarle que los hombres reciben una educación que entrena mayoritariamente el área visual mediante una mayor libertad espacio-temporal.

No obstante, muchas son las cosas que pueden excitar al hombre. Las caricias, los susurros, los "te amo", un olor, pueden funcionar bien.

Alguien puede decir que no es así, que las chicas se excitan por el oído y los hombres por la vista.

Sin embargo, he aquí una prueba de cuándo los hombres se excitan por el oído: cuando una mujer dice "házmelo", en lugar de "¿lo hacemos?"; cuando dice "penétrame", en vez de "¿te absorbo?", o "soy toda tuya". Estas expresiones hacen que un varón con una cultura patriarcal arraigada pueda excitarse a través del oído, en tanto que someten a la mujer en un puesto de inferioridad y sumisión, en donde él es activo y controlador. 

Si un hombre se desculturaliza del deseo de una rápida posesión, más fácil le será la excitación a través del oído y el resto de sus sentidos de forma sana y placentera.


- "El problema no es nuestro, sino de las mujeres, que son muy exigentes":

Muchas mujeres, gracias a la apertura del mundo a la sexualidad, y gracias a una educación emocional más abierta que tienen, no sienten ningún pudor a la hora de pedir a los hombres que el sexo no se quede en la simple concepción de un/a bebé. 

Antaño, por mandato eclesiástico, bastaba con copular sin necesidad de besarse, acariciarse y prolongar el acto sexual. Hoy día, sin embargo, no muchas mujeres de nuestra cultura se levantarían una falda diciendo "házmelo", y tras un minuto de doloroso sexo al no haberse lubricado, mostrarían una plácida sonrisa.

Puede decirse que a pesar de que son muchas quienes fingen todavía, las mujeres actuales quieren "algo más".

Y ante este panorama, la solución de muchos hombres, especialmente los masculinistas, al basar su sexualidad en el alcance de un rápido orgasmo, ha sido pensar que "el problema no es nuestro, sino de las mujeres, que son muy exigentes".

En efecto, ocurre que muchos varones siguen pensando que "un chico sólo quiere llegar rápido al orgasmo y nada más y pedirle algo más en la cama es destrozar su sexualidad", en lugar de pararse a pensar y preguntarse: "¿podría yo llegar a tanto como ella?" y tratar de potenciar su placer. Asimismo, hay quienes incluso critican el concepto de "eyaculación precoz" porque lo ven como un modo de dominación femenina, que riduculiza al "macho que no está a su alcance".

No voy a comentar si habría que eliminar o no el concepto de eyaculación precoz, pero sí voy a formular una pregunta a quienes piensan que "la eyaculación precoz no existe y que es natural que se dure unos segundos": ¿No sería mejor, aunque fuese lo más natural del mundo, aprovechar que podemos deshacernos de la naturaleza gracias a la cultura y hacer uso de los conocimientos sobre la sexualidad para que un varón pueda disfrutar más que efímeros segundos? No se trata de retener por el bien del disfrute de las mujeres... ¡Se trata del placer masculino!

Al mismo tiempo, en esto influye, como se muestra en este fabuloso artículo de la revista Píkara Magazine, la tendencia de las personas a pensar que la responsabilidad a la hora de hacer el amor es del varón (por ejemplo, se piensa que él es quien hace el amor y no la pareja en conjunto), provoca una serie de tensiones y metas entre algunos hombres que dificultan su gozo.


- La energía se encuentra sólo en el interior de las mujeres:

Muchos estudios se orientan al estudio del aparato sexual femenino. Clítoris, vulva, útero... Un compendio de estudios encaminados a abrir las puertas de la sexualidad femenina, liberando, como se dice, "su energía interior".

Una energía que también poseemos los hombres, pero que no se tiene en cuenta.

Los hombres, al igual que las mujeres, tenemos testosterona y un aparato circulatorio. Cuando esa hormona y la sangre recorren nuestro cuerpo, la presión arterial aumenta, la temperatura corporal asciende y los nervios se activan.

Masajes, caricias, besos... pueden liberar "esa energía" hasta hacernos enloquecer.

Además, podemos conectar con nuestro interior.

Si nos dejamos sentir y nos concentramos, podemos notar que antes de llegar al orgasmo el placer va en aumento; un placer que puede sentirse desde el pene, los testículos, la próstata y los tubos seminíferos hasta la cabeza, y que lleva un compendio de espasmos que hacen perder el control. Ahí reside la conexión con nuestro interior y el dominio de nuestro placer.

Podemos alargar la relación sin tener que parar brusca y fuertemente justo antes de llegar. Esto crea mucha angustia y frustración. Un truco para hacerlo bien es explorarse y dejarse sentir hasta llegar a aprender cuándo vamos a llegar. En ese momento, si amainamos la velocidad, si el movimiento es suave y ligero, podremos notar cómo esa sensación de llegar vuelve hacia atrás sin notar esa frustración que se tiene al hacerlo bruscamente. Al hacer esto, nos recargaremos de deseo. Las ganas del orgasmo serán más fuertes, nos excitaremos más y además tendremos más placer. 

El propio Tantra recomienda contraerse del orgasmo diez o doce veces. Lo apropiado, claro está, es hacerlo hasta cuando el cuerpo lo pida.


- La paternidad frustra nuestra sexualidad:

Como nuestra educación nos lleva a anteponer el poder y el proveer antes que nuestros hijos y nuestras hijas, haciéndonos pensar que no somos buenos por naturaleza para la crianza y que por tanto es mejor dejar esta función a las madres, nuestro cuerpo no cambia con la paternidad.

Un padre que no se implica en la crianza, seguirá produciendo testosterona y seguirá teniendo deseo sexual. Esto hace que si nosotros lo tenemos y nuestra pareja, que recientemente ha dado a luz, no, podremos sentir frustración al haber una falta de relaciones sexuales.

Sin embargo, está demostrado que un hombre que se implica en el cuidado de sus hijos e hijas, ve disminuida la cantidad de testosterona producida, y en su lugar produce niveles similares de oxitocina que la madre.

Por ende, si los varones nos implicamos en la crianza, podremos cambiar esa sexualidad que busca la concepción, por un vínculo padre-bebé que traerá consigo una serie de nuevas sensaciones y nuevos sentimientos, y un reencuentro con nuestra paternidad y nuestro cuerpo.

El paso fundamental para recuperar la sexualidad masculina que el patriarcado, al igual que a la femenina, ha roto, hemos ante todo liberar a las mujeres de la dominación de los varones; dominación que también nos apresa a nosotros.


- "El placer del varón es más débil que el de la mujer. Ni siquiera son multiorgásmicos":

Nada más lejos de la realidad. El varón puede ir también, gradualmente, aumentando el nivel de excitación y de sensación en su cuerpo. Como ya he dicho antes, lo fundamental es no tener una mentalidad orgasmocentrista, lo cual pasa por controlar la respiración, desear explorar todo el cuerpo, etc.

Asimismo, conviene decir que, como expresa Matak Chia en su libro El hombre multiorgásmico, los hombres pueden tener más de un orgasmo antes de eyacular. Matak Chia nos cuenta que:

"Para hacerte multiorgásmico, debes aprender (o quizá reaprender) a separar entre las distintas sensaciones de la excitación y a disfrutar del orgasmo sin traspasar la cima de la eyaculación. Entender que el orgasmo y la eyaculación son dos cosas diferentes te ayudará a distinguirlas en tu cuerpo".

Pues sí, no es lo mismo eyacular que llegar al orgasmo. A veces se puede eyacular sin haber llegado, pero el placer de la eyaculación hace confundir esto. Y, por supuesto, también puede acontecer al revés: que se llegue al orgasmo sin haber tenido una eyaculación.

Para saber más sobre esto, recomiendo hacer click aquí, en donde dejo el libro citado en formato digital.


Como conclusión y a modo de ejemplo para que pueda comprenderse fácilmente, la sexualidad, bajo mi punto de vista, debe asemejarse a un abrazo y no a un aprisionamiento. Si nos abrazamos, podremos sentir el calor, el olor y el dulce contacto con las personas con quien nos unimos. Sin embargo, si nos aprisionamos, sentiremos dolor, del mismo modo que cuando asimos muy fuertemente un lápiz en nuestra mano terminamos por hacernos daño. El lápiz no se nos va a escapar, va a ser nuestro, lo vamos a dominar... pero el hecho de agarrarlo fuertemente acaba por dañarnos.

Y es que, como decía Simone de Beauvoir:

"La mujer pesa tanto sobre el hombre, porque se le prohibe descansar sobre sí misma: el hombre se liberará al liberarla, es decir, al darle algo que hacer en este mundo".

Si nos olvidamos del deseo de posesión y nos centramos en nuestra sexualidad, no sólo las mujeres serán libres, sino que nosotros los varones, junto a nuestra nueva y positiva sexualidad, también.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

magnifiques soumettre, très instructif. Je me demandais pourquoi les experts opposé de ce secteur ne remarquent pas cela. Vous devez continuer votre écriture. Je suis sûr, educacion-enrique.blogspot.ru ont une base de lecteurs énorme »déjà!

Anónimo dijo...

El articulo de pikara es un poco malo y algo desconsiderado, es cierto que los hombres por su educación pornográfica no se preocupan por el placer femenino y que las mujeres tienen miedo decir lo que les gusta a su pareja o ligue por miedo a que nos traten de guarras y cosas por el estilo, a mi me ha pasado, gracias a que ya salgo con otro tipo de hombres. Así que no es mentira ni un mito que la mayoría de hombres son egoístas sexuales, y que piensas que para la mujer es placentero el coito repetitivo y de mala calidad al que están acostumbrados por el porno, revistas eróticas y todo la literatura orientada a ellos, y si no te gusta es que eres una frígida. Además separan entre esta “la guarra” para follar y aquella “modosita” para pareja, y cosas por estilo, esto hace que no nos atrevamos a decirles lo que nos gusta o no, ni saber si tenemos que agradarlos, hasta donde podemos hacer para no ser considerada ni guarra, ni mala novia, etc. Esa inseguridad hace que las mujeres no nos atrevamos a decirle a un hombre que nos agrada o no, o a desinhibirnos, lo sé porque lo he vivido. Por no mencionar los que cuando están con una chica se lo cuentan a todo el barrio. Todo ese miedo crea esa costra que perjudica a las relaciones sexuales heterosexuales, y supongo que a los hombres que desean de verdad hacer disfrutar a su pareja.
En fin una oleada de frustración para tod-s.

Como no hay educación sexual de calidad para tod-s, me parece que va a pasar mucho tiempo para que cambien estas cosas, por no hablar de una clase de feminismo autodenominado pro sex, queer y todo ese rollo que en mi opinión estanca la lucha por la liberación de los sexos y perpetua el patriarcado.

Veo que tú eres de los que deas otro tipo de relaciones y sexualidad, eso esta bien, a ver si vamos sumando más personas....porque lo veo negro....

Anónimo dijo...

Se me olvidaba

Un padre que no se implica en la crianza, seguirá produciendo testosterona y seguirá teniendo deseo sexual.

No me lo creo, esa relación testosterona con sexualidad, yo soy una mujer súper sexual y tengo la testosterona baja. Creo que tiene más que ver con el sistema nervioso eso de las ganas de tener sexo.

Enrique dijo...

Es cierto, Anónimo/a, que muchos varones son egoístas a la hora de tener relaciones sexuales, y que persiguen una sexualidad similar a la de la pornografía, pero también tiene razón, a mi parecer, el artículo de Píkara Magazine, pues el machismo es algo que se nos inculca tanto a chicos como a chicas, y por ende también muchas de ellas tienden a presentar conductas muy pasivas y a echar toda la culpa al hombre. Hay de todo en esta vida...

En cuanto a lo de la testosterona, muchos estudios actuales demuestran que no es verdad que la testosterona en sí misma es la que lleva a ciertos comportamientos, sino que es el propio ambiente el que hace variar la cantidad de hormonas que producimos. Por lo tanto, sí puede descender la libido cuando se es padre / madre, pero claro, tampoco es que se vaya a convertir el hombre en un muerto sexual :P

Y bueno, tengo entendido que no a todo el mundo le influyen las hormonas por igual. Puedes tener menos cantidad y te afecta como si tuvieses mucha, o al revés. Tratar de explicar las cosas con hormonas, para mí es una estupidez. Pero como estoy cansadísimo de esas mujeres que se creen súper-madres y lo mejorcito para el bebé, y tratan de "expulsar" al padre, pues procuro buscar de vez en cuando estudios científicos que tiran por la borda sus argumentos.

Saludos.

mamisepa dijo...

@ Enrique y Anónima: aparte de lo mencionado por Enrique sobre las hormonas, ocurre otra cosa. Y es que cuidando de un bebé "con ganas", acabas hecho una piltrafa. No es que no "tengas ganas" por las hormonas, de hecho sí "tienes ganas", lo que no tienes es energía, porque lo que más quieres en el mundo es descansar y dormir.

Justamente hace poco, en otro foro de internet, se hablaba de este tema, y una chica comentaba que un amigo suyo se hizo cargo de toda la crianza del bebé y de las tareas de la casa. No sé si ella tuvo depresión post-parto o es que era muy pasota. Pero el caso es que el chico decía que acababa tan reventado, que aunque las hormonas le "diesen ganas", él pasaba de todo y sólo quería descansar. Y ella en cambio sí tenía ganas, y se encontraba algo decepcionada porque él no le daba lo que ella necesitaba.

En fin, una explicación mucho más mundana, como pasa con tantas y tantas cosas, y es que si estás cansado y no has dormido, no tienes tantas ganas de follar. O sí las tienes, pero te acaba dando igual; no has empezado a pensar en ello y ya te has quedado dormid@.

Claro, a muchos les interesa más decir que son cosas de hormonas, así con la excusa se escaquean y no cuidan a su hijo, y de paso encuentran excusa para durante ese tiempo tener una amante, porque "mi mujer no me da lo que quiero".

Oye, y qué triste eso que dices de los hombres que siguen considerando "la puta para la calle, y la virgen para casa", con otras palabras pero es lo que has venido a decir. Anda que, en pleno siglo XXI, y yo creía que esos orangutanes ya estaban extinguidos, pues ya veo que no.

Saludos

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...