lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Por qué los varones "fracasan" más académicamente?

Me disgusta el concepto de fracaso escolar o académico. Da la sensación de que todo el mundo tiene que saber lo mismo y que sino conoces lo que la sociedad espera que sepas, has fracasado. Además, hace entender que el problema principal reside en el alumnado, sin necesidad de cuestionar el sistema educativo, los modelos familiares, la metodología docente empleada, etc.

Pero está de moda hablar de fracaso escolar. La tasa de abandono temprano y la obtención o no del título de Educación Secundaria Obligatoria son indicadores que se usan en los textos para medir el rendimiento académico de un país. Así que toca hablar de ello.

Como ya nos vienen machacando, el fracaso académico es un tema preocupante en España y otras naciones. Pero sobre todo, es un problema que afecta más a chicos que a chicas.

Ahora bien, ¿por qué ocurre esto? Vamos a verlo dividido por ámbitos: trabajo, familia y escuela. Los tres factores ofrecen argumentos que nos permiten ver por qué hay una mayor tasa de abandono temprano en chicos que en chicas. 


1- Trabajo:

Al parecer, los varones, estudiando lo mismo que las mujeres, e incluso menos, tienen más posibilidades de hallar empleo que éstas. Y además, ganan más. Y esto los adolescentes lo saben. Por ende, si van a conseguir lo mismo o más haciendo menos... eligen el camino más fácil y sencillo, y deja de estudiar para irse a trabajar.

El coste de oportunidad es distinto en mujeres. Ellas necesitan formarse mucho más que ellos para encontrar un trabajo y ganar más (y en muchas ocasiones, a pesar de su esfuerzo, acaban igualmente de amas de casa, al ser despedidas por haber quedado en periodo de gestación).

Un ejemplo reciente reside en el IBM, en donde se ha pillado a dos ejecutivos afirmando que no contratan a chicas jóvenes "porque se quedan embarazadas una y otra vez".

Esta situación discriminadora motiva a las mujeres a estudiar más para no quedarse atrás.


2- Familia:

Como ya vimos en otra entrada, la familia es un foco de reproducción de desigualdad entre los sexos. Las hijas y los hijos toman a los padres y/o las madres como modelos de referencia, asociando actitudes, roles, etc, a un género u otro e identificándose con los mismos.

Y resulta que los padres cuidan menos de los hijos y las hijas y se implican menos en el hogar que las madres, de tal manera que los hijos asocian ser varón con trabajar fuera de casa y ser mujer con hacerse cargo del cuidado de las criaturas.

Estos modelos divididos, absorbidos por las niñas y los niños, tiene su eco más adelante, repercutiendo en que los niños optan por abandonar antas los estudios para llevar a cabo la función que les define como varones: dedicarse al trabajo extra-doméstico.

Por otro lado, hoy día se sigue pensando que los niños son más fuertes y duros que las niñas, y, en consecuencia, que necesitan menos ayuda para resolver los problemas, de tal modo que se les da más libertad a los chicos que a las chicas, atendiéndoseles menos y proporcionándoseles una menor ayuda con los deberes o en el desempeño de otras tareas.

Se les da más mimos, más besos, más caricias, más cuidados, más atención... a las hijas que a los hijos; y se les brinda una mayor autonomía, mayor libertad, mayor capacidad de decisión... a los hijos que a las hijas, lo que se traduce en que las madres y/o los padres estén más pendientes de las amistades, los horarios y los estudios de las hijas que de los hijos.

Si a esto le unimos que las condiciones precarias de trabajo hacen que las madres y los padres tengan cada vez menos tiempo para atender a las criaturas...


3- La escuela:

En la escuela, diversos son los factores que repercuten negativamente en el rendimiento académico de los chicos.

Por un lado, la educación está masculinizada, eclipsándose por lo general los logros femeninos y mostrándose los estereotipos (baste recordar que en España, en Filosofía de 2º de Bachillerato de estudia a 12 autores y ninguna autora; que el masculino genérico en el lenguaje nos habla de los abades que reproducían libros a mano pero no de las abadesas que lo hacían; o que se hable de los varones que luchaban en coliseos, que se utilizaban como esclavos o que iban a la guerra, pero nunca de las mujeres gladiadoras, de las que fueron a la guerra -tanto como luchadoras como para servir de trozo de carne- y de las esclavas).

No es raro, por este motivo, encontrar sexismo en los manuales de texto, en los cuales se representa a las mujeres básica y principalmente como amas del hogar y cuidadoras de las criaturas, y a los varones como proveedores.

Como ya hemos visto con anterioridad, esto en realidad no ha sido así. Las mujeres siempre han trabajado, tanto dentro como fuera del hogar, pero dado que la escuela transmite valores y contenidos desde un punto de vista masculino, machismo no falta.

A través de esta imagen distorsionada, irreal y desvalorizadora del trabajo desempeñado por las mujeres, se transmite a los niños y las niñas la división de los roles, dándoles a entender que las niñas deben aprender para saber llevar el hogar, y que los niños tienen que terminar trabajando fuera de casa.

Por otro lado, existe una mala preparación del profesorado en materia de género. Muchos y muchas docentes no saben cómo abordar la coeducación; es más, muchas y muchos no son conscientes del sistema patriarcal en el que vivimos, y que sus actitudes, lo que dicen en las clases, el clima del aula... son focos potenciales de transmisión del sexismo.

También influye que en Educación Infantil hay más maestras que maestros, lo cual reproduce la idea de que los cuidados pertenecen a las mujeres y no a los varones.

Asimismo, se toman pocas medidas ante la apropiación del espacio que ejercen los niños. Se sabe que la mayor parte del patio, a la hora del recreo, está apoderada por los chicos. Las pistas de fútbol y baloncesto y ciertos areneros, son propiedad masculina. Las niñas se ven obligadas a utilizar rincones o otros lugares del patio de la escuela. Así se fortalece la idea de que el espacio público (lo de fuera) es propiedad masculina, mientras que el interior (la casa) es el lugar donde debe residir una mujer; además de la idea de que el chico que no es capaz de desempeñar las tareas socialmente consideradas como masculinas, ha de quedarse relegado a un lado, junto a las chicas, que son "lo otro", el "ente inferior y apartado".

Por eso apoyo plenamente medidas de discriminación positiva como la que llevó  a cabo el Gobierno Vasco, por la cual se determinó que ciertos días de la semana no se podría utilizar las pistas para jugar al fútbol, y de este modo darle espacio a las chicas en general y a aquellos niños a los que no les gusta este deporte..


Es importante, por lo expuesto, revisar el modelo pedagógico transmitido en casa y en los centros educativos, así como elaborar medidas de acción que generen igualdad de oportunidades y de condiciones para encontrar trabajo y evitar despidos.

No se pueden seguir invisibilizando las tareas realizadas por las mujeres a lo largo de la historia y sus potencialidades; ni tomarnos a la ligera el fracaso masculino, bajo la excusa de que no quieren o no pueden aprender.

Como bien decía la LOE (Ley Orgánica de 2/2006, de 3 de mayo, de Educación), la responsabilidad del rendimiento académico no ha de caer exclusivamente en el alumnado, sino que en toda la comunidad educativa. Y me atrevo a decir yo que en toda la sociedad en su conjunto.

Cuando un niño o una niña ve perdido su talento a causa de cómo está estructurada la sociedad... ese talento no solo lo pierde la criatura: lo pierde todo el pueblo.


Nota:

En la elaboración de los puntos que conforman esta entrada, he seguido el texto Por qué tiene cara de chico "el fracaso escolar", del educador sexual José Ángel Lozoya López, y extraído de la página pro-feminista Voces de hombres por la igualdad.

Recomiendo la lectura del texto. Enfoca el tema de un modo mucho más completo que mi entrada, da más ideas, más causas del llamado "fracaso escolar" masculino, presenta algunas propuestas para solucionarlo y da varias fuentes.

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