¿Qué es preferible: segregar al alumnado en distintas clases en función de sus capacidades o mantenerles juntos/as, creando con ello una clase heterogénea?
Antes de nada, sin andarme con rodeos, comento que estoy a favor de la Escuela Inclusiva, es decir, de que el alumnado, por así decirlo, "más lento" esté junto al alumnado, por así decirlo, "más rápido" (y ante esto no sólo me refiero al alumnado "normal" pero con mayores o menores dificultades, sino que también al alumnado con Necesidades Educativas Especiales). Aunque para esto también habría que modificar alguna cosa del Sistema Educativo español actual (como el hecho de dejar de utilizar la palabras palabras "normal" y "anormal". Al fin y al cabo todo el mundo tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. ¿Por qué realizar este tipo de categozicación tan absurda?). Así que voy poco a poco.
Empecemos con un ejemplo:
Supongamos que nos reunimos para realizar una carrera. Tres... Dos... Uno... ¡Salimos corriendo! Vamos corriendo, vamos corriendo... y algunos/as de nosotros/as se colocan en las primeras posiciones, y otros/as, en los últimos puestos.
Si yo me en cuentro en el cuarto lugar, y la distancia que hay entre las tres primeras personas es la suficiente como para que pueda alcanzarlas antes de llegar a la meta, eso me motivará para intentar apretar más fuerte y adelantarlas. Ahora bien, si yo me encuentro en los últimos puestos y las personas que están en las primeras posiciones ya van a llegar a la meta, ¿para qué esforzarme en intentar superarlas, si va a ser inútil?
Cuando hay en una clase alumnos/as con distintas capacidades, y la distancia entre ellos/as es corta, puede ser favorable que se encuentren juntos/as. Ahora bien, si la distancia es muy larga, puede ser desmotivador para las personas "más lentas" si el o la docente se adapta al ritmo de las personas "más rápidas".
Pero vayamos más lejos:
Como he dicho, habría que cambiar algo de nuestro actual Sistema Educativo. ¿El qué? La competitividad por la cooperación y el trabajo en equipo.
Retomemos el ejemplo de las carreras:
Imaginemos que quedamos para realizar una carrera. Pero la consigna no dice "quien llegue en primer lugar, gana la carrera, y quien quede atrás, se elimina". En este caso, la consigna dice "para ganar, todas las personas deben llegar a la meta". Si la consigna es esta, no competiremos por llegar primero, sino por llegar. Y no sólo nosotros/as mismos/as, sino todo el grupo trabajando en equipo. Si alguien va más despacio porque le cuesta más correr, las personas con mejor preparación física pueden animarlas, pueden ayudarlas, pueden apoyarlas, pueden dar consejos (si respiras profundamente, a corde con tu ritmo, aguantas más), etc. Las personas a quienes les cuesta más llegar se sentirán respaldadas, aprenderán no sólo de su entrenador/a, sino que también del equipo. Y al final, tal y como lo establece la consigna, llegarán todos/as.
En un ambiente cooperativo, las personas "más rápidas" no luchan por hacer morder el polvo a las personas "más lentas", sino que las ayudan, las enseñan, comparten apuntes, trabajan junto a ellas, etc. Aumenta el aprendizaje, pues no aprende el alumnado del o de la docente, sino que todo el mundo aprende junto a todo el mundo, en equipo.
Además, abandonando el enfoque adultocentrista, en el que hablamos de modelos de enseñanza-aprendizaje, y comenzando a centrarnos en el alumnado, acabamos hablando de procesos de aprendizaje-enseñanza, es decir, que no se trata de que el profesor o la profesora enseña y a partir de ello sus alumnos/as aprenden, sino que a partir de que el o la docente tenga en cuenta las formas de aprender de cada alumno/a por individual, sus capacidades y su nivel, es cuando puede surgir de verdad la enseñanza.
Pero ésta no es la solución que se da, sino que ante esta circunstancia la mayoría del profesorado decide siempre una solución rápida y eficaz: "¡Pues fácil! Hagamos una clase A y una clase B... ¡y todo arreglado!".
Estos/as docentes olvidan, ante todo, que los y las discentes no son personas tontas, y que por consiguiente decodifican rápidamente el significado oculto de los conceptos "clase A" y "clase B", y hablan de "la clase de los/as listos/as" y "la clase de los/as tontos/as".
Asimismo, olvidan que, aun haciendo esta segregación, dentro de cada grupo siempre hay "unos/as listos/as más listos/as" y "unos/as lentos/as más lentos/as". Pero con esta solución los maestros y las maestras se sienten a gusto (ellos/as, no sus educandos, por supuesto), y ya sienten que pueden hacer bien y con menos molestias su anticuada y anti-pedagógica clase magistral, recibida por un alumnado manso que calla y traga.
Pero, ¿cuáles son las desventajas de promover una clase A y una clase B (y C, D, E... según como le venga bien al centro y al equipo docente)? Las siguientes, según Purificació Biniés:
- "Los muy listos pueden llegar a creer que, por el hecho de ser listos/as, son mejores que los demás, desarrollando un complejo de superioridad que puede ser muy aislador y perjudicial, personal y socialmente hablando. Aislados y enaltecidos <<entre los mejores>>, no tienen la ocasión de comprobar que todas las personas, independientemente de sus capacidades, tienen un valor y pueden aportar algo importante a su vida.
- Los listos muy listos, o simplemente listos, pueden quedar privados de sentir que sus cualidades intelectuales podrían servir, también, para ayudar a entender conceptos, o ayudar a progresar a otro menos listo, o muy poco listo. Y quedan privades de aprender que la felicidad individual no es ser perfecto o ser el mejor, con el coste personal que esta meta imposible comporta, sino, más bien, sentirse valorado y saber valorar al otro. Es algo parecido a aquello que dijo, en lenguaje deportivo, Magic Johnson: "Una canasta hace feliz a un jugador, pero una asistencia hace felices a dos".
- Los menos listos, o muy poco listos, ven empobrecida su vida en lo que a estímulos, retos y apoyos se refiere; por tanto, pueden quedar limitadas sus oportunidades de progreso.
- Los menos listos o muy poco listos reciben un mensaje nefasto para su autoestima. El "no puedes" y "te cuesta mucho", junto con el "por tanto, no puedes estar con los demás", conduce a un complejo de inferioridad, reforzado por la exclusión, que comporta un coste personal importante que te limita todavía más. Son las barreras invisibles" (Biniés, P. Revista Aula de Innovación Educativa. Número 205. Octubre del 2011).
Pero, si no segregamos al alumnado, ¿entonces qué hacemos?
No son pocas las medidas que pueden tomarse. Además de fomentar la cooperación y el trabajo en equipo, siempre podemos fomentar la enseñanza individualizada (1); adaptar el currículum; mejorar la pedagogía y las didácticas de tal modo que no sea el aprendizaje meramente memorístico, y busque desarrollar capacidades y valores; aumentar el número de profesores/as por aula; crear programaciones con niveles variados; crear metodologías y organizaciones escolares que favorezcan la atención a la diversidad; y sobre todo, perseguir una pedagogía comprometida que exija recursos y apoyos que permitan responder a las necesidade específicas de cada alumno/a en concreto.
Todo esto no sólo lo comento por teoría, sino que también por experiencia. Realicé mis prácticas de pedagogía en uno de los centros de la asociación YMCA. En el aula se incluía a alumnos/as de todo tipo. Tuve un niño con
Síndrome de Asperger, otro con retraso mental y otro con
dislexia. El resto de niños/as eran, refiriéndome a las capacidades, "normales", pero se encontraban en riesgo de exclusión social. En el aula siempre había mínimo dos maestros/as (en mi clase estábamos tres docentes unos días, y otros días, cuatro), y nuestra labor era la de proporcionar un apoyo curricular y una educación en valores. Y la experiencia fue bastante buena. Todos/as colaborábamos, nos ayudábamos, compartíamos nuestras experiencias, nuestras opiniones... Algo, en mi opinión, muy enriquecedor.
Además, en mis clases de ajedrez siempre he tenido a gente de todos los niveles, y sabiéndote organizar, es posible llegar a todos/as (claro, también para esto hay que tener motivación e interesarte por ellos/as. Si lo que más me preocupase, fuese cómo hacer que mi trabajo sea más fácil, lógicamente lo mejor que me vendría sería segregarlos en función de su nivel o capacidad. Pero esto me beneficiaría a mí, no a ellos/as).
Ya por último decir que el 13 de diciembre de 2006, en Nueva York, la ONU aprobó la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. En su artículo 24, sobre educación, se establece que:
"Los Estados Partes reconocen el derecho de las personas con discapacidad a la educación. Con miras a hacer efectivo este derecho sin discriminación y sobre la base de la igualdad de oportunidades, los Estados Partes asegurarán un sistema de educación inclusivo a todos los niveles, así como la enseñanza a lo largo de la vida".
Pienso que hay que tratar de conseguir que estos contextos no se conviertan en un problema, sino en un reto. Un problema nos paraliza; un reto nos estimula.
Estimulémonos para buscar la inclusión social y educativa de todas las personas... y será posible.
Anotación:
(1) Una enseñanza individualizada es aquella que atiende a las características individuales de cada sujeto. No confundir con la educación individual, que es aquella por la cual un/a maestro/a educa solamente a un/a alumno/a.
2- No me gusta nada hablar de alumnado "lento" y alumnado "rápido"; así como tampoco me gusta que se hable, como dije al principio, de alumnado "normal" y alumnado "anormal". Pero como para que se comprendiese mi punto de vista he realizado la comparación entre el aula con la carrera, he visto oportuno usar lo de "rápido" y "lento". Discúlpenmelo.