miércoles, 19 de junio de 2013

Los piropos también atentan contra la reputación y la sexualidad masculina.

"Salgo de mi casa, camino por la calle. Paso delante de una obra, estoy obligada a camiar entre tres o cuatro obreros. Todos, sin excepción, me hacen algún tipo de comentario. "Hola bomboncito...", "Mamita qué buena que estás...", "Ay Dios mío...".

Sigo mi camino. Me cruzo con dos tipos que vienen enfrente. Uno de ellos habla con el otro: "Entonces le dije a mi jefe...". Se interrumpe un segundo, se da vuelta hacia mí, dice de manera automática: "Hola muñeca..." y como si nada, sigue contando: "... le dije que no podía ser, que ese laburo no lo podía hacer...".

Éstas son algunas de las tonterías que las mujeres, como Basta de sexismo cuenta en esta entrada, tienen que aguantar cuando salen a la calle.

Los piropos pueden ir desde más "elegantes", como "hola, preciosa" o "qué guapa eres", hasta más brutos, como "chúpamela entera" o "te reventaría con mi polla". Y sean como sean, siempre resultan desagradables (a menos que la mujer que lo recibe dependa de la mirada y la aprobación de los varones). No resulta nada bonito que te miren constantemente por todos los rincones, como si te estuviesen vigilando, o que te comenten por todas partes si les pareces una persona guapa o fea sin que tú hayas pedido opinión alguna.

No sé, a nadie se le ocurre ir por la calle diciéndole a todo el mundo la hora sin que se la hayan preguntado...

Pero, curiosamente, los piropos no solo afectan a esas pobres mujeres que tienen que aguantar estupideces e ir con miedo por la calle. Los piropos, de un modo indirecto, también afectan a los varones. Y esto ocurre en dos puntos: en su reputación y en su sexualidad.

- En la reputación masculina:

Me despido de mi amada, de mis amigos y mis amigas, y me dirijo a mi casa. Es de noche y en el trayecto, delante de mí, en una calle vacía y oscura, camina una chica aproximadamente de mi edad. Ella echa la vista hacia atrás. Yo sigo mi camino. Ella vuelve a mirar y se echa hacia un lado. Vuelve a mirar y acelera el paso. Yo me doy cuenta de que piensa que puedo ser un peligro para ella y decido cambiar de acera para que vaya tranquila, en señal de que no quiero hacerle daño.

Ésta es una situación que he vivido en más de una ocasión. Las mujeres salen con miedo a la calle. Y los piropos no ayudan. Aunque reza el refrán que del dicho al hecho hay mucho trecho, lo cierto es que escuchar en cada esquina o acera un "te voy a reventar a pollazos", o "te haría de todo", o "chúpamela", a cualquier persona la mantendría en situación de alerta. Desde luego, alguien que te dice eso, es un peligro en potencia. Y si escuchas frases similares todos los días de tu vida, sumándole que a las mujeres les enseñan que no deben estar nunca con un hombre a solas (lo cual presupone que todos somos violadores), no es de extrañar que la reputación de los hombres quede por los suelos, que se desconfíe fácilmente de ellos, y que cuando una mujer camina sola por la calle muy tarde y se encuentra junto a un varón de repente, piense que puede hacerla daño, que presuponga que pueda ser un peligro.

- En la sexualidad:

Todos aquellos piropos que hacen mención del pene como arma, como herramienta para provocar dolor o como medio de sometimiento a las mujeres, producen, en mi opinión, inconscientemente, un efecto negativo hacia la sexualidad masculina.

Por ejemplo, si con el "chúpamela" se visualiza que las mujeres que hacen felaciones son unas dejadas, unas sucias, o se asemeja la felación a un acto de violación, al final las mujeres, bajo mi punto de vista, se sentirán mal si realizan esta práctica, con lo cual las prácticas sexuales que proporcionan placer a los varones se ven limitadas. 

De hecho, conozco a gente que ya considera el cunilingus como un acto de hombría, mientras que la felación la tienen estigmatizada, considerándola como una práctica de prostitutas.

Conclusión:

El piropo perjudica directamente a las mujeres, a quienes las subyuga bajo el terror y les proporciona la idea de que el espacio público yace bajo el dominio masculino; y también afecta negativamente a los varones de un modo indirecto, dando la falsa idea de que todos son peligrosos en potencia y atacando a su sexualidad.

Así pues, macho alfa que vas de chulo por la calle, si el argumento de que las mujeres no necesitan tu opinión, si el argumento de que las molestas, no te convence, al menos mira un poco por ti, aparca tu masculinidad a un lado y contribuye a hacer que este mundo sea más agradable tanto para las chicas como para los chicos... dejando la boca bien cerrada.

2 comentarios:

Asterix dijo...

Como hombre, siempre me ha fastidiado que otros varones hablen de la sexualidad masculina como si rebajara a la mujer. ¿No sería más beneficioso lo contrario (o al menos no hacer esto)? Buena entrada.

Enrique dijo...

Desde luego que sí, Asterix.

Estoy iniciando una entrada para la autora de otro blog sobre cómo se suele emplear el pene como arma o herramienta de dominación. Así con ello dejo ésta más extensa. Cuando la termine te la paso, pues imagino que temas así, tan en relación con los varones, te interesarán.

Saludos.

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