sábado, 24 de septiembre de 2011

El método socrático.

Sócrates (469-399 a. C) es considerado el padre de la filosofía. Frente a los sofistas, quienes se consideraban como maestros sabios, y que se preocupaban fundamentalmente por los temas científicos, Sócrates reivindicó la búsqueda de la verdad, pero ya no tanto sobre la realidad externa, el mundo, sino más bien sobre los valores humanos: lo que era o no justo, lo bueno y lo malo, etc.
A Sócrates le preocupa el ser humano desde todas sus perspectivas; en especial como sujeto moral. Y esta moral, para él, implica:

- Conocerse a uno/a mismo/a.
- Saber qué es bueno y qué es malo.
- Dirigir las acciones humanas al bien.

Es decir, hay que tratar de alcanzar la perfección.

Por ende, para él, el ser humano es un ser imperfecto que necesita aprender, mejorar, buscar la perfección. No es, a diferencia de cómo se consideraban los sofistas, un ser sabio que todo lo conoce. Sócrates decía "Sólo sé que no sé nada".

Y en base a la renovación y a la búsqueda de la verdad, Sócrates constituye un método basado principalmente en la dialéctica, el diálogo, la interactuación entre el maestro o la maestra y su discípulo/a; lo que trae consigo la comunicación docente (no necesariamente institucionalizada), la apertura del maestro o la maestra a sus educandos, las preguntas y respuestas como partes del diálogo, la suscitación de nuevos temas...

Las fases principales del método socrático, en el siguiente orden, son:

-La exhortación: Consiste en persuadir al interlocutor o la interlocutora para buscar la verdad. Por tanto, consiste en motivar al alumnado y hacer que se interese por el tema.

Recuerdo que una vez tuve un profesor de física y química que siempre comenzaba las clases con un experimento. Una vez cogió un cubo de gua y una cucharilla que llenó de sodio puro. Antes de introducir el sodio en el agua, nos preguntó "¿Qué pensáis que sucederá? ¿Se disolverá? ¿Saldrán burbujas?". Luego echó el sodio en el agua y salió una pequeña llama de él. "Oh. ¿Qué ha sucedido? -nos preguntó-. ¿Alguien lo sabe? ¿No? ¿Queréis que os lo explique y luego hacemos más experimentos?".

Este profesor era alucinante (y además este experimento lo hizo bien. Me acuerdo que hubo un día en que le salió mal y acabó echando tanta cantidad de sodio que quemó el techo y tuvo que coger un extintor, jajajaja).

- Después tenemos la indagación: Se refiere a la investigación, a la búsqueda de la verdad. La indagación se divide en dos fases:

-- La ironía, o acción de interrogar para salir de la ignorancia. Ésta fase me encanta. Siempre que explico unos ejercicios u otra cosa, hago preguntas que van guiando al niño o la niña. No me gusta eso de dar las respuestas y que éste/a lo va. Prefiero orientarle y que él/ella dé con la solución. Con esto, no solamente aprende, bajo mi punto de vista, mejor, sino que, además, al ser él o ella quien ha encontrado la respuesta por su propia cuenta, he notado que se siente más motivado/a. He tenido ocasiones en las que el niño o la niña, al encontrar la respuesta al ejercicio, dice: "Me ha salido", y se alegra. Sin embargo, cuando me encuentro en una situación en la que no soy capaz de hacer esto y me veo obligado a explicarlo de forma normal y a hacer yo el ejercicio, los/as niños/as suelen exclamar "Ah, ya lo entiendo. Gracias". La verdad, me gusta más cuando se sienten ellos/as dueños/as de su propio aprendizaje (Nota: Esto es lo que me ha sucedido a mí. No tiene por qué ser algo genérico).

Un ejemplo sería el siguiente: 

Si mis niños/as ven un elefante en un dibujo y me preguntan por él, en vez de responder directamente, les pregunto yo:

-¿Eso es un animal o qué es?
-Un animal, responden.
-¿Y dónde podemos buscar información de los animales?
-Me señalan un libro de animales que hay en la estantería.
-Vamos a buscar.

Sacamos el libro, buscamos y accedemos a la información; entonces empezamos a leer y les explico. Y de paso, mientras van buscando, se topan en el libro con animales nuevos que también les llaman la atención, y con una pregunta sobre los animales, acabamos viendo jirafas, monos, los elefantes, etc.

También se podría emplear un juego que me enseñó Euphorbia, del blog Euphorbia splendens, que empecé a poner en práctica los últimos días antes de irme del centro de prácticas, y que es muy divertido. Se trata de hacer definiciones por turnos. Se preguntan mutuamente "¿Qué es tal cosa?", y cuando le toca al niño o la niña responder, tiene que organizar su respuesta, para lo cual ha de pensar y buscar la información.

-- Por último, la mayéutica. Es la acción de "dar a luz"; "hacer nacer una verdad". Sócrates opinaba que tenemos un alma que proviene del mundo de las ideas. Allí el alma lo conoce todo, pero al venir a la Tierra lo olvida. La mayéutica consiste en hacer aflorar esos recuerdos olvidados. Consiste dar a luz el conocimiento que el alma almacena en su interior. Yo no tengo esas creencias del mundo de las ideas que tenía Sócrates, pero sí opino que, tal y como decía Plutarco, "la mente no es un vaso para llenar, sino una lámpara para encender". Hacer nacer una idea, en vez de introducirla en la mente, me parece lo óptimo, pues con ello se permite un pensamiento crítico, razonado, flexible, nacido del niño o la niña; y no una idea proveniente de la memorización y el adoctrinamiento.

El método socrático es un método que adoro, dado que me permite seguir plenamente mis ideas pedagógicas a la hora de encontrarme con el alumnado. Me permite ser un guía, más que un instructor. Me permite que las clases sean dinámicas, abiertas, participativas tanto por mi parte como por parte de los/as discentes. Me permite, en definitiva, hacer clases más divertidas, y no acabar dando esos sermones aburridos en los que el profesorado habla mientras el alumnado calla y traga.

Aquí les dejo, por si les interesa,  el link del libro Menón, de Platón, en el que Sócrates tiene una conversación con Menón, y emplea su método para indagar sobre la vitud: http://proyectotelemaco.wikispaces.com/file/view/Menon.pdf

5 comentarios:

Euphorbia dijo...

Gracias por la mención y me alegro de que el juego te funcionara con tus niños, la verdad es que es muy útil para que organicen sus ideas, clasifiquen, en definitiva, que piensen.

Las ideas socráticas a mí también me han fascinado siempre y los diálogos platónicos no tienen desperdicio, claro que siempre nos quedará la duda de quién era el genuíno Sócrates, qué hay de Sócrates en Sócrates y que hay de Platón en Sócrates. Me estoy liando.

Un abrazo

Enrique dijo...

Gracias, Euphorbia, a ti, por enseñarme el juego. :o)

Con respecto a tus preguntas... Cuando estudié a Sócrates por primera vez, recuerdo que nos hablaron de un escritor, creo que se llamaba Aristófanes, que escribió "Las nubes". En este libro, el autor hablaba de Sócrates con un tono humorístico, burlándose de él. Da a conocer un Sócrates diferente; ridiculizado.

Y si has leído la Apología de Sócrates, un texto que no tiene desperdicio, podrás observar que la gente de su alrededor le tenía mucha envidia y hablaba mal de él. Vamos, que en ese texto se muestra a un Sócrates de malas intenciones (seguramente fue sólo por envidia, pero la verdad es que cuando leí su apología... me quedé alucinado no sólo por lo bien que hablaba, sino porque me pareció un poco prepotente. Pero bueno, eso son pareceres míos).

Solamente añadir que Diotima de Mantinea fue, según Sócrates en "El banquete", quien le enseñó muchas cosas de las que habla.

Un nuevo ejemplo de que la historia está escrita por los varones... para los varones. Una pena.

Besos y gracias por comentar.

Euphorbia dijo...

El banquete lo leí hace tantos años que tengo un vago recuerdo, como aún lo conservo lo releeré.
La apología me pareció fascinante, especialmente su entereza al aceptar la sentencia, aunque como te comentaba, no podemos saber qué hay de cierto en el personaje que Platón hace de él, probablemente sea un Sócrates idealizado y pasado por el tamiz.
En cuanto a Las Nubes, lo leí por pura curiosidad y me pareció sorprendente encontrar en la obra algunos pasajes bastante de mal gusto, ridiculizando a Sócrates de forma muy poco elegante. Hace pensar que en el fondo de nuestra esencia humana no hemos cambiado tanto, la masa sigue disfrutando con lo soez, ahora y en el siglo V a.C. también.

Enrique dijo...

Está claro, Euphorbia: muchas cosas no son cuestión de ser o no ser, pues tienen un alto componente interpretativo, perspectivo. ¿Cómo era Sócrates en esencia? No puede saberse. Sólo podemos conocer cómo se le veía.

Es como Jesús de Nazaret, que es el hombre ideal, el gran maestro, el súper bueno y sabio... para nuestra cultura (y así lo es para mí, cada vez que le leo, desde un punto de vista filosófico y pedagógico, fuera de toda visión religiosa), y sin embargo, para el pueblo judío y el romano no era más que un desobediente, un rebelde contra la ley y el orden, un falso y un "seguidor del demonio".

Perspectiva. Pura perspectiva... E intereses.

Por ese motivo a mí me gusta más decir "me gusta tal idea de tal autor/a", en vez de decir "me gusta tal autor/a". Sobre todo porque cada cual puede tener puntos buenos y malos.

Sócrates, por ejemplo, era machista... Y eso no me gusta de él.

Saludos.

Euphorbia dijo...

Creo que a los clásicos siempre hay que leerlos teniendo en cuenta el momento histórico en el que vivían. Sócrates era machista al igual que todos sus contemporáneos en una sociedad que incluso era esclavista. Pero igualmente hay que leer a Platón y también hay que seguir leyendo a Montaigne, otro pensador cuyas ideas sobre las mujeres a veces pueden horrorizarnos si las sacamos del contexto del siglo XVI.
Un beso y buenos días.

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