miércoles, 28 de septiembre de 2011

Elogia a tus hijos/as por su esfuerzo.

Ser Filosofista, del blog Ser Filosofista, me ha pasado por correo un artículo muy interesante en el que se indica que es mejor elogiara los niños y las niñas por el esfuerza que realizan, y no tanto por su inteligencia. Muchas gracias, Ser Filosofista.

Os dejo con el artículo:

"Carol Dweck, psicóloga de Stanford, ha dedicado años a demostrar que uno de los elementos fundamentales de la educación satisfactoria es la capacidad de aprender de los errores (1). Sin embargo, acostumbramos a enseñar justo lo contrario. Enseñamos que si un niño comete errores, es que no es muy listo. El listo no comete errores, y además le elogiamos precisamente por ello, por ser listo. Pocas personas son las que elogian a los demás por su esfuerzo, y no por su capacidad innata.

Dweck realizó un experimento con más de 400 niños de doce escuelas de Nueva York: les sometía a una prueba muy fácil consistente en un puzzle no verbal. Una vez terminado, el experimentador decía la nota al niño, seguida de una frase de elogio. La mitad de los niños eran elogiados por su inteligencia; la otra mitad, por su esfuerzo.

A continuación, se les permitía escoger entre dos pruebas diferentes. La primera opción se describía como una serie de puzzles más difíciles, pero se decía a los niños que si lo intentaban, aprenderían mucho. La otra opción era un test fácil, parecido al que ya habían hecho.


Al idear el experimento, Dweck había imaginado que las distintas formas de elogio tendrían un efecto más bien moderado. Al fin y al cabo, era sólo una frase. Sin embargo, pronto quedó claro que el tipo de cumplido que se hacía a los alumnos de quinto grado influía espectacularmente en su posterior elección de las pruebas. Del grupo de niños felicitados por su esfuerzo, el 99 % escogió el conjunto de puzles difíciles. Por su parte, la mayoría de los chicos elogiados por su inteligencia se decidieron por el test más fácil.Cuando elogiamos la inteligencia de un niño, en realidad le estamos transmitiendo el mensaje: sé listo, no te arriesgues a cometer errores.

Los siguientes experimentos de Dweck también sugieren que este miedo al fracaso también inhibe el aprendizaje. Con el mismo grupo de grupo de niños se les sometió a otra prueba, en esta ocasión muy difícil, para comprobar cómo respondían al desafío. Los que hubieron sido elogiados por su esfuerzo en la primera prueba, trabajaron con denuedo para resolver el problema, implicándose con gran entusiasmo. Sin embargo, los niños alabados por su inteligencia se desanimaron enseguida, porque consideraban sus inevitables errores como señales de fracaso: quizá, en el fondo, pensaban, no eran tan listos.

La serie final de pruebas presentaba el mismo nivel de dificultad que la primera. En todo caso, los alumnos elogiados por su esfuerzo mostraron una mejora significativa: aumentaron su puntuación media un 30 %. Como esos niños estaban dispuestos a aceptar retos (aunque al principio ello significara fallar), acabaron rindiendo a un nivel muy superior. Este resultado era aún más digno de admiración al hacer la comparación con los alumnos que habían sido asignados al azar al grupo de los “listos”: sus puntuaciones bajaron una media de casi el 20 %. Para los niños “listos”, la experiencia del fracaso había sido tan desalentadora que en realidad experimentaron un retroceso".


Nota:

(1) - Les adjunto una entrada que hice, por si les interesa, relacionada con enseñar a equivocarse.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El método socrático.

Sócrates (469-399 a. C) es considerado el padre de la filosofía. Frente a los sofistas, quienes se consideraban como maestros sabios, y que se preocupaban fundamentalmente por los temas científicos, Sócrates reivindicó la búsqueda de la verdad, pero ya no tanto sobre la realidad externa, el mundo, sino más bien sobre los valores humanos: lo que era o no justo, lo bueno y lo malo, etc.
A Sócrates le preocupa el ser humano desde todas sus perspectivas; en especial como sujeto moral. Y esta moral, para él, implica:

- Conocerse a uno/a mismo/a.
- Saber qué es bueno y qué es malo.
- Dirigir las acciones humanas al bien.

Es decir, hay que tratar de alcanzar la perfección.

Por ende, para él, el ser humano es un ser imperfecto que necesita aprender, mejorar, buscar la perfección. No es, a diferencia de cómo se consideraban los sofistas, un ser sabio que todo lo conoce. Sócrates decía "Sólo sé que no sé nada".

Y en base a la renovación y a la búsqueda de la verdad, Sócrates constituye un método basado principalmente en la dialéctica, el diálogo, la interactuación entre el maestro o la maestra y su discípulo/a; lo que trae consigo la comunicación docente (no necesariamente institucionalizada), la apertura del maestro o la maestra a sus educandos, las preguntas y respuestas como partes del diálogo, la suscitación de nuevos temas...

Las fases principales del método socrático, en el siguiente orden, son:

-La exhortación: Consiste en persuadir al interlocutor o la interlocutora para buscar la verdad. Por tanto, consiste en motivar al alumnado y hacer que se interese por el tema.

Recuerdo que una vez tuve un profesor de física y química que siempre comenzaba las clases con un experimento. Una vez cogió un cubo de gua y una cucharilla que llenó de sodio puro. Antes de introducir el sodio en el agua, nos preguntó "¿Qué pensáis que sucederá? ¿Se disolverá? ¿Saldrán burbujas?". Luego echó el sodio en el agua y salió una pequeña llama de él. "Oh. ¿Qué ha sucedido? -nos preguntó-. ¿Alguien lo sabe? ¿No? ¿Queréis que os lo explique y luego hacemos más experimentos?".

Este profesor era alucinante (y además este experimento lo hizo bien. Me acuerdo que hubo un día en que le salió mal y acabó echando tanta cantidad de sodio que quemó el techo y tuvo que coger un extintor, jajajaja).

- Después tenemos la indagación: Se refiere a la investigación, a la búsqueda de la verdad. La indagación se divide en dos fases:

-- La ironía, o acción de interrogar para salir de la ignorancia. Ésta fase me encanta. Siempre que explico unos ejercicios u otra cosa, hago preguntas que van guiando al niño o la niña. No me gusta eso de dar las respuestas y que éste/a lo va. Prefiero orientarle y que él/ella dé con la solución. Con esto, no solamente aprende, bajo mi punto de vista, mejor, sino que, además, al ser él o ella quien ha encontrado la respuesta por su propia cuenta, he notado que se siente más motivado/a. He tenido ocasiones en las que el niño o la niña, al encontrar la respuesta al ejercicio, dice: "Me ha salido", y se alegra. Sin embargo, cuando me encuentro en una situación en la que no soy capaz de hacer esto y me veo obligado a explicarlo de forma normal y a hacer yo el ejercicio, los/as niños/as suelen exclamar "Ah, ya lo entiendo. Gracias". La verdad, me gusta más cuando se sienten ellos/as dueños/as de su propio aprendizaje (Nota: Esto es lo que me ha sucedido a mí. No tiene por qué ser algo genérico).

Un ejemplo sería el siguiente: 

Si mis niños/as ven un elefante en un dibujo y me preguntan por él, en vez de responder directamente, les pregunto yo:

-¿Eso es un animal o qué es?
-Un animal, responden.
-¿Y dónde podemos buscar información de los animales?
-Me señalan un libro de animales que hay en la estantería.
-Vamos a buscar.

Sacamos el libro, buscamos y accedemos a la información; entonces empezamos a leer y les explico. Y de paso, mientras van buscando, se topan en el libro con animales nuevos que también les llaman la atención, y con una pregunta sobre los animales, acabamos viendo jirafas, monos, los elefantes, etc.

También se podría emplear un juego que me enseñó Euphorbia, del blog Euphorbia splendens, que empecé a poner en práctica los últimos días antes de irme del centro de prácticas, y que es muy divertido. Se trata de hacer definiciones por turnos. Se preguntan mutuamente "¿Qué es tal cosa?", y cuando le toca al niño o la niña responder, tiene que organizar su respuesta, para lo cual ha de pensar y buscar la información.

-- Por último, la mayéutica. Es la acción de "dar a luz"; "hacer nacer una verdad". Sócrates opinaba que tenemos un alma que proviene del mundo de las ideas. Allí el alma lo conoce todo, pero al venir a la Tierra lo olvida. La mayéutica consiste en hacer aflorar esos recuerdos olvidados. Consiste dar a luz el conocimiento que el alma almacena en su interior. Yo no tengo esas creencias del mundo de las ideas que tenía Sócrates, pero sí opino que, tal y como decía Plutarco, "la mente no es un vaso para llenar, sino una lámpara para encender". Hacer nacer una idea, en vez de introducirla en la mente, me parece lo óptimo, pues con ello se permite un pensamiento crítico, razonado, flexible, nacido del niño o la niña; y no una idea proveniente de la memorización y el adoctrinamiento.

El método socrático es un método que adoro, dado que me permite seguir plenamente mis ideas pedagógicas a la hora de encontrarme con el alumnado. Me permite ser un guía, más que un instructor. Me permite que las clases sean dinámicas, abiertas, participativas tanto por mi parte como por parte de los/as discentes. Me permite, en definitiva, hacer clases más divertidas, y no acabar dando esos sermones aburridos en los que el profesorado habla mientras el alumnado calla y traga.

Aquí les dejo, por si les interesa,  el link del libro Menón, de Platón, en el que Sócrates tiene una conversación con Menón, y emplea su método para indagar sobre la vitud: http://proyectotelemaco.wikispaces.com/file/view/Menon.pdf

domingo, 18 de septiembre de 2011

El lado oscuro de la oxitocina.

Hoy Kuxille me ha mostrado una página en la que se hablaba sobre un estudio reciente de la oxitocina, que me parece sumamente curioso.

Tal y como ya indiqué en mi entrada ¿Por qué no todo se puede explicar con hormonas?, sacar conclusiones sobre la esencia del ser humano solo a partir de las hormonas (cosa que pretenden hacer, por ejemplo, muchas personas sexistas que tratan de establecer un patrón fijo para cada sexo en función de sus hormonas), es decir, teniendo en cuenta exclusivaente la biología, me parece equivocado, ya que el cerebro humano (y también la genética, tal y como muestra la epigenética, aunque eso pertenecerá a otra entrada), es moldeable, dada la cantidad de estímulos diferentes que recibimos a cada segundo de nuestra vida.

La razón más lógica de por qué no todo se puede explicar con hormonas, es básicamente, porque no conocemos con exactitud su funcionamiento, y tal vez no pueda conocerse en mucha profundidad, ya que, tal y como muestra este estudio, las hormonas en ocasiones no tienen una única función.

Pues bien, vayamos con la oxitocina, que es este caso. Siempre hemos oído decir que dicha hormona es la encargada de favorecer el apego entre la madre y el o la bebé (y no solamente a la madre. En este otro estudio se muestra que también ocurre, y en la misma cantidad, con los padres. ¿Quién dijo que los varones no sienten aprecio por sus hijos/as?). También he leído que se encarga de producir las contracciones y dilataciones durante el parto. Pero, según el artículo, la función de la oxitocina también tiene un lado oscuro: la oxitocina también genera envidia y altanería.

En el estudio, el cual puede hallarse en la revista Psychological Science, en el número publicado en Agosto del 2011 (en el siguiente link: http://cdp.sagepub.com/content/current, pueden descargarse los archivos en PDF de los temas tratados en esa revista. Están todos en inglés), Andrew Kempt, uno de los autores, de la Universidad de Sidney, expica que:

“Estudios recientes han demostrado que personas administradas con oxitocina durante un estudio de juegos económicos, desarrollaron más la envidia y la altanería que otras emociones positivas. Pensamos que la oxitocina, en vez de apoyar todas las emociones sociales promueve más bien lo que los psicólogos llamamos el acercamiento emocional, emociones que tienen que ver con querer algo en vez de huir de ello. Si buscas la definición de envidia en el diccionario de Oxford te dirá que es aquello que deseamos para nosotros al nivel de alguien más, es la felicidad o la posesión de algo deseable, es una emoción que tiene que ver con el acercamiento, yo quiero lo que tienes".

Asimismo, Adam Guastella, autor también, dice que:

“Si tomas a un criminal con tendencias agresivas y decides darle oxitocina para hacerlo más sociable, la realidad es que la hormona lo que puede hacer es aumentar su rabia en vez de inhibirla y eso tiene implicaciones significativas en el tratamiento de la conducta”.

Así pues, antes de andar con afirmaciones absolutas e inamovibles, aceptemos que la ciencia no puede ser siempre exacta, pues siempre seguirá avanzando y encontrando nuevas cosas, y que la "naturaleza humana" no puede simplificarse a una sola variable.

La especie humana no es meramente prducto de la biología. Su educación es muy influyente.

Aprendamos a ser personas críticas, a ver más allá de lo que vemos, y sobre todo, no dejemos que la ciencia, más que ciencia, acabe siendo una religión dogmática, en la que o aceptas lo que te dicen, o estás loco/a.


Fuente:


jueves, 15 de septiembre de 2011

Todos/as somos egoístas.

Sinceramente, opino que todas las personas del mundo somos, sin excepción alguna, egoístas, y que, por lo tanto, todo lo que hagamos, siempre, siempre, será para nuestro propio beneficio. Ahora bien, conviene que dicte los dos tipos de egoísmo que distingo:

-Egoísmo negativo: Es aquel a lo que denominamos como egoísmo, y consiste en, según el diccinario, un excesivo amor o aprecio que tiene una persona por sí misma, y que le hace atender desmedidamente a su propio interés, sin preocuparse de las demás personas.

-Egoísmo positivo: Considero que surge el egoísmo positivo cuando buscamos realizar un bien a otra persona. Esto es lo que se le denomina altruismo. Pero, ¿por qué lo denomino egoísmo positivo en vez de altruismo? Por la siguiente razón:

Por que todo bien que hacemos a otra persona, en mayor o menor medida, consciente o inconscientemente, de un modo u otro, y aunque parezca mentira, nos supone algún beneficio.

Por muy mal que lo pasemos haciendo algún bien a otra persona (aunque tal acción nos lleve a la muerte), realmente tal situación era lo que más nos convenía o lo que más deseábamos, porque de no haber actuado así, posteriormente nos sentiríamos mal con nosotros/as mismos/as, nos arrepentiríamos y no nos lo podríamos perdonar. Realmente cuando somos altruistas, es porque nos sentimos mejor con nosotros/as; porque de un modo u otro, aunque sólo sea de una manera moral, interna, psíquica, inconsciente, espiritual (como se desee llamar), llevar a cabo esa acción nos reconforta.

Opino que debemos ser conscientes, por lo menos, de que no podemos reprochar siempre y desmedidamente a las demás personas ser egoístas. ¿Por qué? Porque cuando alguien te dice "eres un/a egoísta", realmente te lo está diciendo por puro egoísmo. Esa persona no quiere que seamos egogístas con ella, porque lo que desea lo quiere para sí misma. Cuando alguien te llama egoísta, lo que quiere decir es "No pienses en ti. Piensa en mí".

¡Ojo! Con esto no alego que el mundo deba ser negativamente egoísta. Pienso, sin duda alguna, que lo mejor es aprender a ayudarnos y a compartir; es decir, a ser positivamente egoístas. Pero no olvidar, en primer lugar, que cuando enseñamos el, a mi entender, mal llamado altruismo, lo hacemos por egoísmo, y en segundo término, que jamás llegaremos a ser verdaderamente altruistas (¿Cómo podemos llegar a amar al cien por cien a otra persona si en primer lugar no nos apreciamos a nosotros/as?).

Creo, sinceramente, que la clave está en la fórmula que dejó Jesús de Nazaret:

Amar al prójimo como a ti mismo.

Para mí la clave está en esta expresión, gracias al como. Si amas a alguien como a ti mismo/a, significa que no te amas por encima de toda persona, pero al mismo tiempo tampoco te amas por debajo. No te pones ni en una posición de superioridad ni en una posición de inferioridad. Si amamos a alguien como a nosotros/as mismo/as, será un amor en condiciones de igualdad. Con lo cual, somos egoístas porque nos amamos, pero al mismo tiempo somos altruistas porque también amamos a las demás personas. En resumen, acabamos siendo egoístas de un modo positivo... Hacemos el bien a las demás personas, al mismo tiempo que también nos lo hacemos a nosotros/as.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡A por la especialidad!

Hoy ya he echado la matrícula de cuarto curso. Este año entro en el segundo Ciclo de la Licenciatura en Pedagogía, y es ahora cuando empiezo a especializarme. De las tres especialidades que existen (Pedagogía Escolar, Pedagogía Social y Pedagogía Laboral), me he decantado por Pedagogía Escolar. Así pues, a partir de este año, seré un estudiante de la Licenciatura en Pedagogía... Escolar.

Por un lado estoy bastante contento; dando saltitos de alegría. Por otro, estoy un poco nervioso. ¡A ver qué me depara este curso!

Y pensar que me parece que fue ayer cuando entré por primera vez en la Universidad... :o)

jueves, 8 de septiembre de 2011

¿Radicalismo pro-crianza natural? No, gracias.

Hoy he visto un blog en el que se decía que usar biberón es como maltratar a tu hijo/a. No es la primera vez que doy con un escrito de este tipo, en el que se condena a aquellas familias que emplean el biberón o la leche de fórmula.

Tal y como ya expliqué en otra entrada, "Mi opinión sobre la crianza natural", estoy a favor de la lactancia materna más que de la artificial, y de la crianza natural (la cual, por cierto, a mi modo de ver, no ha de ser vista como una especie de pack que contiene un conjunto de reglas a seguir a raja tabla. Que yo apoye la crianza natural no implica, por ejemplo, que con ello deje de apoyar la vacunación). Y, tal y como he explicado en otras varias ocasiones, si estoy en desacuerdo con algo, es contra el radicalismo que profesan muchas personas seguidoras de la crianza natural, hasta el punto de llegar a insultarte si no sigues todas las normas que ellas cumplen.

No voy a negar que existen ciertas pautas pedagógicas que para mí son inadmisibles en toda circunstancia, tales como el maltrato físico y/o psicológico, entre otras. Mas, hoy por hoy, no puedo hallarme en contra del uso de determinadas herramientas o de determinadas pautas, ya que sin ellas podríamos poner en juego la vida de muchos/as bebés, o incluso de la madre.

No, no puedo considerar como algo aborrecible el empleo del biberón, en tanto que permite que muchos/as bebés, cuyas madres tienen numerosos problemas a la hora de amantar, sean alimentados/as. No, no podría estar en contra de una incubadora, ese dichoso trozo de plástico con cables, como algunos/as lo llaman, cuando ese mismo trozo de plástico con unos cuantos cables me salvó la vida (nací muy prematuro, con cinco meses y medio, y fue gracias a la incubadora, en la que pasé seis meses, y no a mi padre ni a mi madre, por quien logré desarrollarme adecuadamente). No, no podría estar en contra de ciertas cosas... que traen multitudes de beneficios si se emplean en sus debidas circunstancias.

En todo caso, estaría en contra de que el biberón, la leche artificial, la incubadora, y de otras muchas cosas que critican quienes siguen la crianza natural a ultranza, se usasen por defecto, en todo contexto, y se omitiese o prohibiese lo opuesto.

Pero hay algo que me alarma mucho de estas personas radicales, a parte de su sádica actitud (digo sádica, porque muchas de ellas hablan con tal arrogancia, que parecen creerse una especie de dioses/as en posesión de la verdad absoluta, y llegando a disfrutar humillando a quienes no se encuentran en su postura). Ese algo que también me alarma mucho es su cinismo, su hipocresía. 

Por lo general, se trata de personas que dicen ofrecer todo lo natural, pero luego cuentan dar chucherías. Son personas que dicen proteger contra la leche artificial y el biberón, pero luego usan el coche para transportarse de un lado a otro, cosa que contamina a sus hijos/as, al resto de sus familiares, a mí y a todo el mundo. Son personas que se horrorizan si dices que los varones podemos dar el pecho, siempre con la excusa de que eso no es natural (y digo yo, ¿cómo no va a ser natural, si podemos hacerlo naturalmente, dado que también poseemos glándulas mamarias? Además, yo esto no lo anuncio para decir que debemos amamantar los hombres, sino porque hay familias a quienes esto les puede interesar, y porque el pezón del varón puede emplearse perfectamente, como hacen los Pigmeos Aká, para calmar al bebé, como si de un chupete se tratase), pero no se horrorizan, sin embargo, al verse a sí mismas viviendo en una casa construida por ladrillos y cemento, algo que no se ve en la naturaleza, en vez de en cuevas o en árboles, cosa sí natural. Son personas que, al parecer sin darse cuenta, promulgan sus ideas mediante blogs, para lo que deben usar un ordenador que consume energía producida en una central que contamina el medio ambiente y sus vidas. ¿Y eso les parece natural?

Espero que no lleguen incluso al punto del escritor, filósofo y pedagogo Jean Jacques Rousseau, quien estaba tan aferrado a una crianza y educación naturales, que llegaba a decir que el mejor castigo era el natural, y ponía como ejemplo que si un niño rompe una ventana con la pelota, debíamos castigarle dejándole junto a la ventana para que se resfriase y aprendiese, con ello, que romper ventanas es perjudicial.

Digo que espero que no acaben opinando que lo mejor es castigar naturalmente, porque podría darse el fatídico caso de que un día se les ocurra dejar a sus hijos/as ahogándose un rato en el agua de la piscina, si éstos/as desobedecen a la orden de "No te metas en el agua". Por su puesto, sería un castigo natural, pero, a mi entender, algo bastante cruel.

De igual forma que sería cruel permitir las guerras con el pretexto de que las peleas entre animales son de lo más natural.

De la misma manera en que sería cruel eliminar la medicina con la excusa de que morir a causa de las enfermedades es lo natural.

Del mismo modo que sería cruel, bajo mi punto de vista, dejar fallecer a bebés que nacen de forma prematura o con algunos problemas; lo cual, si no me equivoco, sería realmente lo natural.

Así pues, con esto y otras cosas que pueden venírseme a la cabeza, comienzo a preguntarme si realmente lo natural es siempre, bajo cualquier contexto, por defecto y por definición, lo mejor.

Esta entrada, esta crítica, no va dirigida a las personas que apoyan la crianza natural, sino en especial a las personas radicales que siguen este tipo de crianza. Y a esas personas, yo les quisiera preguntar: ¿No se dan cuenta de que la ciudad en la que ustedes viven no es natural? ¿Qué les parece si yo ahora a ustedes les llamo malas madres o malos padres, por vivir en una ciudad en vez de en el campo?

viernes, 2 de septiembre de 2011

Yo no me considero superior a mis alumnos/as.

A lo largo de la vida, e incluso actualmente, mucha gente ha concebido y concibe la relación educador/a - educando como una relación de jerarquías, en donde quien educa se encuentra por encima de la persona que es educada. Y, sobretodo, dicha relación se establece a raíz de la autoridad; una autoridad adquirida gracias al poder que se le otorga a los/as educadores/as sobre sus educandos, en la cual se lleva a cabo la voluntad inamovible e incuestionable de quienes educan.

Pero yo no concibo dicha relación como una relación de poder, como una jerarquía en la que una parte domina sobre la otra. Yo veo la relación entre un/a docente y sus discentes como una relación entre iguales; entre dos personas que comparten parte de su mundo, de su vida, de sus intereses, de sus ideas... de sí mismas.

Yo no soy un genio frente a un/a imbécil. Somos, simplemente, dos personas con experiencias diferentes. Y esta es mi única ventaja: que yo tengo, se supone, más experiencia que mis niños/as, y por ende, se supone que soy yo quien puede enseñarles y educarles a ellos/as. Es por ese motivo por el cual nos centramos en ellos/as, por lo que nos fijamos en "su problemática". Una vez que ellos/as hayan adquirido esa experiencia, no habrá diferencia. 

Yo sé sumar, restar, dividir, multiplicar, leer, escribir... y muchas cosas más. A los niños y las niñas que accedan a mí sin conocer tales cosas, tendré que enseñarles. Pero, una vez que les haya enseñado, una vez que conozcan... ¿qué diferencia hay entre ellos/as y yo? Una vez que ellos/as hayan adquirido la experiencia necesaria, podrán sumar, restar, dividir, multiplicar, leer, escribir, etc, igual que yo; y, por qué no, puede que lleguen a hacerlo incluso mejor.

Y es justamente porque se considera que el o la discente siempre aprende y que el o la docente siempre enseña, el motivo por el cual se considera superior/a a quien enseña y educa. Pero una advertencia: considerar esto es un error. ¿Por qué? Fácil: Porque el/la docente también aprende enseñando, y el/la discente también enseña durante el proceso de su educación y formación.

Yo, mientras enseño, aprendo cuáles son mis errores, aprendo a mejorarme a mí mismo, aprendo a perfeccionar mi práctica docente, aprendo a conocer mejor a los niños y las niñas... Aprendo, en definitiva, muchas cosas de mis alumnos/as. Por ende, soy profesor y aprendiz al mismo tiempo. Mis alumnos/as, por su parte, mientras aprenden, me enseñan todo cuanto logro aprender con ellos/as y de ellos/as.

Y por todo ello, no me gusta ejercer una autoridad disciplinaria y dictatorial sobre ellos/as. A mí me gusta que mi autoridad sea lograda mediante la admiración, por prestigio

Si ahora mismo usted está leyendo esta entrada es porque quiere. Nada ni nadie le obliga (al menos, eso espero). Lo hará porque le gusta leer lo que escribo, porque le parece útil, porque lo considera interesante, o quizá porque escribo cosas tan patéticas que le causa gracia leerme. No sé cuál es el motivo que le incita a leer esta entrada o a seguir mi blog, pero desde luego, imagino, no es el miedo ni una causa externa lo que les lleva a ello. Si esto fuese una clase, se podría decir que tengo una cierta autoridad. Mas ésta sería una autoridad lograda no por la fuerza sino porque consideran que seguirla les aporta algo, porque considerarían que tengo algo que puedo mostrarles y que les sería útil.

Y así es como me gustaría que fuese siempre: que cuando alguien quiera aprender de mí, sea porque le gusta, por amor al conocimiento, y no porque soy su profesor y tiene que obedecerme.

De hecho, si algún día tengo algún hijo o alguna hija, no le enseñaré que debe amarme porque soy su padre y me debe respeto (relación por sangre), sino que le enseñaré que si me ama, deberá hacerlo por lo que significo para él/ella, por cómo le trate, por cómo soy (relación afectiva).

Concluyendo:

Entonces, en la relación entre un/a educador/a y sus educandos, en una relación que es simbiótica, en una relación en la que ambas partes aportan y reciben experiencia, en una relación en la cual ambas partes se enriquecen y crecen, en una relación en la que la única diferencia radica en la diferencia de experiencia adquirida, ¿por qué considerar a una parte superior a la otra?

No. Definitivamente, no me considero superior a mis alumnos/as.
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