viernes, 17 de enero de 2014

Liberar la maternidad de la esclavitud.

Una de las fuertes críticas al feminismo es que este movimiento dice que la maternidad es una forma de esclavitud.

Cada vez que una feminista afirma esto, mucha gente se echa las manos a la cabeza y empieza a gritar "¡Histérica, mala madre; los hijos y las hijas no esclavizan a nadie!".

Queda claro que no entienden a qué nos referimos los y las feministas cuando decimos que la maternidad, en nuestras sociedades, es una forma de esclavitud.

Así pues, se hace necesario aclararlo:

El feminismo no dice que la maternidad en sí misma es una esclavitud. El feminismo no está en contra de la maternidad. Lo que viene a señalar el feminismo es que la maternidad les ha sido robada a las mujeres; que en la sociedad patriarcal, la maternidad se ha convertido en una esclavitud, y que es necesario liberar este rol para que las mujeres puedan ejercerlo con gusto, sin presión, en completa paz y armonía con las criaturas.

Es decir, el feminismo no es un movimiento anti-niños y niñas; no odia a la infancia y no la ve como un sector opresor para la mujer. El feminismo, justamente, es todo lo contrario: un movimiento paidocentrista preocupado por los niños y las niñas que, al luchar contra la sociedad patriarcal, no solo contribuye a la liberación femenina, sino que también a la liberación de las personas no adultas.

El feminismo no busca que deje de haber madres, que todas las mujeres se extirpen los ovarios o asesinen a sus hijos e hijas nada más nacer para ser mujeres liberadas. El feminismo lo que quiere es que las mujeres no tengan la obligación de ser, sí o sí, madres, y que puedan decidir tanto serlo como no serlo, así como que los roles de cuidado, crianza, enseñanza y educación sean valorados, y con ello, por supuesto, que la maternidad sea vista como una labor sumamente importante para la sociedad.

El problema que señala el feminismo es que en la sociedad patriarcal, la maternidad ha tenido tan poco valor que no se ha visto a las madres como mujeres que son madres, ni a las gestantes y parturientas como a seres humanos. La imagen que el patriarcado ha dado de las mujeres sin hijos e hijas ha sido la de simples vaginas con patas violables y accesibles en cualquier momento para todo varón; a las mujeres en periodo de gestación, como simples incubadoras andantes que carecen de completo valor; y a las parturientas como inútiles incapaces de llevar a cabo una función para la cual el cuerpo de las hembras humanas está naturalmente preparado.

Asimismo, el feminismo señala que a las mujeres le han mareado la perdiz cuando y como han querido. Unas veces se les dice que mejor vayan a trabajar; otras, que se queden en casa; luego se les vuelve a mandar a la fábrica; seguidamente se les pide que mejor permanezcan en sus hogares; otras veces les cuentan que la leche materna es lo peor; otras veces, que es lo mejor y han de dar el pecho sí o sí, siempre, aunque les produzca desmayos, etc. 

Y es que, tal y como señalé en otra entrada, además de haber una minusvaloración de la maternidad y los procesos de crianza, existe a su vez una gran diferencia entre las responsabilidades obligatorias que los varones como padres tienen, y las que tienen las mujeres como madres.

Para el padre a duras penas parece no haber apenas obligaciones. Con que traiga algo de dinero a casa ya se le ve como un buen padre. Sin embargo, para las madres existe una fuerte presión social que les genera miedo, culpa y angustia. ¿Que surge la gripe porcina? Pues ella se encarga de cuidar de la criatura y él se quita el chip de padre al ir a trabajar. ¿Que llega el verano y hay que echar protección solar a los hijos y las hijas para que no se quemen la piel? Pues nada, ya se encargan los medios de comunicación de recordarnos que esa tarea les incumbe a ellas y solamente a ellas, que el padre se puede ir a tomar unas cañas al bar. ¿Que la criatura desarrolla un problema? La culpa es de la madre; siempre de la madre. ¿Que hay que limpiarle al bebé el culo cuando hace caca? Pues no dudéis en comprar unas súper toallitas que están pensadas para... ¡mamás! (es que al padre le deben de dar alergia las toallitas; o quizá el culo de su hijo o hija, no lo sé). ¿Que va nacer un niño o una niña y hay que volcarse en su crianza? No hay problema: ya ella será quien deje los estudios y/o su trabajo, y él seguirá adelante cumpliendo sus sueños. ¿Que el feminismo se queja de la reproducción del machismo? Todo aclarado: pronto vendrán machistas y neo-machistas a decir que la culpa únicamente es de las mujeres, porque ellas educan a los hijos y las hijas.

La maternidad ha sido apoderada por el patriarcado a lo largo de la historia, decidiéndose por ellas si tenían que tener o no hijos e hijas, cuándo, cómo (dentro del matrimonio y sin sentir placer sexual), con quién...; hasta el punto de llegar a decidir si han de dar el pecho o no, cuándo, hasta cuando, cómo, cuántas veces, dónde (no olvidemos que actualmente llega a estar condenado dar de mamar en la calle); si deben portear o no; que han de contentarse con ceder la custodia compartida automática aunque solo ellas lo hayan dado todo por los hijos y las hijas; que no tendrían que divorciarse en caso de padecer malos tratos para no perjudicar a las criaturas; que si denuncian son unas brujas mentirosas que cometen un falso e inexistente Síndrome de Alienación Parental; si han de estar solo en casa o ser unas súper mamás capaces, como siempre, de ejercer la doble jornada, al mismo tiempo que se comen el mundo cuando salen a trabajar y son las empresarias más grandes y maravillosas del mundo (y ellas solas, que eso de la crianza compartida no puede mencionarse); etc, etc, etc.

¿Es que acaso así se puede ser madre decentemente? ¿Acaso alguien puede dudar que la maternidad les ha sido robada a lo largo de la historia a las mujeres y que han sido rebajadas a la condición de esclavas de la sociedad?

No, señoras y señores; el feminismo no dice que la maternidad en sí misma es una esclavitud. El feminismo nos muestra cómo a raíz del sistema patriarcal ésta ha sido convertida en una forma de esclavitud más, en donde las mujeres no tienen ni voz ni voto, en donde cualquiera decide por ellas cómo, cuándo, con quién y por qué ser (o no ser) madres.

El feminismo lo que busca es resucitar la maternidad, liberarla, darle el valor y la posición que se merece. Pero hacerlo de verdad, y no al estilo machista, no al estilo de la dictadura franquista en España, en la cual la maternidad fue exaltada solo para decidir mantener a las mujeres dependientes de los varones, para hacerlas permanecer en sus hogares al servicio de sus maridos, trayendo tantas criaturas como Dios quisiese y proporcionando la educación que el Régimen establecía.

Es decir, el valor que el feminismo quiere para la maternidad es un valor auténtico, por el cual la maternidad no sea ni sacralizada ni demonizada; una maternidad que pueda ser decidida llevarse a cabo o no; una maternidad en la cual las mujeres sean vistas como personas y no como úteros andantes; una maternidad en la que ellas cuenten y tengan voz y voto sobre sus cuerpos y vidas; una maternidad sin ayatolás ni pontífices que se dediquen a culpabilizar constantemente a las madres por todo, ¡todo!, cuanto hacen; una maternidad con unos padres y una sociedad que se decidan a volcarse en el cuidado, la crianza, la enseñanza y la educación de unos hijos y unas hijas que, además del futuro, son el presente; una maternidad en la que no haya que parir entre torturas y dolor; una maternidad sana y corresponsable con la paternidad; una maternidad que pueda ser vivida y disfrutada al cien por cien por las mujeres; una maternidad que se vea como un trabajo; una maternidad en la que no sean ellas las únicas y exclusivas causantes de todo mal; una maternidad que haga disfrutar de su sexualidad a las mujeres; y en definitiva, una maternidad libre.

Y ahora que ya conoces esto, ¿piensas seguir criticando al feminismo por perseguir estos derechos?


No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...