lunes, 18 de junio de 2012

La princesa y el campesino.

Había una vez una joven pareja que estaba muy enamorada. Ella era una princesa que vivía en un precioso castillo, al cuidado de su padre y su madre. Él era un pobre campesino que vivía a las afueras de la villa. Y su amor lo mantenían en secreto, pues estaba mal visto que las personas de diferentes clases sociales se juntasen.

La princesa, ya cansada un día de tener que verse a escondidas con su amor, pidió a su padre que le permitiese organizar un concurso por el cual el ganador podría casarse con ella. Su padre accedió y ella dictaminó que para superar la prueba, el pretendiente tendría que pasar seis meses bajo su balcón, soportando las calurosas mañanas, las frías noches, tiempos de hambre, etc. 

El rey y la reina accedieron, y antes de que se llegase cuaquier otro pretendiente, la princesa corrió a contarle la noticia a su amado para que él se presentase el primero, y una vez que finalizase la prueba, podrían estar juntos de una vez por todas sin tener que esconder su amor. Así, de paso, ella sabría si él la amaba de verdad.

Así pues, el campesino se presentó.

Uno a uno fueron transcurriendo los días. A veces llovía, y el campesino, que acababa mojándose mucho, cogía un resfriado. Otras veces hacía tanto calor que al pobre hombre casi le daba una insolación. Pero nada parecía debilitar ni sus fuerzas ni sus ganas de que llegase al fin el sexto mes.

La princesa, por su parte, todas las mañanas se levantaba temprano para comprobar que su amado seguía ahí, bajo su balcón, y felizmente contemplaba que así era. Pero una mañana, a falta de dos días para que el campesino superase la prueba, por desgracia para la princesa, éste se había marchado. 

Ella se lloró y lloró, y se enfureció mucho.

-¡Será idiota! -gritaba entre sollozos-. ¡Sólo quedaban dos días!

Y, del enfando que le dio, dio su prueba por inacabada y decidió que jamás volvería a verle.

Pasaron las semanas, hasta que un día la princesa se presentó en la casa del campesino para pedirle explicaciones.

-¡Sólo te quedaban dos días! -exclamó ella al verle-. ¿Por qué te marchaste? ¿Tan poco me quieres que no puedes pasar seis meses completos bajo mi balcón? Si me amases de verdad, no te habrías marchado.

-Te amo mucho -respondió el campesino-. De verdad. Pero si tú me amases a mí, nunca habrías ocultado nuestra relación a tu padre y a tu madre, sino que les hubieses rogado que te dejasen estar conmigo. Y si me amases, no hubieses dado por inacabada mi prueba y me habrías perdonado esos dos días. 

Y así fue cómo esperando el campesino y la princesa que su pareja hiciese lo que deseaban que hiciese, venció el orgullo. Así fue cómo el deber venció al amor.

Porque para saber si nos aman no hay que esperar que la otra persona haga tal o cual cosa que nosotros/as queremos que hagan. Para saber si nos aman, no hay que poner reglas que la otra pesona debe cumplir. Y para demostrar que amamos, no tenemos que pasar pruebas de fuego.

Para amar, no hay que quedarse con la persona amada todos los días, a su lado, sin separarse, y decidiendo no ver a los/as amigos/as o a los/as familiares. Para amar, no hay que regalar un ramo de rosas todas las mañanas. Para amar, no hay que ir a recoger todas las tardes a nuestra pareja en la Universidad.

Para saber que nos aman, no hemos de esperar que pasen seis meses bajo nuestro balcón, ni a que nos perdonen los dos días que nos faltaron para superar el concurso.

Para amar y ser amado/a, tan sólo hay que respetar la vida (en todos sus sentidos) y las libres decisiones de las personas con quienes convivimos (decisiones libres, sanas y respetuosas, dado que la libertad no es lo mismo que el libertinaje: la libertad implica que haya una cierta responsabilidad. No puede tolerarse la libre decisión de una persona a dañar a otra) .

En el amor no hay un "yo debo...", sino un "yo quiero...".
Y sobre todo, no hay un "te quiero", sino un "te amo".


Como dijo el gestáltico Frizt Perls:

Yo soy yo y tú eres tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas,
y tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú y yo soy yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
y coincidimos, es hermoso.
Si no, pocas cosas tenemos que hacer juntos.

Tú eres tú y yo soy yo. 
Existe una falta de amor a mí mismo 
cuando en el intento de complacerte me traiciono a mí mismo.
Existe una falta de amor a ti
cuando intento que seas como yo quiero,
en vez de aceptarte como realmente eres.

Tú eres tú y yo soy yo.

martes, 12 de junio de 2012

Vídeo sobre violencia obstétrica.

Les paso un vídeo sobre violencia obstétrica, creado por la humorista feminista Malena Pichot.



Este vídeo, aunque me parece muy bueno, tiene un aspecto negativo: hay un momento, a partir del minuto 2:30, cuando está en la clase de relajación, Malena comenta que quiere tener un parto natural, y la otra madre dice que ella preferiría que la duerman y le entreguen al niño planchadito y lavadito, a lo cual Malena responde: "Está muy mal lo que estás diciendo". 

Vamos a ver... El cuerpo de la mujer es de cada mujer en particular. Eso quiere decir que es sólo la mujer que gesta y pare quien decide cómo dará a luz, y nadie, dado que es su cuerpo, debería juzgar si está bien o está mal que su parto sea natural o que le pongan oxitocina.

Es cierto que la otra mujer también hace mal al comentar que es un horror querer un parto natural, y ese punto tiene como fortaleza la crítica a las personas que juzgan a quienes quieren un parto de este tipo. No obstante, eso, a mi parecer, no debería implicar el critircar otras formas de dar a luz. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Mi niño/a no me come.

Les paso aquí un pequeño trozo del libro Mi niño no me come, del pediatra Carlos González:

"Las madres (1) se preocupan, lógicamente, por la salud de su hijo. Pero hay algo más, algo que convierte la inapetencia en un problema mucho más angustioso que la tos o los mocos. Por una parte, la madre tiende a creer (o le hacen creer) que ella tiene la culpa: que no ha preparado adecuadamente la comida, que no ha sabido dársela, que no ha educado bien a su hijo... Por otra parte, tiende a tomárselo como un asunto personal, como nos muestra Laura:

(...) mi única hija de dieciocho meses, el problema es que no hay manera de que coma en condiciones. Muchas veces me pone los nervios a flor de piel, cuando le preparo su comida con mil amores y después de dos cucharadas la echa para fuera. ¿Qué puedo hacer para que coma como Dios manda?

No sólo la niña está inapetente, sino que encima se permite «despreciar» los esfuerzos de su madre en la cocina. Por cierto, no sabíamos que Dios tenía normas sobre lo que deben comer los niños. ¿Habrá querido decir «como su pediatra manda»?

Casi todas las madres expresan este profundo sentimiento personal diciendo «No me come» en vez de «No come». Algunas sienten el problema como un acto hostil por parte de su hijo: «Me rechaza... la fruta». Muchas madres me han explicado que lloran cuando dan de comer a sus hijos. La pobre criatura se ve a veces envuelta en un falso conflicto emocional. En vez de plantearse en sencillos términos de tienes hambre/no tienes hambre, la lucha por la comida puede convertirse en una trampa del tipo me quieres/no me quieres. Se acusa al niño de no querer a la madre porque, sencillamente, no puede comer más. Y no pocas veces se le insinúa, e incluso se le dice directamente, que la madre no le querrá si no come.

Las familias, especialmente las madres, sufren con los conflictos en torno a la comida. Sufren mucho. Como escribió una de ellas: «Es horroroso tener miedo a que llegue la hora de comer».

Si la madre tiene miedo, ¿qué tendrá su hijo? Por grande que sea su angustia, recuerde siempre que su hijo está sufriendo todavía más. No le está tomando el pelo, no la está manipulando, no «sabe latín», no está mostrando su espíritu de oposición... Está, simplemente, aterrorizado.

Estoy preocupada por mi hijo (quince meses) porque no come, es decir, la comida la retiene en la boca y cuando pasa un rato la echa y no se la traga, todo lo hace con llanto, sólo cuando dejo de darle de comer, él deja de llorar.

Porque, para la madre, siempre hay una puerta, un consuelo, una esperanza. Usted está preocupada porque su hijo no come, angustiada porque teme que enferme, abrumada por familiares y amigos que la miran fijamente y afirman «este niño tendría que comer más», como acusándola de ser una dejada. Se siente rechazada por un hijo que, incomprensiblemente, no acepta lo que usted le ofrece con tanto cariño; y se siente culpable cuando ve a su hijo llorar y piensa que le está haciendo daño... Pero también es cierto que es usted una persona adulta, con todos los recursos de la inteligencia, la educación y la experiencia. Que cuenta con el amor y el apoyo de sus familiares y amigos, que, probablemente, se han puesto de su parte en este conflicto. Que criar un hijo, aunque sea temporalmente el centro de su mundo, no es su único mundo. Tiene usted una historia y un futuro, unas aficiones, tal vez una profesión. Tiene, cierta o no, una idea que explica lo que está pasando; sabe por qué obliga a comer a su hijo (aunque tal vez no sepa por qué él no come), y en los momentos de más profunda desesperación no deja de repetirse que todo es por su bien. Tiene, además, una esperanza, pues sabe que los niños mayores comen solos, y que esta etapa durará sólo unos años.

¿Y su hijo? ¿Qué pasado, qué futuro, qué educación, qué amistades, qué explicaciones racionales, qué esperanzas tiene? Su hijo sólo la tiene a usted. Para un bebé, la madre lo es todo. Es la seguridad, el cariño, el calor, el alimento. En sus brazos es feliz; cuando usted se aleja, llora desesperado. Ante cualquier necesidad, ante cualquier dificultad, sólo tiene que llorar; su madre acude al instante y lo arregla todo.

Desde hace un tiempo, sin embargo, algo va mal. Llora porque ha comido demasiado, pero su madre, en vez de hacerle caso como siempre, intenta obligarle a comer todavía más. Y cada vez es peor: la suave insistencia del principio pronto deja paso a gritos, llantos y amenazas. Su hijo no puede entender por qué. Él no sabe si ha comido más o menos de lo que dice el libro, o de lo que dice el pediatra, o de lo que come el hijo de la vecina. Él no ha oído hablar del calcio, ni del hierro, ni de las vitaminas. No puede entender que usted cree hacerlo todo por su bien. Sólo sabe que le duele la barriga de tanta comida, y sin embargo le meten todavía más. Para él, esta conducta de su madre es tan absolutamente incomprensible como si le pegase o le dejase pasar la noche desnudo en el balcón.

Muchos niños pasan horas, a veces seis horas al día, «comiendo», o más exactamente, peleándose con su madre junto a un plato de comida. No sabe por qué. No sabe cuánto va a durar (es decir, cree que durará eternamente). Nadie le da la razón, nadie le anima. La persona a la que más quiere en el mundo, la única persona en la que puede confiar, parece haberse vuelto contra él. Su mundo entero se desmorona.


Nota:

1- Donde Carlos González dice "las madres", por mi parte se puede poner también "los padres", o "los/as abuelos/as", o "la tía", o "el tutor", o "cualquier familiar", o "quien le cuida", etc. Pero claro, como tenemos la costumbre en esta sociedad de asociar la crianza con las mujeres... pues no es de extrañar que en los libros tienda a hablarse sólo de las madres (las cuales, por cierto, según dice el autor, son las únicas personas en quienes los/as niños/as pueden confiar... Pues nada, los padres ya pueden tirarse por la ventana. Y ya no hablemos de los padres y las madres que adoptan...).


Fuente:

González, C. (2008). Mi niño no me come. Barcelona: RBA Bolsillo.


martes, 15 de mayo de 2012

Por qué las personas pobres tienen derecho a la Educación Pública.

No hace mucho tiempo, Ser Filosofista me envió un correo en el cual me decía que un amigo suyo opina que los Gobiernos no deberían invertir en educación para las personas pobres, y me preguntó por mi opinión.

En primer lugar, he de decir que yo estoy total y absolutamente a favor en que las personas de bajo nivel socio-económico puedan tener acceso a la educación  pública.

Antes de meterme en detalles, anuncio que el motivo primero por el cual estoy a favor de ello es ético: si queremos de verdad una sociedad igualitaria, no podemos excluir a un grupo de personas sólo por haber tenido la desgracia, no elegida por voluntad propia, de haber nacido en una familia muy poco adinerada. Si queremos una sociedad que tienda a la igualdad, no tiene ningún sentido llevar a una condición de mayor desigualdad a un grupo de personas que ya de por sí nacen en condiciones desfavorecidas y desiguales.

El propio texto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, elaborado por las Naciones Unidas, establece en su artículo número 26 que "todos los individuos tienen derecho a la educación como una forma de poder desarrollarse como persona. La educación básica debe ser gratuita y el resto accesible a toda la población" (1).

Asimismo, estoy de acuerdo en que este grupo de personas accedan a la escuela pública por lo siguiente:

Antaño se pensaba que el Cociente Intelectual de un ser humano estaba determinado por su genética, es decir, que éste era heredado, y que quien nacía "subnormal" (por debajo de lo normal), era "subnormal" de por vida, y nada podía hacerse para remediarlo.

No obstante, hoy en día sabemos que la inteligencia, aunque tiene un componente genético y por lo tanto hereditario, es un factor mayoritariamente ambiental, que puede ser mejorable mediante la estimulación y el aprendizaje.

Dentro de esta me gusta mencionar en especial a dos autores:

- Reuven Feuerstein: Entiende que el ser humano aprende interaccionando con la sociedad, y que con ello su inteligencia y sus procesos mentales se entrenan y pueden mejorarse. Habla de la modificabilidad estructural cognitiva, por la que afirma que la estructura de la inteligencia es modificable, mejorando algunas de sus destrezas a través del aprendizaje. Desarrolló el Programa de Enriquecimiento Instrumental (PEI), mediante el cual puede mejorarse la inteligencia y las capacacidades y habilidades de los individuos.

- Lev Vygotsky: Decía que “el aprendizaje humano presupone un carácter social específico y un proceso por el cual los niños se introducen, al desarrollarse, en la vida intelectual de aquellos que les rodean”. ¿Qué significa esto? Que para Vygotsky aprendemos y comprendemos al interactuar con las personas que nos rodean. Según este autor, el término aprendizaje también va unido al término maduración, en tanto que la maduración condiciona y prepara el aprendizaje, pero a su vez el aprendizaje puede acelerar la maduración.

Vygotsky nos habla sobre que tenemos que diferenciar entre:

- El desarrollo real: Indica lo que ha conseguido alcanzar el o la discente.

- El desarrollo potencial: Muestra lo que el alumno o la alumna puede hacer con la ayuda de alguien que medie su aprendizaje.

Es decir, para este autor todos y todas tenemos un desarrollo máximo hasta la cual podemos llegar gracias al aprendizaje, pero todo el mundo se encuentra en el momento en un desarrollo real en función de lo que se ha conseguido alcanzar, y que puede mejorarse (2).

Hay varios proyectos que han demostrado que la inteligencia puede mejorarse, como por ejemplo el ya mencionado PEI, el programa de Educación Compensatoria Head Start, el proyecto de inteligencia Harvard, el APDI (Aprendo a Pensar Desarrollando mi Inteligencia), el programa Filosofía para niños, etc (3).

Por lo tanto, si la inteligencia de las personas puede mejorarse a través de la estimulación y el aprendizaje, no es lícito afirmar que las personas pobres lo son porque son menos inteligentes, como afirman y se excusan muchas personas, dado que si son, por lo general, menos inteligentes o menos pudientes, se debe a que su condición de pobreza les mantiene, por lo general, atascadas. Y sólo mediante el aprendizaje se puede avanzar.

Por mi parte, yo afirmaría que la inteligencia no existe, sino que lo que existen son las conductas inteligentes, las cuales son aprendidas. Una persona que aprenda menos tendrá peores herramientas para llevar a cabo conductas más inteligentes.

Por ejemplo, si una persona más pobre tiene una mayor probabilidad de tener dificultades a la hora de usar un ordenador, no se deberá a que no es capaz, sino que más bien se deberá a que en su casa no puede utilizarlo, así como le es imposible apuntarse a cursos en los cuales aprenda cómo manejarlos; mientras que las personas ricas tendran al menos un ordenador en su casa, con acceso a Internet, y además podrá apuntarse a Academias de Informática.

La Educación Pública permite que todas las personas por igual reciban una fuente de estímulos que les permitan adquirir las herramientas adecuadas para aprender y salir adelante. Y por lo tanto contribuye a que todas las personas tengan, en la medida de lo posible, las mismas oportunidades para moverse en la escala social (aunque ya explicaré en otra entrada que no es siempre es así, y que en numerosas ocasiones las escuelas y las familias contribuyen al efecto contrario: a la preproducción social).

Impedir a las personas pobres acceder a la escuela pública es condenarlas a estancarse en la pobreza, además de impedirles el pleno derecho a acceder a la cultura.

Es cierto que muchas personas pobres no llegan ni siquiera a terminar la Educación Secundaria. Pero, ojo, tengamos estas dos cosas en cuenta:

1- No podemos generalizar. No todas las personas con bajos recursos económicos fracasan en la escuela, y no todas las personas ricas tienen buenas calificaciones (aunque, estadísticamente, así ocurre por lo general).

2- Tal y como nos muestran los Informes PISA (Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes) de la OCDE, el alumnado cuyas familias tienen al menos 500 libros en su casa, y cuyos padres y madres tienen Estudios Superiores, por lo general tiende al éxito académico, mientras que el alumnado que no dispone de estos privilegios tiende al fracaso escolar... Pero estas circunstancias son sólo condicionantes, nunca determinantes.

Asimismo, una de las causas por las cuales la gente con bajos recursos económicos tiende a tener bajos resultados, se debe a que la sociedad tiende a excluirla y a considerarla como seres inferiores.

Una maestra realizó un proyecto que consistió en la división de niños y niñas en función del color de los ojos (4). Comentó que las personas con ojos ocuros eran superiores, más inteligentes y más capacitadas que las personas de ojos claros. Dio argumentos "y lo demostró". Por ejemplo, decía: "Fulanito se ha olvidado las gafas y tiene los ojos claros. ¿Veis cómo las personas de ojos claros son torpes y tontas?". Si alguien se quejaba, argüía entonces: "Menganito se está quejando de lo que digo, esto es porque las personas de ojos claros son malvadas, protestonas, desobedientes". Así consiguió inducir a la clase a pensar que las personas de ojos oscuros eran superiores.
 
Posteriormente mandó realizar al grupo de clase una serie de ejercicios, los cuales evaluó. Los resultados indicaron que las personas que habían sido incluidas en el grupo de ojos claros, de decir, "las inferiores", tenían unos resultados más bajos que el grupo clasificado como "superiores", además de que tardaban más en hacer los ejercicios.

Después dijo a la clase que se había equivocado, que no eran las personas de ojos oscuros superiores, sino que la situación se daba al revés: las personas de ojos claros eran más inteligentes y estaban por encima. Nuevamente "volvió a demostrarlo", y cuando los niños y las niñas creían que esto era así, la maestra volvió a pasar unos ejercicios y los resultados mostraron que esta vez era el alumnado de ojos oscuros quien obtenía los peores resultados.

Esto nos muestra que el simple hecho de enmarcar a las personas en un grupo considerado como inferior e incapaz, vuelve a las personas incluidas en dicho grupo realmente menos capaces; y por ende, el simple hecho de que se le haga pensar a una persona pobre que es menos capaz y que no debería ir a la escuela pública, hace que esta persona tienda a unos resultados más bajos.

Concluyendo, las personas con bajos ingresos económicos han de asistir a la escuela pública porque:

1- La educación y la formación es un derecho universal que no debe ser negado a nadie.

2- Impedir a las personas menos pudientes económicamente acceder a la educación, trae consigo que se queden atascadas socialmente, además de que corren el riesgo de la exclusión social.

3- La educación pública permite la movilidad social.

4- La cultura nos pertenece a todos y todas, sin importar el sexo, la edad, la ideología, la religión, la nacionalidad...

5- La educación pública es beneficiaria no sólo para quienes hacen uso de ella, sino que también para las propias naciones, al "crear buenos cerebros" gracias a la misma.

6- La asociación de las personas a determinados grupos (las personas negras, las personas blancas, las pobres, las ricas, etc), trae consigo que las personas queden atascadas en una serie de características determinadas y preestablecidas por la sociedad, lo cual lleva a la reproducción social. Sólo con una Educación Pública, libre, abierta multi e intercultural, variada, que busque fomentar el amor por el aprendizaje, coeducativa, y no excluyente por el mero hecho de tener unas características, nos llevará a la igualdad.

Nota:

Cuando las familias son tan pobres que precisan que sus hijos e hijas salgan de la escuela para ir a trabajar, en esta situación la escuela se convierte en un centro que genera más desigualdad, dado que ese dinero que podría entrar en casa no entra si ese niño o esa niña se queda estudiando. Por lo tanto, en estas circunstancias, el Estado debe dar un apoyo económico a la familia para que así puedan recibir el dinero que traerían sus hijos e hijas, al mismo tiempo que éstos/as pueden continuar los estudios.


Fuentes:

(1)- http://www.pobrezamundial.com/la-pobreza-y-los-derechos-humanos/

(2)- Román Pérez, M. Sociedad del Conocimiento y Refundación de la escuela desde el aula. EOS: Sevilla.

(3)- Dos libros interesantes para encontrar buena información sobre los programas de mejora de la inteligencia son:

Prieto, M. D. y Pérez Sánchez, L. (1993). Programas para la mejora de la inteligencia. Teoría, aplicación y evaluación. Madrid: Síntesis.

Yuste, C. (1994). Los programas de mejora de la inteligencia. Madrid: CEPE.

(4)- El estudio realizado por la maestra que he mencionado se pasó a un documental titulado Una clase dividida. Pueden verlo con este link y los siguientes:

http://www.youtube.com/watch?v=yaimGghfcpM

lunes, 7 de mayo de 2012

En defensa de la Escuela Infantil.

He estado observando, con la lectura de ciertos escritos, que están surgiendo últimamente una serie de movimientos de distinta índole: movimientos "anti que la mujer trabaje", "anti-que los padres consigan bajas por paternidad, para que así las mujeres estén exclusivamente con los/as bebés", "anti-vacunas", "anti-escuelas infantiles, "anti-derecho de ciertas personas a asistir a la Escuela Pública"... En definitiva: "anti todo cuanto hemos progresado".

No voy a negar que la sociedad está llegando a un modelo en el que padres y madres se ven obligados/as a trabajar las 24 horas del día mientras niños y niñas se pasan la vida metidos/as en la Escuela Infantil sin ver a sus padres y madres. En esto, por supuesto, no hemos avanzado. Pero sí hemos avanzado en la obtención de una sanidad pública que permite a los/as bebés estar vacunados/as contra enfermedades que, por mucho que digan, la lactancia materna jamás podrá defender (por ejemplo, la hepatitis B, entre otras). Hemos avanzado en la posibilidad de que muchas mujeres no se vean con la obligación de buscar un marido que la saque de la pobreza. Hemos avanzado en la posibilidad de que niños y niñas puedan entrar en la escuela pública y obtener una serie de conocimientos y habilidades que les lleven a poder movilizarse en la escala social.

Estoy totalmente de acuerdo en que el hecho de que haya 8-10 niños/as por maestro/a de Educación Infantil no es bueno. Asimismo, estoy totalmente de acuerdo en que los niños y las niñas de muy corta edad no deberían estar en una Escuela Infantil, ni en ningún centro de ningún tipo, durante doce horas seguidas. Para mí, por supuesto, lo más apropiado es otorgar a las familias una baja paternal y maternal, por la cual dichos/as niños/as puedan estar con su familia y recibir unos buenos cuidados por parte de la misma.

No obstante, aun existiendo dichas bajas, seguirían haciendo falta las Escuelas Infantiles. ¿Por qué? Sencillo:

Porque aunque logremos la igualdad de derechos y obligaciones entre madres y padres en el caso de la mater/paternidad, lo cual traería beneficios a los niños y las niñas, seguiría habiendo ciertos problemas que hay que tener en cuenta, porque dan lugar a la desigualdad:

Seguiría habiendo familias más adineradas y familias menos adineradas, por lo que no todos/as los/as niños/as tendrían las mismas oportunidades a la hora de recibir estimulación y formación; seguiría habiendo niños/as que acabarían con ciertos problemas que sólo un/a profesional podría detectar y/o prevenir (Síndrome de Asperger, dislexia...); seguiría habiendo infantes en riesgo de exclusión social; infantes huérfano/as de padre, madre o de ambas partes, a quienes les haría falta alguna persona más que les cuidase; seguiría habiendo niños/as que conviviesen en familias con problemas (maltrato, etc); y muchos problemas más que pueden citarse.

Por ende, sin una Escuela Infantil pública, nos encontraríamos con que habría niños/as con menos ventajas que otros/as, que no podrían disponer de algún o alguna especialista que les ayudase a superar sus problemas, carencias, límites y retrasos de cualquier tipo.

¿Y en las Escuelas Infantiles puede contrapesarse esta desigualdad de oportunidades? Sí.

Hay que tener en cuenta que no es lo mismo una guardería que una Escuela Infantil. Las guarderías eran recintos que una persona cualquiera podía crear, en donde, como su nombre indica, se guardaban niños/as... y nada más. No persiguen ninguna finalidad. La Escuela Infantil va más lejos:  al contrario de lo que se dice desde el nuevo Ministerio de Educación español, que alude que la Educación Infantil “es una etapa con un componente educativo menor y un importante componente asistencial y de conciliación familiar y laboral" (1), lo cierto es que una escuela de Educación Infantil es un centro en el cual los niños y las niñas reciben una formación y una educación por parte de personas cualificadas en tal labor. Y, además de proporcionar una educación y una enseñanza (que debe ser de calidad), los/as Maesotros/as de Educación Infantil, han de prevenir y detectar problemas (psicomotores, psicológicos, sociales, etc). La Escuela Infantil, además de desarrollar las capacidades de los niños y las niñas, además de encargarse, junto a las familias, de su educación y aprendizaje, tiene como objetivo la prevención y detección de futuros problemas.

Por tanto, si eliminamos la Escuela Infantil pública, ¿qué hacemos con los niños y las niñas que la necesiten? Porque, claro, es muy bonito decir "que los padres y las madres cojan la baja por  paternidad y por maternidad y todo listo"; o "que las madres se queden en casa y así no habrá problemas" (como comentan algunos/as, que pretenden que las madres se queden en casa... y los padres a poner solo el espermatozoide); pero ahí sólo estamos viendo un lado: el lado en el que la familia está formanda por una serie de personas maravillosas, que conviven en un entorno bello, y tienen un nivel socio-económico y afectivo fantásticos.

Lo que tenemos que hacer es ver el conjunto de las situaciones y tener en cuenta todas las circunstancias. No todas las familias poseen en mismo poder adquisitivo, ni conviven en unas circunstancias cien por cien óptimas para los niños y las niñas.

Eliminar la Escuela Infantil supondría un retraso en toda regla: supondría dar más posibilidades a los niños y las niñas procedentes de familias más adineradas, así como la obligación de todas las mujeres a volver al hogar. Eliminar la Escuela Infantil, así como la Escuela Pública, supondría, a corto y medio plazo, llevar a la desigualdad a quienes padezcan su carencia; y a largo plazo, un grave problema para la nación, en tanto que daría lugar a que hubiese un mayor número de personas analfabetas y pobres (al fin y al cabo, si realmente la Educación fuese una estupidez, los diferentes bandos ideológicos que han surgido a lo largo de la sociedad, no hubiesen gastado tantas energías en controlarla).

Tal y como explicó Antonio Cabrales en el Primer Seminario sobre Educación y Políticas Educativas en España (2):

- La intervención en las edades tempranas es crucial para solucionar cualquier tipo de problemas sociales. Los niños y las niñas que crecen en un ambiente desfavorecido y en pobreza suelen tener pocas habilidades, lo que genera muchos problemas en todo su ciclo de vida.

- La familia y la calidad del entorno familiar condicionan, en mayor parte, las habilidades cognitivas y no-cognitivas. Diferentes estudios demuestran que lo que los niños y las niñas traen con ellos/as en las escuelas es muy importante; es decir, las escuelas son importantes, pero la familia es aún más importante.


- El entorno familiar determina el desarrollo del niño o la niña (por ejemplo, los/as niños/as entran en las escuelas con grandes diferencias en cuanto al número de palabras que componen su vocabulario, que depende del nivel de educación de los padres y las madres).

- La medida más adecuada del grado de pobreza de un niño o una niña es, a parte de la renta, el nivel de educación de los padres y la calidad del entorno donde está creciendo.

- La intervención en edades tempranas tiene unas consecuencias mucho más importantes que la intervención en edades más tardías, como por ejemplo reducir el ratio alumno/a-profesor/a, formación profesional, programas de alfabetización de personas adultas, programas en el mercado laboral. Todas estas políticas tardías tienen muy pocos rendimiento y a veces incluso negativos. Suelen tener rendimientos positivos e importantes en el caso de individuos con habilidades, pero tienen pocos rendimientos en el caso de  individuos con pocas habilidades.

- El mayor efecto de los programas de intervención en las edades tempranas no es sobre las habilidades cognitivas, como por ejemplo el Cociente Intelectual, sino sobre las habilidades no-cognitivas: la motivación, el aprendizaje, el buen comportamiento y el éxito.

- Las intervenciones tempranas producen rendimientos que se propagan en toda la vida del individuo, por tanto los recursos disponibles deberían gastarse en intervención en los primeros años de la vida de los individuos (la etapa 0-3 años y luego la etapa preescolar 4-6 años), cuando los rendimientos son los más grandes.

 http://www.fedeablogs.net/economia/wp-content/uploads/grafico_Heckman.jpg(3)

(En esta imagen se representa cómo debería ser el nivel de inversión en educación: en las primeras edades debería invertirse más, lo cual reduciría la inversión necesaria posteriormente. A modo de ejemplo, comentaré que si las escuelas enseñasen correctamente la lengua inglesa en las primeras edades, no sería necesario posteriormente invertir ni en Maestros/as de Inglés, ni en Escuelas y Academias de Idiomas para inglés, dado que los niños y las niñas ya conocerían a la perfección tal idioma).

- Los déficits en habilidades que se deben al entorno familiar de un individuo en los primeros años de su ciclo de vida producen desigualdad. Las políticas sociales deberían estar dirigidas hacia los años maleables del ciclo de vida de una persona si lo que se quiere es reducir la desigualdad y promover la productividad a través de personas efectivas.

Por consiguiente, tal y como podemos observar, las escuelas de Educación Infantil no son una tontería. Son centros con una importante labor educativa, formativa, diagnóstica y preventiva, que facilita el desarrollo integral de niños y niñas, además de contribuir en el fomento de la igualdad social. Y eliminarlas traería consigo graves consecuencias para las mujeres y los/as niños/as en particular, y para la sociedad en general.


Fuentes:

(1)- http://www.europapress.es/castilla-lamancha/noticia-educacion-elimina-mayoria-programas-cooperacion-territorial-20120404143653.html

(2)- http://www.ortegaygasset.edu/fog/ver/455/seminarios/seminario-sobre-educacion-y-politicas-educativas-en-espana

(3) http://www.fedeablogs.net/economia/wp-content/uploads/grafico_Heckman.jpg


Los tres incluidos en el siguiente texto que recomiendo leer: http://www.fedeablogs.net/economia/?p=21425

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Cómo serán, en el futuro, las aulas de los centros educativos españoles?

¿Cómo serán, en el futuro, las aulas de los centros educativos españoles, con la reducción de docentes y el aumento de alumnos/as por clase? Así:




Sobran las palabras.

martes, 10 de abril de 2012

¡50.000 visitas!

Ya son 50.000 el número de visitas que lleva este blog.

Aún recuerdo que en los primeros meses no llegaba ni a las 10 visitas al día, mientras que actualmente puedo superar las 200.

Quiero dar las gracias especialmente a mi novia, quien me animó a llevar a cabo este proyecto; a Basta de Sexismo, quien me dio la idea y quien fue la primera persona en agregarme a su lista de blogs; a Misteriosa y a Anuda, ya que sus blogs son, después del de Basta, por los cuales acceden más personas a éste; y en general, a todas las personas que me siguen o que se pasan por aquí.

Quiero daros las gracias a Kuxille, a Basta de Sexismo, a Misteriosa, a Ser Filosofista, a Euphorbia, a Firenze, a Inde, a Mónica, a Rowina, y a todas las personas cuyos blogs sigo o comento, porque gracias a vosotros/as he aprendido muchísimo (y sigo aprendiendo), y por ello este blog tiene una parte de vosotros/as.

Doy las gracias también a quienes comentáis, porque este blog no solamente es mío, sino que también de todos/as aquellos/as que os pasáis por aquí y aportáis vuestro granito de arena.

Quiero daros las gracias, porque estas 50.000 visitas ¡no serían posible sin vosotros/as!

Un fuerte abrazo.

martes, 20 de marzo de 2012

¿Conoces alguna mujer que haya pasado a la historia?

Cuando hablas con masculinistas/machistas acerca del sexismo en los manuales escolares y en la escuela, muchos te dicen que si estos no reflejan mujeres escritoras, filósofas, matemáticas, científicas... es porque no las hay.

¿Qué os parece si entre todos y todas hacemos una lista de mujeres que han pasado a la historia a través de sus logros, y así cada vez que un machista/masculinista nos diga que la genialidad es masculina, podamos presentarle una buena lista de mujeres que han pasado a la historia?

Yo empiezo exponiendo unas pocas, y a medida que reciba comentarios, iré agregando las que me mandéis. Cuantas más personas aporten, más larga será la lista.

¿Te animas?

Diotima de Mantinea, filósofa que enseñó algunas ideas al filófofo Sócrates. Hiparquía de Tracia, filósofa. Hipatia de Alejandría, filósofa, maestra, matemática y astrónoma; aconsejó a Sinesio en la construcción de un abstrolabio y un hidroscopio. Emilia Pardo Bazán, escritora. Concepción Arenal, Licenciada en Derecho (entrando en la Universidad vestida de varón, ya que en su época la educación estaba vedada a las mujeres) y escritora. Mary Shelley, escritora de obras como Frankenstein o el moderno Prometeo. Marie Curie, física y química; la única persona que ha obtenido dos Premios Nobel. María Montessori, pedagoga, Licenciada en Medicina y psiquiatra, impulsó un nuevo modelo de pedagogía paidocentrista, basado en el naturalismo, la libertad y la iniciativa de los niños y las niñas. Simone de Beauvoir, filósofa y escritora de obras como El segundo sexo. Judit Polgar, es, entre las mujeres, la mejor jugadora de ajedrez que se ha conocido, y en la categoría mixta se encuentra entre los primeros puestos. Lynn Margulis, bióloga; enunció la teoría endosimbiótica. Cecilia Böhl de Faber y Larrea, escritora. Nannerl Mozart, música. Margaret Mead, socióloga y escritora de obras como Adolescencia, sexo y cultura en Samoa y Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas. Cleopatra VII, faraona del Antiguo Egipto. Juana de Arco, lideró al ejército francés en para expulsar a los ingleses. Isabel la Católica, Reina de Castilla. Ada Lovelace, programadora. Jane Goodall, naturalista y primatóloga. Lise Meitner, era física y descubrió el protactinio. Sophie Germain, matemática que hizo importantes aportaciones a la teoría de los números y a la teoría de la elasticidad. Amelia Earhart, pionera de la aviación; al intentar ser la primera mujer en dar la vuelta al mundo, su avión desapareció y no fue encontrado. Artemisia Gentileschi, pintora. Enyd Blyton, autora de las sagas "Los Cinco" y "Los 7 secretos". Ana María Matute, escritora. Barbara Park, autora de Junie B. Jones. J.K.Rowling, autora de Harry Potter. Harriet Beecher Stowe, escritora norteamericana que escribió La cabaña del tío Tom, novela que se publicó en 1852. Jean M. Auel, escribió la saga de Los Hijos de la Tierra.

Nota:

Misteriosa nos ha pasado un blog en el que podemos encontrar a muchas mujeres que han pasado a la historia:

http://grandesmujeresenlahistoria.blogspot.com.es/

Gracias.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Adultocentrismo en el cine.

Como ya he explicado otras veces, el sexismo no es el único resultado del patriarcado occidental. El adultocentrismo, idea de que las personas adultas son superiores a las más jóvenes, también lo es.

Ayer en clase una profesora nos puso la película El estudiante, una película mexicana que habla sobre la educación de personas mayores. Trata de un hombre anciano que se mete a estudiar a la Universidad y muestra su relación con los y las jóvenes, su forma de pensar, hace un comparación entre su época y la de mi generación, etc.

Pues bien, el caso es que esta película, al igual que otras que he visto últimamente, está llena de tópicos adultocentristas. No sé si es porque está de moda entre periodistas y cineastas, pero está claro que se han propuesto mostrarnos a los y las jóvenes como seres irracionales que nos pasamos la vida orinando en las puertas de las casas y que nos encanta, a todos y todas sin excepción, quemar papeleras y romper los bancos de los parques, mientras expulsamos alcohol por las orejas y destilamos un intenso olor a porro.

De hecho, cada vez que quieren denigrar una manifestación o un movimiento, aunque haya personas de todos los colores y de todas las edades, lo primero que hacen es mostrar a jóvenes y decir que "sólo son universitarios y universitarias" (perdón, universitarios solamente, que las mujeres no existen...). 

Y es que es bien sabido que los y las estudiantes de las diferentes Universidades españolas, nunca, nunca, nunca, estudiamos. No. Realmente las Universidades no son centros de formación de personas para un trabajo, sino que son asentamientos militares en donde tenemos escondida una guillotina gigante y en donde trabajamos (perdón, rectifico: en donde nos tocamos los huevos/ovarios) en la creación de cócteles molotov y en el diseño de planes maquiavélicos orientados a la quema del país entero.

Bueno, el caso es que la película de la que hablo estaba henchida de tópicos adultocentristas. Uno tras otro. Tópico va y tópico viene.  Y algunos son los siguientes:

1- Los y las jóvenes somos seres satánicos que carecemos de respeto alguno.

2- Los y las jóvenes no sabemos amar. Sólo las personas adultas saben tener un amor durarero y eterno, basado en el respeto y el cariño. 

3- Las mujeres jóvenes son todas unas irresponsables que no saben tomar precauciones a la hora de tener relaciones sexuales. Por ende, siempre, ¡siempre!, acaban embarazadas (y esto aun cuando las estadísticas muestran que son las mujeres jóvenes quienes más métodos anticonceptivos usan y también quienes tienen una menor tasa de abortos. Por supuesto hablo sólo de la responsabilidad de las mujeres a la hora de tomar precauciones en sus relaciones sexuales, porque es a ellas a quienes la sociedad atribuye dicha responsabilidad. Parece ser que a los varones nos arde la mano si tocamos un preservativo...).

4- A todos, todos, todos los jóvenes y a todas, todas, todas las jóvenes nos encanta la música tecnológica, tomar drogas y beber alcohol hasta tener un coma etílico.

5- Siempre son las personas adultas las que saben más, las que comprenden mejor y las que enseñan a las personas jóvenes. No es posible que una persona joven pueda enseñarle algo a otra adulta, o comprender algo antes que ésta (de hecho, hay gente adulta que dice sorprenderse, por ejemplo, cuando encuentra a una persona joven que es capaz de ver sexismo, o cuando le ganas en una partida de ajedrez. ¡Como si el hecho de ser jóvenes redujese nuestro Cociente Intelectual a 1!).

6- El modelo de amor romántico que llevaban a cabo nuestros abuelos y nuestras abuelas es el bueno y el correcto. Para que un chico pueda salir con una chica (por supuesto, de homosexualidad ni hablemos), éste ha de arrodillarse ante ella, pedirle la mano, mandarle un grupo de músicos a tocar bajo el balcón de su casa... y no tocarla hasta después del matrimonio.

7- Si hoy día muchos y muchas jóvenes no llevamos a cabo las acciones descritas en el punto anterior... ¡es porque hemos perdido la decencia!

8- Los y las jóvenes sólo, ¡sólo!, pensamos en el sexo. Y si somos varones... nuestra única meta actual es la de hacer el amor con una mujer y dejarla tirada al día siguiente (ah, es verdad, que hoy en día los y las jóvenes no hacemos el amor... porque a todos los varones jóvenes sólo nos gusta denigrar a las mujeres como hacen en las películas pornográficas, o "echar polvos" en la calle, delante de niños y niñas jugando a la pelota...).

9- Todas las personas jóvenes somos incultas. Nuestra generación es una generación ignorante. No sabemos nada, y nunca, nunca, nunca abrimos un libro. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es un libro que jamás será abierto por un o una joven por gusto propio. Sólo lo hará si un profesor o una profesora le obliga a hacerlo.

En resumidas cuentas: que se da una imagen de nosotros/as fantástica. ¿Verdad?

Nota:

No, no me quejo de esto porque quiera negar la existencia de jóvenes que destrozan parques y que están metidos/as en la droga y en el alcohol. Lo que me molesta es la generalización, la visión generalizada y denigrante que se da de nosotros/as, y el hecho de que se muestra que estas cosas sólo pasan entre jóvenes. Porque "las personas adultas nunca, nunca, nunca se emborrachan, ni faltan al respeto, si se cuelan en la fila del cine, ni roban, ni hacen nada malo". 

lunes, 5 de marzo de 2012

El ser humano: ni bueno ni malo por naturaleza.

Se entiende por naturaleza todo aquello referente al universo físico, al mundo natural. Más en concreto, se clasifica como natural todo aquello en lo que no ha intervenido la mano del ser humano.

Por tanto, para poder hablar de "la naturaleza humana", habríamos de remontarnos a aquellos tiempos en los cuales el ser humano era todavía un animal carente de lenguaje, cultura, educación... y en definitiva, carente de todo lo artificial.


A partir de la imagen del ser humano en aquellos tiempos, o de un/a niño/a que haya sido criado/a por otra especie animal diferente a la nuestra, es cuando podemos hacernos la pregunta: ¿es el ser humano bueno o malo por naturaleza?

La respuesta a esta pregunta es importante, puesto que, en función de la misma, así orientaremos nuestro modelo educativo y social.

Para personas como Thomas Hobbes, mediante la expresión Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre), nos habla en su obra Leviatán de un ser humano malo y egoísta por naturaleza (por cierto, esta expresión no le pertenece a él, sino a Plauto, quien escribió Asinaria).

Por lo tanto, si el hombre es un lobo para el hombre, la sociedad y la educación han de ser represivas y severas. De hecho, para el señor Hobbes, los seres humanos deben ceder su poder, sus derechos fundamentales y su capacidad de decisión a un ente superior que garantice por cualquier medio la paz y la productividad económica, ejerciéndose el uso de la violencia física, si es necesario (“La autoridad sin el respaldo de la espada no vale nada”, decía).

Por contra, para autores/as como Jean Jacques Rousseau, el ser humano es bueno e inocente por naturaleza, pero la sociedad le corrompe. En su libro El contrato social, Rousseau habla de "el buen salvaje”, concepto que utilizaba para referirse al hombre natural, que vive feliz hasta que aparecen el egoísmo, el ansia de riqueza y la propiedad, con la sociedad y la injusticia.

Por tanto, la educación, desde este punto de vista, es imprescindible para lograr un nuevo estado social del ser humano, “un nuevo hombre para una nueva sociedad”, y así evitar que los niños  y las niñas pierdan la inocencia y bondad natural con la que nacen.

Ahora bien, yo no estoy de acuerdo ni con una postura ni con la otra. Para mí, el ser humano no es bueno ni malo por naturaleza; simplemente, porque por naturaleza no existen ni el bien ni el mal. Lo bueno y lo malo es una construcción humana surgida con la cultura, que varía en función de cada cultura, cada pueblo, cada religión, cada persona.

El Génesis bíblico me parece, como metáfora, un buen ejemplo. El ser humano no conocía el bien y el mal hasta que Adán y Eva comieron del Árbol de la Ciencia (cultura), conocieron y abrieron los ojos. Hasta antes de eso, nada sabían de lo bueno y de lo malo.

Y una persona que  no sabe discernir entre el bien y el mal, no puede ser calificada como buena o mala.

Tal y como dice Fernando Savater en su libro Ética para Amador:

"No hay animales malos ni buenos en la naturaleza, aunque quizá la mosca considere mala a la araña que tiende su trampa y se la come. Pero es que una araña no lo puede remediar...

Voy a contarte un caso dramático. Ya conoces a las termitas, esas hormigas blancas que en África levantan impresionantes hormigueros de varios metros de alto y duros como la piedra. Dado que el cuerpo de las termitas es blando, por carecer de la coraza quitinosa que protege a otros insectos, el hormiguero les sirve de caparazón colectivo contra ciertas hormigas enemigas, mejor armadas que ellas. Pero a veces uno de esos hormigueros se derrumba, por culpa de una riada o de un elefante (a los elefantes les gusta rascarse los flancos contra los termiteros, qué le vamos a hacer). En seguida, las termitas-obrero se ponen a trabajar para reconstruir su dañada fortaleza, a toda prisa. Y las grandes hormigas enemigas se lanzan al asalto. Las termitas-soldado salen a defender a su tribu e intentan detener a las enemigas. Como ni por tamaño ni por armamento pueden competir con ellas, se cuelgan de las asaltantes intentando frenar todo lo posible su marcha, mientras las feroces mandíbulas de sus asaltantes las van despedazando. Las obreras trabajan con toda celeridad y se ocupan de cerrar otra vez el termitero derruido... pero lo cierran dejando fuera a las pobres y heroicas termitas-soldado, que sacrifican sus vidas por la seguridad de las demás. ¿No merecen acaso una medalla, por lo menos? ¿No es justo decir que son valientes?

Cambio de escenario, pero no de tema. En la Ilíada, Homero cuenta la historia de Héctor, el mejor guerrero de Troya, que espera a pie firme fuera de las murallas de su ciudad a Aquiles, el enfurecido campeón de los aqueos, aun sabiendo que éste es más fuerte que él y que probablemente va a matarle. Lo hace por cumplir su deber, que consiste en defender a su familia y a sus conciudadanos del terrible asaltante. Nadie duda de que Héctor es un héroe, un auténtico valiente. Pero ¿es Héctor heroico y valiente del mismo modo que las termitas-soldado, cuya gesta millones de veces repetida ningún Homero se ha molestado en contar? ¿No hace Héctor, a fin de cuentas, lo mismo que cualquiera de las termitas anónimas? ¿Por qué nos parece su valor más auténtico y más difícil que el de los insectos? ¿Cuál es la diferencia entre un caso y otro?


Sencillamente, la diferencia estriba en que las termitas-soldado luchan y mueren porque tienen que hacerlo, sin poderlo remediar (como la araña que se come a la mosca). Héctor, en cambio, sale a enfrentarse con Aquiles porque quiere. Las termitas-soldado no pueden desertar, ni rebelarse, ni remolonear para que otras vayan en su lugar: están programadas necesariamente por la naturaleza para cumplir su heroica misión. El caso de Héctor es distinto. Podría decir que está enfermo o que no le da la gana enfrentarse a alguien más fuerte que él. Quizá sus conciudadanos le llamasen cobarde y le tuviesen por un caradura o quizá le preguntasen qué otro plan se le ocurre para frenar a Aquiles, pero es indudable que tiene la posibilidad de negarse a ser héroe. Por mucha presión que los demás ejerzan sobre él, siempre podría escaparse de lo que se supone que debe hacer: no está programado para ser héroe, ningún hombre lo está. De ahí que tenga mérito su gesto y que Homero cuente su historia con épica emoción. A diferencia de las termitas, decimos que Héctor es libre y por eso admiramos su valor" (1).

Un animal actúa como actúa porque no tiene más remedio. Cuando un perro araña los muebles de la casa de su dueño/a en vez de estar quietecito, se suele decir que ese animal es malo. Ahora bien, si ese perro ayuda al cuerpo de policía a detectar personas enterradas bajo los escompros de un edificio, se le clasifica como bueno. No obstante, dado que no pueden elegir libremente, ni nadie les ha enseñado a diferenciar si es bueno o malo morder a la niña que está jugando a la pelota en el parque de enfrente, no puede ser clasificado ni como bueno, ni como malo, ni como valiente, etc. Ni siquiera puede decirse que es libre de decidir, ya que  hace lo que tiene que hacer.

El ser humano, de forma natural, nace igual que ese perro, o que las termitas-soldado que describe Fernando Savater. Y por ende, tampoco las personas son buenas o malas por naturaleza. Su libertad y su bondad o maldad llegan después, conforme a su educación, su cultura, la vida que vive, etc.

Por este motivo, bajo mi punto de vista el modelo educativo y social no deben estar inclinados en función de "la naturaleza humana", sino en base a lograr una serie de valores y de actitudes que nos beneficie al conjunto de la población, y a la consecución de la libertad.

Y si alguien me preguntase qué es para mí el ser humano, responderé con la frase del filósofo y pedagogo Immanuel Kant:

"Tan sólo por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él".
Fuente:

 (1) - Savater, F. (2004). Ética para Amador. Ariel: Barcelona.

lunes, 27 de febrero de 2012

Pillada por ti.

Pillada por ti es un cómic creado por Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou, cuya intención es la de prevenir contra la violencia de género. Es muy interesante y su lectura es rápida y sencilla. Pueden acceder a él pulsando sobre el enlace siguiente. Espero que les guste.


jueves, 9 de febrero de 2012

La reproducción de la desigualdad en la familia.

"El Estado ha convertido tradicionalmente a la familia nuclear, formada por la pareja heterosexual e hijos y en la que tiene preponderancia el varón, cabeza de familia, en el pincipio y modelo del orden social. En Occidente, el derecho de familia y las leyes que regulan el estado civil de las personas, apoyados en la ideología de la Iglesia, han sustentado este tipo de familia como la única posible o la única legítima, la natural, transmitiendo de este modo los valores patriarcales. Como esta familia sigue siendo la más numerosa y constituye el ideal para el patriacado, se no ssigue educando en los roles tradicionales en los que se fundamenta este tipo de familia.

Presentándose como una unidad armoniosa y moral frete a otras formas de familia, se encubren en ella prácticas milenarias de control y sometimiento de la mujer y se oculta la existencia de otro tipo de familias (monoparentales, homoparentales, unipersonales, etc). El mito de la familia nuclear como unmodelo natural y un ideal de felicidad impone la división sexual del trabajo como una división legítima, y las ideas de masculinidad y feminidad equivalentes a superioridad a inferioridad como lo natural. Del mismo modo, la consideración de este modelo de familia como el normativo o natural presupone la heterosexualidad, tanto en el ideal de feminidad como en el de masculinidad.

En una sociedad en la que se da todavía la clara división sexual del trabajo propia del patriarcado, la niña pronto identifica en la familia (en la propia o en la presentada como ideal por los mass media) las tareas relativas al trabajo doméstico con la mujer, no sólo el cuidado de los niños, sino limpiar, cocinar, etc; así se lo enseñan además en los cuentos e historias que le leen y cuentan, en las películas, en los juguetes, etc. Al mismo tiempo, aunque esto está cambiando, el niño aprende el rol de padre como el sostén económico de la familia, como el que sale fuera de casa y se relaciona con otras tareas que no tienen nada que ver con las domésticas, ni con el hogar ni con el cuidado de los hijos. Niños y niñas están interiorizando la distinta posición de la madre y el padre en el núcleo familiar, identificando el espacio doméstico con la madre y el público con el padre. A la vez perciben también desde muy tmprano la diferente valoración social que tienen uno y otra en la escuela, en la televisión, etc. Desde muy pronto interiorizan como lo normal y lo natural la desigual posición de hombres y mujeres.

En la familia se da la primera socialización del género. Estudios llevados a cabo sobre el aprendizaje en los tres primeros años de vida concluyen que se estimula más físicamente a las niñas se las acaricia y se les habla más. Desde muy tierna edad los niños suelen estar sujetos a un trato más brusco, con menos contacto físico, y las niñas a un trato más delicado y afectivo. También se potencia en los niños más autonomía, más movilidad física y desarrollo cognitivo, mientras en las niñas se inhiben ciertos movimientos, se favorece la dependencia y el ser en función de otros (gustar a otros, cuidar de otros). Se la peina y arregla con esmero, se la acaricia y mima, se le ríen los gestos de coquetería: "¡Qué guapa, qué mona, qué rica!", se dirá a menudo de sus actiudes y comportamientos. A una niña, además, se le deja más estar pegada a las faldas de su madre, que llore, que tenga miedo, mientras que a un niño no se le permite, no se le tolera, o no se le refuerza, ni la coquetería ni la ternura, ni la expresión de sus sentimientos, pero se le permite y refuerza la agresividad: "Los niños no se miran tanto al espejo, los niños no lloran, son valientes, se defienden", oirán a menudo. Estas actitudes de los adultos consiguen que a edades muy tempranas el niño ya muestre menos sus emociones que la niña, se mire menos a un espejo, busque menos guarecerse en los mayores y se arriesgue más.

Desde muy pronto la niña aprende que hay que seducir, que hay que gustar al varón. Esto es lo que se le transmite que es ser femenina. En cambio, elniño ha de conquistar (a ella y al mundo) con su acción. Ser masculino se presenta como ser capaz para la acción, el ejercicio de la violencia. A medida que unas y otros van creciendo, los juegos y juguetes que se les ofrecen refuerzan estos estereotipos sexuales: muñecos, cocinitas, cunas y carritos de bebés para las niñas; balones, pistolas, coches y garajes para los niños. Sólo tenemos que reparar en la famosa "Barbie", ideal de feminidad (guapa, delgada, seductora, débil... Un objeto para gustar), o en los "Action-man", ideal de masculinidad (agresivo, valiente, arriesgado, bruto, fuerte... Un sujeto que actúa). Además, ahora, estos modelos de masculinidad y feminidad aparecen de forma muy explícita en los videojuegos de consolas y ordenadores.

A veces consideramos que los niños o las niñas eligen sus juguetes por tendencias naturales, cuando es el medio social el que interviene poderosamente en sus tempranas inclinaciones y preferencias y, a partir de ellas, aprenden cualidades que les definirán y diferenciarán. La muñeca, por ejemplo, es para la niña su modelo y su doble, pero es también su bebé: con ella aprende a cuidar, a ser madre. Jugar con el muñeco fomenta la relación afectiva y el uso del lenguaje para comunicar emociones, pero ni es cierto que todas la sniñas elijan espontáneamente (naturalmente) los muñecos entre otros jugetes, ni que no lo haga ningún niño. Podremos no reñir a los niños por querer jugar con muñecos, pero rara vez los alentamos a que lo hagan. Tal vez la total ausencia de respuesta (positiva) le haga saber al niño que está hacienod algo que los varones "no deben" hacer.

Los juegos y deportes empiezan a separar a niños y niñas, lo que no expresa más que la separación sexual que existe en los modelos de la vida adulta: los primeros juegan juntos en los jeugos que se consideran propios de niños y excluyen de ellos a las niñas. El caso del fútbol es interesante como juego que excluye a las niñas porque se considera propio de niños. A veces se insiste en la natural predilección de los niños por correr detrás de la pelota, como se hace con la de las niñas por muñecos. En los partidos de fútbol los jugadores son hombres y los espectadores en su mayuoría también; jugar al fútbol es algo que hacen los padres y refuerzan en sus hijos y no en las hijas; la identificación con algún esquipo es algo tan importante para algunos padres que les lleva a regalar a edades tempranas a sus hijos la camiseta u otros símbolos de ese equipo, lo cual hace esperar que esta inclinación por el fútbol sea frecuente en los niños y no en las niñas. El niño se identifica con ciertos juegos y deportes porque se le presentan como masculinos y excluyen de ellos a las niñas precisamente por eso.

Los niños, a través de juegos y deportes, van a empezar su relación con otros niños y su identificación con lo maculino. Se preparan para la vida pública de un varón adulto. Juegan a ser hombre, ser masculino y viril en la sociedad sexista en la que se encuentran; a ocupar un espacio y a ser capaces de afirmarse en él. La competitividad, agresividad, rivalidad, el movimiento expansivo y la conquista que desarrollan los niños mediante juegos y deportes y alentados por los adultos, son cualidades necesarias para la afirmación de sí mismos y para la acción, por lo que serían también deseables en el desarrollo de las niñas y de su autonomía.

A la niña, sin embargo, se le siguen coartando los movimientos bruscos, expansivos, competitivos. Por la principal limitación, anterior a cualquier aprendizaje explícito y que proviene de épocas que ni siquiera conocemos, se refiere a la postura, al simple hecho de estar en el espacio. La postura cómoda de estar sostenida y plantada en la tierra con las piernas abiertas (de pie o sentada) que da seguridad y confianza al cuerpo, en la capacidad de agarrarnos al mundo, no se le ha permitido a la mujer desde antaño y se sigue socializando a la niña inhibiendo ese poder de ocupar un espacio con seguridad. Las niñas, desde que empiezan a andar, van interiorizando una forma de hacerlo, incorporando posturas bien vistas socialemente e inhibiendo posturas mal vistas. Esta limitación del movimiento se agrava además por la forma de vestirlas, con ropas suaves, bonitas y valiosas pero incómodas, que limitan su libertad y su autonomía. El vestido amplio podría servir a la libertad de movimientos, pero tendrá que cuidar de no ensuciarlo ni arrugarlo, de que no se le suba o ahueque demasiado para que no se le vean las bragas. Con esta limitación de posturas y movimientos la niña pierde confianza en su cuerpo, lo cual es perder la confianza en sí misma, lo que más tarde se manifestará en timidez, inseguridad, baja autoestima y dependencia. Esta limitación se mantendrá en la madurez con prácticas como el uso de tacones, faldas estrechas, bolsos que ocupan sus manos, etc.

Los juegos colectivos o en solitario de las niñas, los que socialmente se consideran propios de niñas, las conducen a la interiorización y el mundo privado. La niña aprende a cuidar, a responsabilizarse de otros, a proteger al débil, gestándose en ella sentimientos de compasión, comprensión, ternura, sacrificio; aprende a anteponer el cuidado de otros a sus logros personales, renunciando progresivamente a su yo individual. En la medida en que socialmente se atribuye este cuidado de otros únicamente y casi de forma exclusiva y necesaria, la niña va interiorizando que su vida sólo tiene sentido en función de otros, desarrolla una responsabilidad hacie los demás que la conducen en muchos casos al olvido de sí y a la dependencia. Así, este cuidado del otro, que en principio es deseable como actitud, tanto para niños como para niñas, si va acompañado de un olvido de sí, supone para la niña un alejamiento de la autonomía y de la libertad personal necesarias para llevar a cabo proyectos de vida propios, no ajenos.

El concepto de feminidad que niñas y niños siguen asumiendo desde la primera infancia en la familia y en sus primeros contactos con otros iguales es el acuñado por la cultura patriarcal y que se transmite en forma de estereotipos como debilidad, pasividad, dependencia, sensibilidad, complacencia a las expectativas masculinas. Del mismo modo, el concepto de masculinidad que asumen como el natural es el polarizado al de feminidad que se entiende como fuerza, acción, independencia, agresividad, superioridad, poder. Ambos conceptos se complementan fomentando la jerarquía de poder del patriarcado. Tanto los niños como las niñas interiorizan desde muy temprano que lo masculino es mejor y superior a lo femenino. Para ellas esto supone una baja valoración de sí mismas y un desarrollo no para la libertad sino para la dependencia, que repercutirá en su autoconcepto y autoaceptación; pero para ellos, no sólo provoca una contención de sus emociones, sino que genera un temor irracional a lo femenino. Si los niños meustran miedo, ternura, si expresan sus sentimientos, el medio social les hace creer que son femeninos o afeminados. También se les inhibe la expresividad  de sí mismos a través de una identificación temprana de la coquetería con afeminamiento y de la limitación de algunos de sus movimientos. Ciertos movimientos considerados femeninos (la danza, el baile, etc) se aprueban y estimulan en las niñas, mientras que se reprueban e inhiben en los niños. Ser femenino o afeminado se presenta como ser "no hombre" pero, como además la sociedad enseña a infravalorar lo femenino, significa ser menos. Esto conduce a un alejamiento de todo lo considerado femenino por miedo.

Por consiguiente, las expectativas y exigencias del mundo adulto no son iguales para los niños que para las niñas, generando, fomentando y reforzando continuamente comportamientos diferenciales, que van configurando los roles de género opuestos y contrastantes propios del patriarcado. Inconscientemente, madres y padres transmiten con sus actitudes los estereotipos extendidos en su sociedad, fomentando comportamientos que se ajustan a un determinado rol de género. Estas expectativas diferenciales de la familia hacia niños y niñas se imponen como mandatos de género y se van interiorizando desde tan temprano que generan formas de ser y de actuar aparentemente naturales. Después, otros agentes de socialización harán el resto mediante un refuerzo poderoso de comportamientos y actitudes".

Fuente: 

Herranz Gómez, Y. (2006). Igualdad bajo sospecha: El poder transformador de la educación. NARCEA: Madrid.

lunes, 6 de febrero de 2012

¿Te aburrías en la escuela?

Hoy les dejo un vídeo del programa Redes, de Eduad Punset, en el cual habla con Ken Robinson. Espero que les guste.



martes, 31 de enero de 2012

Si te agreden, ¡es por tu culpa!

Estoy alucinando. Buscando información y opiniones para un trabajo que estoy haciendo de una asignatura llamada Educación para la Paz, he encontrado este comentario:

"No puede ser que una mujer no pueda librarse de un hombre que le pega... Es su culpa dejarse pegar tanto... Además, la mayoría de las veces la mujer provoca la ira del varón para ser víctimas. No siempre pero la mayoria de las veces.

Y no son chorradas, hasta en Francia son más tontas las mujeres. Ni acá en Paraguay, donde somos casi cavernícolas, matamos tanto a nuestras parejas. Jajaja".

Es decir, que para esta persona, si una mujer es maltratada o asesinada, ¡es por su culpa! Y además es tonta y merece que se rían de ella.

Y lo peor de todo es que este pensamiento, me lo he encontrado en muchas situaciones.

Por ejemplo, recuerdo el caso de una compañera de clase que sufría acoso escolar. ¿Y qué decían los/as docentes y los/as psicólogos/as del centro? Le respondían lo siguiente: "Lo que te pasa es que eres débil, histérica y lo tomas todo de forma muy exagerada".

Vamos, que ya el problema no está en que hay gente violenta, que se pasa la vida haciendo daño a las demás personas. El problema no está en que una mujer maltratada pueda, perfectamente, tener miedo a que su pareja la mate o acabe con la vida de sus hijos/as. No, para nada. Lo que ocurre realmente es que las personas que sufren daños son idiotas, intútiles, débiles y se degan golpear.

El problema no está en que quienes agreden a otras personas tengan que dejar de agredir; el problema está en que las personas que son agredidas tienen que evolucionar y desarrollar una coraza de metal tanto física como psicológicamente.

El problema no está en que los/as nazis matasen a miles y miles de personas durante el holocausto; el problema está en los/as judíos/as se dejaban meter en las cámaras de gas.

El problema no está en que la esclavitud esté mal; el problema está en que las personas de color son perezosas y no les da la gana trabajar forzada y gratuitamente para la raza blanca.

El problema no está en que haya varones que se dediquen a agredir verbalmente por la calle a las mujeres; el problema está en que éstas son todas unas histéricas perdidas y no saben apreciar la belleza que contiene la expresión "ven y agáchate a lamérmelo".

El problema no es que haya personas que secuestren a niños/as para luego utilizarlos como soldados en las guerras; el problema está en que a esos/as niños/as les gusta jugar a las armas y utilizarlas contra su familia bajo amenazas.

El problema no está en que un padre viole a su hija; el problema está en que la hija era demasiado atractiva.

El problema no está en que una madre mate a su bebé a puñaladas porque no soportaba escucharlo llorar; es que el bebé no fue lo suficientemente fuerte como para no soportar diez meses sin comer...

Así que ya sabes, estimado/a lector/a: si te hacen daño, deja de quejarte y no tomes medidas contra tu agresor/a, pues si te agreden, ¡es por tu culpa!

Nota:

1- Para completar esta entrada recomiendo la lectura de esta entrada de Basta de sexismo.

2- Por si acaso, aviso de que no opino que las personas agredidas tengan la culpa de sufrir daños, sino que estoy siendo sarcástico.

lunes, 30 de enero de 2012

Rituales en rebaño.

Soy muy anti-ritualista, la verdad. Bastante. San Valentín, los cumpleaños... No me gustan para nada toda esa serie de rituales sociales, cuya única finalidad es, para mí, hacer que consumas y gastes dinero.

Y, ¿por qué no me gustan?, se preguntarán. Pues porque para mí no significan nada.

Para mí no significa absolutamente nada que una persona a la que apenas ves, una persona que prácticamente no existe en tu vida, aparezca un día por el único motivo de que es tu compleaños y te dé un regalo. Y después, pasada la fiesta, adiós, muy buenas; hasta otro año.

No soportaría tampoco estar con una persona que dice amarme pero que se acuerda de mí tan solamente el día de San Valentín, o que se piensa que por el hecho de darme un objeto material un día cualquiera, da muestras más que suficientes de que me ama. No, para nada me gusta eso. El amor para mí no es algo que se muestra con un objeto regalado un día establecido por la sociedad y las empresas.

"Oh, San Valentín, ¡qué bien! Vamos a demostrar al mundo cuánto nos amamos. Vamos a demostrar al mundo que somos una pareja feliz" ("y de paso vamos a fastidiar a quienes no tienen pareja", porque, según la sociedad, debemos estar en pareja. Si no, como parece ser que no existen más personas a parte de los/as novios/as, eres tonto/a, siempre estarás solo/a, etc, etc).

De hecho, párense a pensar lo siguiente: ¿Han visto alguna vez a alguna persona que invitó a un/a amigo/a a su cumpleaños y se enfadó porque no le trajo ningún regalo? ¿O han conocido a algún varón o a alguna mujer que recibía de vez en cuando detalles de su pareja, pero que se enfadó con ella porque el Día de San Valentín no le regaló nada?

Cuando suceden esas cosas, yo me pregunto: ¿Sucederá esto porque hoy día vivimos en un mundo que da más importancia a los bienes materiales que al cariño, el cuidado, el afecto, el amor de las personas? ¿Sucederá esto porque hoy día hay padres y madres que provienen de familias que no pudieron ofrecerles numerosos regalos, y por eso se pasan la vida dando objetos materiales, más que afecto, dando a entender que lo material es lo más importante? ¿O viene a ser consecuencia de unas situaciones laborales tan desfavorables, que mantienen a las familias casi sin la posibilidad de pasar el tiempo con sus hijos/as, y por ello los padres y las madres, apenados/as, viendo que a sus hijos/as les falta contacto, tratan de compensarlo con regalos?

Una relación con una persona cualquiera no debería basarse en lo que te da o no te da un día específico. Esto me recuerda a los exámenes finales que califican tu rendimiento como discente en función de lo que hiciste bien o mal ese día, en lugar de medir nuestro progreso diario. ¿Se imaginan que les pidesen a ustedes que valorasen a sus parejas, a sus familiares, a sus hijos/as con una nota, según cómo se comportó a una hora de un día determinado? Sería absurdo, ¿verdad?

Para mí una relación con una persona, ni siquiera una relación de pareja, nunca es seria. Ninguna pareja se construye para permanecer junta todos los días de su vida. Yo no he elegido a mi pareja para estar con ella el resto de mi vida, sino que cada día elijo, por algún o algunos motivos, estar con a ella (aunque no siempre sea físicamente). Por tanto, ¿no será más importante ese día a día, que un día señalado por vaya usted a saber quién?

No estoy diciendo que haya que suprimir los rituales, ni que la gente que sigue estas fiestas sea estúpida o que no debería hacerlos (cada cual que haga lo que le guste... o lo que la sociedad le inculca para que le guste). Porque de hecho a mí sí me gustan ciertos rituales, tan sólo que, más que estos rituales en rebaño, como ovejas que siguen al pastor (el consumismo), los que me gustan son los esporádicos, o los que surgen del corazón, no de la norma social; los que eligen las parejas o una persona persona misma, porque le es útil.

Porque para mí un simple regalo no es importante, sino lo que hay detrás: el sentimiento con el que se da. Si yo mañana le doy un beso, una caricia, un abrazo, una sonrisa, un regalo... algo, sea material o no, a mi pareja, lo hago porque la amo, porque deseo hacerlo; pero no lo hago porque debo hacerlo. Y cuando llega un cumpleaños o San Valentín, me da la sensación de que la gente por lo general se regala cosas porque es lo que toca, porque es lo que hay que hacer.

Por ese motivo a mí como regalos siempre me suelen gustar las manualidades realizadas por la persona que me las regala: poemas, cartas, dulces, dibujos... Porque no se tratan de regalos que consisten en pasar por la primera tienda que uno/a ve y compra lo primero que se le ocurre, sino que son regalos que implican un determinado tiempo. Y cuando alguien me regala parte de su tiempo, es como si me estuviese regalando una parte de sí mismo/a. Por tanto, por lo general, a mi entender, son regalos que llevan impresos detrás algo inmaterial: que le importas.

Además, ciertos rituales son importantes, ya que suponen una adaptación a un cambio; suponen una ayuda para dejar atrás algo y adentrarse en una nueva situación.

En el libro El camino de las lágrimas, de Jorge Bucay, el cual acabo de finalizar, se relata la historia de una mujer que tenía por ritual la visita cada domingo de su difunto esposo. Ella decía que tenía que ir, sí o sí, al cementerio a ver a su marido cada domingo porque allí se desahogaba, lloraba, se vaciaba el dolor que tenía dentro, y con ello el resto de la semana se encontraba bien. Sin embargo, de no seguir el ritual, pasaba toda la semana entera llorando.

Son este tipo de rituales los que a mí me gustan y de verdad me importan, pues son algo personal, algo que nos  pertenece, que nos sirve. Son algo que implica unos sentimientos muy profundos, en vez de basarse en el mero materialismo. Son rituales que llevan un contenido emotivo que le otorgan un gran valor.  

jueves, 26 de enero de 2012

La mujer sabia y la cuchara.

Vivimos en un Sistema Educativo en el cual se nos enseña que lo importante no es tanto el aprendizaje mismo, el deseo por saber, como la obtención de una serie de calificaciones y certificados. A causa de esto, los y las estudiantes suelen acabar perdiendo esa hermosa y fascinante motivación por el conocimiento que desarrollamos desde pequeños/as, para, lamentablemente, acabar centrándonos única y exclusivamente en si hemos aprobado o no una asignatura. Y esto se observa cuando los y las discentes optan por entregar trabajos mal elaborados, con información copiada directamente y sin leer desde la web, o cuando hacen trampas para obtener la mejor nota posible, sin haber desarrollado ninguna capacidad y sin haber aprendido nada en todo el curso (también podemos observarlo en la vida personal de algunas personas: Hay gente que hace todo cuanto puede para ligar con alguien y cuando ya son pareja, se relaja totalmente y parece olvidarse de ella. Es decir, que parece ser que lo importante para esas personas es ganar a su pareja como quien gana un trofeo, y no tanto el disfrutar junto a ella).

No voy a negar que el producto final en los estudios y en nuestra vida es importante. Pero bajo mi punto de vista, de nada sirve si llegamos al final sin haber disfrutado del viaje, sin haber contemplado los bellos caminos y paisajes por los que hemos transitado a lo largo del camino. Y eso es algo que nos enseña este cuento (lo leí en alguna parte, pero no sé dónde. Así que no pondré fuente y lo recrearé con mis propias palabras):

Habíase una vez un hombre que deseaba conocer el secreto de la felicidad. Un día se enteró que a lo alto de las montañas de un lugar no muy lejano a su pueblo, habitaba en un palacio una mujer muy sabia que, según decían, conocía cuál era el secreto de la felicidad.

Ilusionado, el hombre partió hacia aquel palacio para hablar con aquella mujer. Cuando llegó, llamó a la puerta y la mujer salió en su encuentro.

-¿Qué desea? -le preguntó.

-Buenas, señora. Discúlpeme las molestias, pero he oído que conoce el secreto de la felicidad y, si no le importa, me gustaría hablar con usted un momento para que me enseñe tal secreto.

La mujer, con una sonrisa, le hizo pasar a su palacio. Por dentro parecía un auténtico museo. Estaba lleno de pinturas, esculturas y objetos bellísimos y de gran valor.

-Para poder conocer el secreto de la felicidad, señor, primero deberá recorrer mi palacio. Pero, antes de hacerlo, tenga aquí una cuchara llena de aceite. Este aceite es muy importante para mí, así que, por favor, procure no derramarlo. Le esperaré aquí en la entrada.

El hombre recorrió la instancia con la mirada siempre fija en la cuchara para que no se derramase el aceite que ésta contenía. 

-Estoy seguro -se dijo en murmullos- de que si se cae el aceite no me dirá el secreto de la felicidad, así que tengo que tener mucho cuidado de que no se caiga.

Cuando terminó de recorrer el palacio, se dirigió a la entrada. Como había dicho, la mujer estaba allí esperándolo.

-Hola de nuevo, buen hombre -dijo ella-. ¿Qué te ha parecido mi palacio? ¿Te han gustado los cuadros y los utensilios que lo decoran?

El hombre, avergonzado, dijo despacio:

-Lo siento, señora, pero estaba tan pendiente de que no se derramase el aceite, que no he contemplado nada de lo que hay en su hogar.

-Pues lo siento mucho, señor, pero para poder contarle el secreto de la felicidad deberá conocer mi casa. No puedo mostrarle una parte de mi conocimiento si primero no conoce mi casa.

Aún con la cuchara en la mano, el hombre recorrió de nuevo el palacio, pero esta vez fijándose en cada cuadro, en cada objeto, en cada escultura, en cada detalle. Y entonces descubrió que el palacio era mucho más hermoso de lo que había pensado al principio; además de que aprendió mucho al contemplarlo.

Llegó de nuevo a la entrada de palacio, donde estaba, al igual que antes, la mujer esperándolo. La mujer se fijó en la cuchara que sostenía el hombre y le preguntó:

-¿Dónde está el aceite? ¡No queda una sola gota en la cuchara!

-¡Lo siento mucho! -exclamó él, avergonzado-. He estado tan pendiente de todo cuanto hay en su palacio que me olvidé del aceite.

La mujer sonrió.

-Ahora puedes conocer el secreto de la felicidad: Hay que tratar de no olvidar derramar el aceite de la cuchara (nuestra meta), sin perdernos la belleza que contiene el palacio (todo aquello que nos muestra y ofrece el camino).
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