lunes, 22 de enero de 2018

Perdiendo infancia.

Hace cosa de medio año, acudí un sábado a casa de un alumno a quien le doy clases particulares porque su madre me llamó desesperada. No entendía el tema de la sintaxis y no le salía analizar unas oraciones. Cuando llegué, la criatura estaba llorando. Hablé con él para tranquilicarle; le dije que no se preocupase, que se lo explicaba y enseguida lo iba a entender y que, aunque entendía que llorase de la frustración, pensaba que tenía que tomárselo con más calma, que no le iba la vida en ello.

El caso es que dijo algo que me dejó alucinado: me comentó que sí era muy importante entenderlo todo para poder sacar buenas notas y tener un buen trabajo.

Enmudecí.

¿Un niño de 12 años llorando porque tiene que conseguir un buen trabajo? ¿En serio?

En serio.

Y no es un caso aislado. Llevo ya tres años, y empiezo a estar bastante frito, viendo criaturas que están perdiendo su infancia porque su obsesión es sacar las mejores notas y tener un curro impresionante.

Chavalitos y chavalitas de Primaria que, en vez de pensar en la pelota, el atletismo, los pokemon o cualquier juego... andan con la preocupación de qué modalidad de Bachillerato van a hacer, o si mejor se meterán a una Formación Profesional o cómo montar una empresa.

De hecho, hace poco descubrí que a un alumno que está en 1º de la ESO, le están dando una asignatura optativa para aprender sobre el mundo empresarial y emprender un negocio.

Y qué queréis que os diga... ¡Que me cago en todo lo que se menea!

Las niñas y los niños tienen que tener infancia. ¿Futuro? También, por supuesto. Pero no creo que una cosa deba ir a costa de la otra. Pienso que las criaturas ya estarán en edad de decidir si quieren hacer una cosa u otra, y si planean estudiar o incorporarse antes al mundo laboral, o si piensan tener pareja o no.

Esto es algo así como cuando a una criatura de 4 años le preguntan si ya tiene novia o novio. Pues igual, solo que ya tienen que pensar sobre cuestiones académicas y laborales.

Y no son casos aislados los que hablo. Las escuelas cada vez más están imbuyendo a las criaturas esa filosofía de pensar en el futuro (demasiado lejano para su edad) y de ser lo más para aplastar al resto y ponerse por encima de la escala social.

No sé vosotras y vosotros, pero yo lo veo algo horrible. Pienso que las criaturas han de ser lo que son: criaturas; que ya habrá tiempo para ser mayores.

Y si hay alguien que debe preocuparse por su futuro, no son ellos y ellas, sino nosotras, las personas adultas, como responsables de sus vidas que somos. Solo nosotros y nosotras deberíamos tener esa preocupación acerca de cómo va a ser su futuro.

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