lunes, 24 de febrero de 2014

Sobre la educación para la autonomía.

Que levante la mano aquel o aquella que sea capaz de sobrevivir sin comer ni beber. ¿Nadie? ¿En serio?

Que levante la mano quien sea capaz de sobrevivir dos meses en la calle, sin ropa, en pleno invierno a -5º C. ¿Nadie?

Que levante la mano aquella o aquel que sería capaz de ir ahora mismo a la sabana africana, ponerse en medio de una manada de hienas y enfrentarse a todas con sus brazos... ¿Por qué nadie levanta la mano?

El ser humano es una especie sumamente débil. No tenemos una piel extra-gruesa y llena de grasa que nos permita sobrevivir en pleno invierno en la calle y sin ropa; no tenemos forma de enfrentarnos ante determinados animales sin armas; no tenemos forma de aguantar semanas sin tomar una sola gota de agua. Por lo tanto, lo único que nos ha permitido llegar hasta donde hemos llegado ha sido el desarrollo de la inteligencia, la elaboración de herramientas y la cooperación humana. Y esto son cosas que se han transmitido de generación tras generación gracias a la herencia cultural, esto es, gracias al proceso de aprendizaje-enseñanza y a la educación.

Me pregunto qué habría sido del ser humano si las nuevas generaciones no hubiesen aprendido a cocinar, a tejer prendas, a elaborar herramientas, a construir casas, a distinguir las hierbas venenosas y las medicinales. Me pregunto qué habría sido de la especie humana si las tribus nunca hubiesen pensado en los niños y las niñas, y se hubiesen dedicado a vivir la vida sin enseñarles los conocimientos necesarios para la supervivencia.

Me pregunto qué será de las personas ahora que solo nos dedicamos a pensar en agrandar, cuanto más mejor, nuestra propiedad privada, a arrasar con todo cuanto podemos y a no enseñar a los chicos y las chicas los aprendizajes necesarios que deben adquirir para la vida...

Porque habrá excepciones, no lo niego, pero hay una realidad muy común en la actualidad: las familias tienden a no enseñar a hijos e hijas a adquirir las habilidades y los conocimientos que precisan para crecer y desarrollarse como personas autónomas.

Muchos educadores y muchas educadoras (con ello me refiero a padres biológicos, madres biológicas, padres adoptivos, madres adoptivas, maestros, maestras, tíos, tías, abuelos, abuelas...) han olvidado que aprender a cocinar, a coser, a ordenar, a no malgastar, etc, son habilidades necesarias para que las niñas y los niños alcancen en su juventud y en la etapa adulta, la autonomía. Han olvidado que hay cosas que todas las personas deberíamos aprender, pues son funciones que tarde o temprano hemos de desempeñarlas.

Sí, ya sé: hoy día existen el microondas, la comida pre-cocinada, cientos y cientos de tiendas en las cuales comprar ropa sin necesidad de aprender a tejerlas, unas farmacias en las que te indican qué medicamento has de tomar para sanarte de tal o cual enfermedad sin necesidad de salir al campo a buscar plantas medicinales, etc.

Pero, en serio, ¿es éste, acaso, un buen plan de vida? Yo opino que no.

Bajo mi punto de vista, hay cosas fundamentales que todo ser humano necesita aprender para alcanzar una determinada autonomía. Por supuesto, no se trata de saber hacerlo todo. Lo bonito de la especie humana es que llegue algún día a ser capaz de alcanzar un punto intermedio entre lo individual y lo social; entre la autonomía y la cooperación, de tal forma que no seamos seres puramente dependientes en todo momento, pero tampoco una panda de individualistas que no piensan en el resto. Hay que ser capaces de colaborar, de cooperar y de trabajar en equipo; pero también hay que adquirir una serie de conocimientos y de habilidades que nos permitan vivir sin necesitar atarnos a quienes nos rodean.

Por ese motivo, pienso que es fundamental enseñar a los niños y las niñas a cocinar, a coser, a hacer la cama, a limpiar y ordenar, a reutilizar y a minimizar los gastos innecesarios.

Sé que esto que digo horrorizará a dos grupos: a los defensores y las defensoras del sobre-proteccionismo y a quienes impulsan el consumo desmesurado.

Al primer grupo le molestará porque ven el enseñar a niños y niñas a cocinar como una forma de explotación familiar que sirve para hacerles madurar demasiado pronto y aliviar la carga de las tareas domésticas a los padres y las madres.

No obstante, nada más lejos de la realidad. En el punto medio está la virtud; y ni se trata de evitar hacerles partícipes en el desempeño de determinadas tareas por miedo a que les explote, ni tampoco de desligarse de los deberes que todo padre, toda madre y la sociedad en general tienen como personas adultas con respecto a las nuevas generaciones.

Todo cuanto podamos aprender, nunca está de más. Y si lo que aprendemos son habilidades tan importantes para la nutrición, la salud, la higiene, la auto-organización y auto-gestión, la auto-didactia y el desarrollo, mejor que mejor.

Para el segundo grupo esto que digo es horrible, porque evade su política del "usar y tirar". Claro, a esta gente le encanta que asimilemos pasivamente esas instrucciones que asimilan los ciudadanos y las ciudadanas que se describen en el libro Un mundo feliz, de Aldus Huxley, que rezan lo de "Vale más desechar, que tener que remendar" y "Cuanto más remiendo, más pobre me encuentro"; cuando no hay nada mejor, en mi opinión, que aprender a utilizar lo justo y necesario, de tal forma que al mismo tiempo que logramos una mejor calidad de vida evitándonos el disgusto de no tener lo que no precisamos, conseguimos cuidar y proteger el medio ambiente.

¿Por qué tener a obreros y obreras en una fábrica fabricando y fabricando más y más camisetas a fin de enriquecer a una persona desconsiderada con la sociedad y la naturaleza, solo porque seamos incapaces de usar las que tenemos el mayor tiempo posible en lugar de tirarlas a la primera de cambio para comprar otras nuevas?

¿Por qué malgastar nuestra salud para luego tener que consumir medicamentos, alimentándonos constantemente de comida-basura, cuando bien podríamos aprender a cocinar de forma sana?

Considero oportuno el aprendizaje por parte de las niñas y los niños de todo cuanto mejore sus condiciones de vida y les permita adquirir una mayor autonomía. Pienso que existen conocimientos que nunca está de más saber; que siempre se han transmitido y que es una pena que se dejen a un lado en las familias y en las escuelas, solo porque "ya lo aprenderán cuando se independicen" o porque "tenemos tecnologías que nos permiten vivir sin tales saberes". 

Seguro que si les enseñamos a adquirir  una mayor autonomía, les ahorraremos muchos disgustos.

jueves, 20 de febrero de 2014

Por una educación laica.

Creo en el dios Arhaenetantu y en la diosa Misucorspestki.

Él, a través del Arhmisufiret, mi libro Sagrado, nos cuenta que una vez subió del centro de la Tierra y se hizo humano para predicarnos la Equidad, la Libertad y la Justicia, pero fue asesinado por sus ideas con un tiro en la cabeza y su Espíritu regresó a su morada. 

El asesino, el terrible Maligno Frimanlau, trajo la Primera Gran Mentira: que el dios Arhmisufiret violaba a mujeres humanas y lo mató para salvarlas de su maldad.

Ella, la Gran Misucorspestki, que bajó de los cielos posteriormente y se hizo humana para predicar los mismos ideales que Él, fue condenada a muerte por la silla eléctrica a causa de la Segunda Gran Mentira que nos dejó la Malvada Irnelea: que era una vaga que no quería trabajar y se pasaba la vida torturando a varones.

Por eso ahora llevo en mi pecho la imagen de una mujer violada, en representación de la Primera Gran Mentira por la que mi dios fue asesinado cuando fue humano, y me gustaría que se colocase en las aulas una silla eléctrica, en honor a cómo fue asesinada mi diosa a raíz de la Segunda Gran Mentira.

Y ahora, como buen creyente que soy, violo a todo hombre y a toda mujer que no comulga con mi fe y luego les pego un tiro en la cabeza justo antes de morir a causa de una silla eléctrica que guardo en mi casa y utilizo de vez en cuando.


Porque mi religión es la Verdad, el Camino, la Vida. Es la única fe verdadera y he de convertir a toda persona a ella. Quien no crea en Ella y en Él, merece la persecución, el castigo, la muerte.

Y para salvar a toda criatura del castigo eterno que el dios Arhaenetantu y la diosa Misucorspestki  le sumirán por no creer, he de educar a los niños y las niñas en esa creencia, a toda costa, lo quiera o no el resto de la humanidad.

Estoy en guerra contra los y las infieles. Convertir o morir. ¡Ese es mi lema!



Si yo tuviese estas creencias y esas ideas de verdad, no tardaría en entrar en un centro psiquiátrico o en la cárcel. No tardaría en ello, sobre todo, porque solo yo creería ese cuento, porque mi religión no está normalizada, y ya sabemos que lo que diferencia, en este mundo, a una religión aceptada y considerada como libre de practicarse de una secta, es la cantidad de creyentes que la siguen.

No en vano se dice que todo ser humano tiene derecho a creer en lo que le dé la gana, pero se le pide que acuda a un gabinete psicológico a aquel o aquella que dice creer en hadas, mantras o cualquier cosa que se salga de las creencias normalizadas.

Si yo tuviese estas creencias y estas ideas, como decía, no tardarían en tildarme de loco, violador, asesino y dictador, y nadie aprobaría mi petición de colocar una silla eléctrica en las aulas.

Sin embargo, en varios países aún persiste el debate de si ciertas religiones deberían enseñarse o no en las escuelas, e incluso los y las hay a quienes les encantaría que en países como España se volviese a colocar un crucifijo en toda aula, cuando eso no es más que otra herramienta de tortura y muerte, al igual que la silla eléctrica.

No voy a decir aquello de que no tengo ningún problema en que la gente le dé la gana. Soy ateo y por supuesto que lo tengo. Las religiones son, en mi opinión, una ceguera, una rigidez y cerradura mental y un estorbo que impide reflexionar al ser humano libremente. Por ese motivo critico y lucho contra las religiones, mostrando su sinsentido.

Ahora bien, soy laico. Y que una persona sea laica no significa que busque imponer la no creencia. Nadie puede obligar a creer o a no creer. Eso también es absurdo y atenta contra la libertad individual de conciencia. Y es que yo soy partidario de que no toda opinión o creencia es tolerable; pero no dudo ni lo más mínimo que a las personas siempre hay que respetarlas. No voy a negar que estoy en contra de toda religión, porque no hay cosa más peligrosa que atente a la ciencia y el pensamiento crítico, y que me meto con todas ellas de igual forma que se meten en mi vida; y que soy, como dirían, un completo hereje, blasfemo y pecador que arderá en el Infierno siglos y siglos por no aprobar, entre otras muchas cosas, la prohibición bíblica de que una mujer pueda ejercer la docencia a un varón. Aunque quizá, como decía el pueblo de la Antigua Grecia, acabaré pasando delante de Cerbero; no lo sé...

El caso es que me desagrada que la gente tenga que poder creer lo que le dé la gana, sobre todo cuando esa creencia no admite renovación, críticas y se mete con todo ser humano que no crea en lo mismo y se salga de sus doctrinas. Yo seguiré argumentando contra las religiones, a fin de fomentar el razocinio y el método científico, pero no voy a poner una navaja a nadie en el cuello por ser o no ser creyente.

Sin embargo, no todos los creyentes ni todas las creyentes harán lo mismo. Hay religiones dictan que hay que seguirlas sí o sí, para no obtener un castigo, y muchas hasta predican la persecución de quienes no las siguen y la conversión a la misma.

La Biblia, entre otras muchas cosas, por ejemplo, hablando de la diosa Astarté, nos dice:

"Habló entonces Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Yahvé, quitad de entre vosotros los dioses ajenos y a Astarot, dedicad vuestro corazón a Yahvé y servidle solo a él, y él os librará de manos de los filisteos. Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron solo a Yahveh". (1. Sam. 7, 3-4).

Porque, como ya sabemos, Yahveh Dios, Jehová, es celoso y se irrita contra los y las infieles.

En el Corán, nos informan de lo siguiente:

La única recompensa de aquellos que hacen la guerra contra Alá y Su mensajero y se esfuerzan por la corrupción en la tierra serán asesinados o crucificados o sus manos y pies opuestos serán desmembrados, o serán expulsados fuera de la tierra. Tal será el castigo de ellos en el mundo, y en el más allá”. (Al-Maeda. 5:33).

Por este motivo, mientras que quien promueve el laicismo habla de la libre creencia, muchos religiosos y muchas religiosas luchan por incluir su religión en las vidas ajenas: su fe les dicta que deben convertir y educar en ella, es decir, que de algún modo están en guerra.

Como he afirmado antes, soy laico. Laicismo proviene del griego laikós, que significa popular. Por lo tanto, el laicismo hace referencia a lo civil, a lo procedente del pueblo, y defiende la independencia de la sociedad ente cualquier doctrina religiosa, apartándose del más allá para incidir en lo mundano, en el más acá.

A través de una educación laica se busca respetar la libertad de conciencia de toda la población, siga o no alguna fe. Con ella no se busca ni imponer la creencia ni la no creencia: se busca la libertad individual de pensamiento, atender a la diversidad cultural existente entre la ciudadanía y solventar los conflictos (principalmente bélicos) que las religiones han creado entre las personas.

Con el laicismo en la educación se pretende fomentar el respeto mutuo y atender a los derechos humanos de forma colectiva, principalmente los de las minorías.

La educación religiosa busca imponer una doctrina frente al resto de creencias y frente a la no creencia. Culpabiliza a los padres y las madres que no la fomentan en sus hijos e hijas; condena a la sociedad que no la sigue; responsabiliza de todo mal (pecado) a quien se opone a ella.

La educación religiosa es autoritarista y adultista (además de sexista homófoba...), buscando adoctrinar a los niños y las niñas, persiguiendo que el alumnado se sienta mal consigo mismo si osa salirse o pretender salirse del sendero.

La educación religiosa atenta contra la libertad del ser humano, tanto individual como colectiva, y fomenta la incultura al proponer que la Verdad se encuentra en un único libro, en las palabras de tal sabio/a, etc, lo que encarcela la posibilidad de pensamiento crítico y nuevas formas de ejercer la docencia y de educar.

Por el contrario, la educación laica seguida en toda la sociedad, no impone una carga ni religiosa, ni anti-religiosa, ni neutral.

La educación nunca puede ser neutra y además la influencia de las religiones en la construcción de nuestro mundo no puede ni ocultarse ni negarse. Enseñar que nuestra semana tiene siete días porque hay religiones que hablan de que un dios creó el mundo en seis días y descansó al séptimo, es cultura. Enseñar que los edificios construidos por la población musulmana en el Estado español durante el periodo que en él se habían asentado carecen de imágenes humanas o espirituales porque el Corán lo impide, es cultura. Enseñar que muchas personas han sido carne de cañón para sacrificios en determinadas culturas a causa de las religiones que en determinados pueblos, es cultura. Enseñar que las pirámides egipcias fueron construidas con una finalidad espiritual, también es cultura.

Por lo tanto, la educación laica no busca imponer una fe, pero tampoco busca tapar con un dedo el Sol, negando las creencias por las que se han orientado y se orientan muchos seres humanos en este mundo.

Lucho contra las religiones, sí, pero con el laicismo en educación no busco imponer nada.

Y esto es algo que, bajo mi punto de vista, las los y las creyentes deberían entender. Hay tantas religiones, tantos dioses, tantas diosas, que, ¿quién puede asegurar cuál es la verdadera religión, si es que alguna es verdadera? Nadie. Toda y todo creyente afirma que su doctrina es la correcta y que habría que seguirla, y condenan sobre todo a quienes no creemos en nada, porque somos quienes más fuerza hacemos contra la fe ciega. Y eso a pesar de que todo el mundo tenga algo de ateo.

Por eso promuevo el principio de laicismo. La educación ha de ser laica y que si alguien quiere aprender una determinada doctrina porque cree en ella, que lo haga con total libertad, pero sin incordiar a quien no siga su fe. 

Yo no tengo que aguatar una cruz, una media luna, una estrella judía, un yin-yan o un pentagrama invertido en la calle o en cualquier centro colectivo, al mismo tiempo que me obligan a creer algo en concreto. No hay forma de obligarme a creer. Eso es imposible. Y tampoco hay forma de obligarme a no creer. Nadie puede obligar de ninguna forma a aceptar o no una determinada fe.

Por eso seguir pretendiendo educar religiosamente en una escuela cuando una alumna o un alumno puede fácilmente proceder de una familia en la que le han mostrado claramente que no hay dios ni diosa, tiene menos sentido que querer seguir explicando que la Tierra es plana.

lunes, 3 de febrero de 2014

Contra el feminismo burgués. O sobre el feminismo que se vende.

En su libro 1984, George Orwell escribía:

"Durante todo el tiempo de que se tiene noticia, probablemente desde fines del período neolítico, ha habido en el mundo tres clases de personas: los Altos, los Medianos y los Bajos. Se han subdividido de muchos modos, han llevado muy diversos nombres y su número ha sido relativo, así como la actitud que han guardado unos hacia otros, han variado de época en época; pero la estructura esencial de la sociedad nunca ha cambiado. Incluso después de enormes conmociones y de cambios que parecían irrevocables, la misma estructura ha vuelto a imponerse, igual que un giroscopio vuelve siempre a la posición de equilibrio por mucho que lo empujemos en un sentido o en otro. 

Los fines de estos tres grupos son inconciliables. Los Altos quieren quedarse donde están. Los Medianos tratan de arrebatarles sus puestos a los Altos. La finalidad de los Bajos, cuando la tienen -porque su principal característica es hallarse aplastados por las exigencias de la vida cotidiana-, consiste en abolir todas las distinciones y crear una sociedad en que todos los hombres sean iguales. Así, vuelve a presentarse continuamente la misma lucha social. 

Durante largos períodos, parece que los Altos se encuentran muy seguros en su poder, pero siempre llega un momento en que pierden la confianza en sí mismos o se debilita su capacidad para gobernar, o ambas cosas a la vez. Entonces son derrotados por los Medianos, que llevan junto a ellos a los Bajos porque les han asegurado que ellos representan la libertad y la justicia. En cuanto logran sus objetivos, los Medianos abandonan a los Bajos y los relegan a su antigua posición de servidumbre, convirtiéndose ellos en los Altos.

Entonces, un grupo de los Medianos se separa de los demás y empiezan a luchar entre ellos. De los tres grupos, solamente los Bajos no logran sus objetivos ni siquiera transitoriamente. Sería exagerado afirmar que en toda la Historia no ha habido progreso material. Aún hoy, en un período de decadencia, el ser humano se encuentra mejor que hace unos cuantos siglos. Pero ninguna reforma ni revolución alguna han conseguido acercarse ni un milímetro a la igualdad humana. Desde el punto de vista de los Bajos, ningún cambio histórico ha significado mucho más que un cambio en el nombre de sus amos" (1).

Cada vez que leo este texto de 1984, no puedo evitar pensar entre otras muchas cosas, en el el feminismo burgués; ese feminismo institucional, capitalista y consumista que traerá consigo la liberación de las mujeres ricas... pero no de las pobres.

En serio, ¿acaso alguien puede concebir una igualdad dentro de un grupo en el que parte de su población queda olvidada? ¿Alguien puede pensar en una igualdad allí donde hay gente todavía oprimida y sin derechos ni libertades? ¡No! La igualdad es para todos y todas, señores y señoras. Por lo tanto, si una única mujer en el mundo queda sin recibir los derechos que aún les faltan por conseguir a las mujeres, no se puede hablar ni de igualdad ni de libertad.

Y esto es algo que ocurre entre los y las feministas de la burguesía: que describen la historia desde su única posición y realizan luchas solo para las mujeres de clase media y alta. 

Y luego a algunas se les llena la boca hablando de sororidad... (2)

¡Ay, sororidad! ¿Sororidad hacia quién? ¿Hacia las niñitas pijas? ¿Sororidad entre quiénes? ¿Entre las elitistas y engreídas? ¿Sororidad para qué? ¿Para lamerse el culo las unas a las otras, aplaudiendo cuán instruidas que están gracias a un Máster en Estudios de Género que han podido pagarse, mientras otras no podrán por falta de dinero y/o tiempo, y que se les ha subido a la cabeza?

Pues lo siento, pero si las mujeres pobres no están incluidas en vuestro concepto de mujer y en esa igualdad que buscáis, poca estima vais a recibir de mí; y muy probablemente, poca aceptación por parte de esas mujeres vais a tener.

Lo tengo claro: la búsqueda de la libertad y la igualdad debe fundamentarse en la libertad e igualdad; las cuales deben estar encaminadas a tocar la vida de todo ser humano viviente en este mundo. Y eso solo se hace de un modo: amando la libertad y la igualdad en sí mismas, y entregándose a ellas gratuita, altruista y pasionalmente.

Si alguien busca fomentar el feminismo a fin de alcanzar la igualdad entre varones y mujeres, ni puede sacar provecho del problema, ni puede excluir a un sector a causa de sus bajos ingresos económicos. Es decir, que si alguien busca fomentar el feminismo, debe hacerlo, en mi opinión, con total humildad; o como suele decirse: por amor al arte.

Sin embargo, esto no se ve entre el feminismo burgués e institucional, ya que se trata de un feminismo vendido. ¿Vendido? Sí, vendido. Vamos, vamos, no pongas esa cara, que bien sabemos tú y yo que hay mucho y mucha caradura que a costa de criticar al sistema, se aprovecha del sistema; esto es: saca beneficios. Y cuando alguien saca beneficio de un problema, o bien no le interesa realmente el problema, o bien no deseará nunca que acabe el problema. ¿Por qué iba a querer alguien que se lucra a costa de la desgracia de otras personas, hallar solución a la misma y cambiar el sistema? ¡Dejaría de obtener beneficios! Y esto es justamente lo que ocurre con el feminismo burgués e institucional: las y los hay que se han vendido al neo-liberalismo y ofrecen soluciones al patriarcado solo a quienes tienen dinero en su bolsillo.

¿No me crees? ¿Necesitas que te enseñe algunos ejemplos de ese feminismo burgués que liberará a unas pocas mujeres mientas otras muchas se mantendrán oprimidas?

Vayamos a ello:

1- Hace un tiempo me sorprendió ver un taller de empoderamiento de Alicia Murillo (3), esa feminista que tanto habla de sororidad, con el cual, según ella decía, buscaba enseñar cómo afrontar el acoso callejero y luchar contra el sexismo. Hasta ahí todo bien. El problema es cuando me topo con que cuesta 15 €. ¿Perdón? ¿15 €? ¿Y dice que quiere contribuir a empoderar a las mujeres... en general? Querrá decir, más bien, que su finalidad consiste en sacar dinero a costa del problema de esas mujeres... y que quien no tenga para pagar, entonces se queda sin poder saber cómo defenderse del acoso callejero. ¿Es que acaso la que no tiene para pagar merece ser violada? ¿Así es como quiere que todas las mujeres se sientan incluidas en la lucha, cuando con cosas así margina a las que menos tienen y se aprovecha de la opresión femenina para ganar dinero? 


Es que, claro, para las mujeres con recursos económicos en el bolsillo como ella, la lucha feminista puede ser directa contra el sistema patriarcal, olvidándose de que hay otras luchas más.

Sin embargo, como se decía en una entrada del blog  Feminismo Proletario, que desgraciadamente ya ha sido eliminado:

"Para la mujer proletaria, por el contrario, su emancipación está inmersa en la lucha contra el sistema capitalista y al lado de sus compañeros de clase. Para las trabajadoras, el origen de la cuestión femenina parte de la necesidad que el sistema capitalista tiene de su fuerza de trabajo barata, para lo que ha roto las barreras de las diferencias de sexos y ha equiparado, en sus resultados productivos, la fuerza de trabajo femenina y masculina. Los capitalistas se han aprovechado de esta fuerza de trabajo mucho más barata y con un grado de organización y de experiencia de lucha mucho menor, para someterla a unas condiciones de trabajo leoninas. La obrera, con su incorporación a la producción, consigue la independencia económica y ya no tiene que depender del padre o del marido; sin embargo, no por ello mejora su situación; por el contrario, se hace aún más desesperada.

La lucha de la mujer trabajadora nunca se ha circunscrito a conseguir tal o cual reforma dentro del sistema capitalista; esto no quiere decir que, en ocasiones, no haya apoyado ciertas reivindicaciones del movimiento feminista, pero sólo como un instrumento para alcanzar su verdadero objetivo: la revolución socialista. La liberación de la mujer siempre ha estado ligada a la liberación de la clase obrera. Y, si en los inicios del movimiento femenino, la lucha de la mujer, al igual que la del resto de los trabajadores, se planteaba frenar la explotación capitalista y, en concreto, como mujeres, evitar que se pusiera en peligro su condición específica de madre, esta lucha siempre ha estado enmarcada en la lucha general por la revolución socialista, ya que las trabajadoras son muy conscientes de que nunca podrán alcanzar la igualdad y la plena participación en todos los aspectos de la vida mientras exista una sociedad dividida en clases, que presuponga la explotación del hombre por el hombre y la desigualdad para la mayoría en todos los terrenos".

2- También las hay, por ejemplo, que tienen criada. Serán todo lo feministas que quieran, pero desde luego, una persona que dice defender el derecho de todas las mujeres siguiendo la ley de "yo me libero de los quehaceres domésticos haciendo uso de otra mujer que tendrá que doblar estas tareas, al trabajar tanto en su casa como en la mía", no puede decir que lucha por los derechos de todas, todas, las mujeres.

Antes que tener criada, el camino que toda y todo feminista debería llevar a cabo es el de compartir las tareas. Pero, claro, esa solución es perjudicial para las burguesas: podría ser que su pareja sea un varón vago y conservador que no piensa mover un dedo en el hogar y entonces ella tendría que lidiar con él. Contratando a la criada, tanto él como ella se liberan de sus quehaceres, así como ella se ahorra peleas y discusiones (lo cual no podrá hacer una feminista pobre). ¡Qué fácil es ser feminista cuando se sirve al juego capitalista!

3- Lo peor viene cuando una feminista proletaria da con un o una eltista, disiente de su argumento y, ofendida esta persona, le manda a leer. ¿A leer? ¿Y si resulta que esa mujer a la que mandas leer no tiene para pagar 30 € de El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, más 20 € de Cuestión de sexos, de Cordelia Fine, más 20 € de La dominación masculina, de Pierre Bourdieu, más....? ¿Y si resulta que esa mujer trabaja como cajera en un súpermercado, durante 10 horas al día, además de tener una criatura a la que mantener y no tiene tiempo para leer tu dichoso librito? ¿Tanto cuesta, feminista de la burguesía, cuestionar tus privilegios de clase, bajarte del carro y ponerte a la altura de las compañeras de la clase baja, explicando tú las cosas antes que pasarte la vida mandando a leer? ¿Por qué se habla de que el feminismo debe llegar a todo el mundo cuando para conocer este movimiento con profundidad más bien hay que acabar estudiando un máster o leyendo muchos libros carísimos que a veces solo se encuentran en librerías especializadas mientras que el libro de Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus puede encontrarse por tan solo 4 € en cualquier cabina de las estaciones de tren?

4- También he encontrado a alguna que dice que las mujeres deben pasar de ser prostitutas a ser puteras. Su nombre es Mari Kazetari y, sin ninguna duda, olvida dos cosas: la primera, que putera lo podrá ser ella, que tiene dinero para hacer viajes e ir con prostitutos; la segunda, que existe una lucha de clases y que con su actitud toma el pelo también a muchos varones pobres, que son compañeros de muchas mujeres pobres. 

Ella, en su entrada Puteras, dice literalmente:

"No encuentro en absoluto denigrante ni cuestionable que una persona decida ofrecer sexo a cambio de dinero; ni que a una persona le apetezca pagar por sexo" (4).

Imaginaos a un o una capitalista diciendo algo así como "no encuentro en absoluto denigrante ni cuestionable que un niño o una niña de seis años decida ofrecerse para ser explotado/a laboralmente durante muchas horas sin descanso a cambio de dinero, aunque su vida corra peligro; ni que a una persona le apetezca tener a una criatura a quien explotar todo cuanto le plazca".

Aún recuerdo aquella entrada del fantástico Eric Rune del blog Réplica Zero, hablando sobre la prostitución, en donde decía:

"Grande es ese niño tailandés que lleva dinero a su casa después de 16 horas trabajando libremente en un taller, nadie le puso una pistola en el pecho, lo eligió libremente. Y además, muchos lo consideran un trabajo muy digno. Cada uno hace con su cuerpo lo que quiere... ¡Uy!, perdón que este es el "ideotipo" que se suele utilizar para defender la prostitución. Y no tiene nada que ver con la esclavitud del niño tailandés ¿o si?" (5).

Porque, sí, es cierto, en una sociedad en la que quienes están arriba pueden jugar con las cartas que desean libremente, no se puede restringir las cartas con las que juegan quienes se hallan abajo; pero tampoco podemos afirmar que todo cuanto hace quien está abajo, se rige por el principio de libertad.

Y es que Kazetari, al igual que cualquier putero o capitalista, sabe muy bien que el juego funciona así: ella tiene dinero (tiene suerte, pues el capital está mayoritariamente en manos masculinas) y el varón a quien usa como prostituto lo necesita; ella decide y pone las normas del juego, usando su poder a su antojo, y a él no le queda más remedio que aceptarlas. Luego nos engaña con aquello de que "es su decisión y es libre"... et chapeau, ya no hay quien le cuestione su posición privilegiada.

En fin... ¡qué nos va a contar alguien que no tiene miedo de tener que acabar algún día ejerciendo la prostitución! Si estuviese en la miseria, no se tomaría tan a risa un tema que no debería ser tomado tan a al ligera.

5- Luego están las que hablan del placer femenino mientras intentan vender múltiples aparatitos. "Mujer, libérate con un curso de seducción (45 €), más un vibrador (de 12 a 50 €, según el modelo), más un lubricante (7 €, de los más baratos), más un juego erótico (de 10 a 45 €), más aceite de masajes (20 €), más un incienso con feromonas (8 €), más...". Ese es su mensaje. ¿Se lo vais a regalar vosotras a las que no tienen para liberarse al estilo burgués y han de pelear por el hecho de que los varones se preocupen por su placer?

Y es que los y las hay para quienes parece que el feminismo, más que un movimiento que lucha por la igualdad entre varones y mujeres, parece un recurso de marketing para vender productos. En lugar de promover la igualdad luchando por los derechos de las mujeres, primero venden la necesidad de ser igual y luego te dicen que has de ser una mujer liberada... consumiendo.

6- Esto también puede verse entre las llamadas neo-feministas o entre las súper-mamás que valen más que nadie para la crianza gracias al pastizal de dinero que tienen en el bolsillo. Sí, sí, esas que se pasan la vida diciendo que el feminismo de la igualdad no es más que una trampa capitalista (menos mal que no solo existe el feminismo burgués para demostrar que no es cierto) y que ellas son las que tienen la solución.

Y cuando pienso en esas neo-feministas, en esas madres burguesas, se me viene a la cabeza aquel cuento que puede encontrarse en el blog Reeducando a mamá, titulado Sin renunciar a Nada (6), y en el que dice cosas como:

"Se estira perezosa en la cama, con la cadera izquierda un poco sobrecargada y ganas de volverse hacia el otro lado. Iker parece captar la señal y se suelta, pero quiere el otro pecho. No hay problema, hay tiempo de sobra. Hasta las 9:15 no tiene la primera reunión con los clientes".

Mmm... Se trata de una mujer con tiempo y que va a tener una reunión...  ¡Por supuesto! No podía ser una electricista, una fontanera o una cajera. No, no, no. ¡Las que tienen tiempo y van a reuniones son las pijas!

"Mira el reloj: 7:45. Se toma su tiempo para elegir el sistema de porteo. Hoy le apetece el fular, que con su precioso gris perla combinará de maravilla con el traje que quiere llevar a la reunión. Como el día está lluvioso lo mejor será ponerse el abrigo impermeable con el suplemento para cubrir también al bebé". 

Claro, tiene dinero. Ella sí que puede elegir sistemas de porteo con tiempo... ¡y añadirle complementos!

"Veinte minutos más tarde ambos entran por las puertas giratorias del gran edificio de oficinas donde se encuentra el estudio de arquitectura en el que ella trabaja. En el ascensor se encuentra con Enrique, que lleva de la mano a la pequeña Raquel de tres años. “¿No prefiere quedarse en infantiles?" Pregunta ella, refiriéndose a la guardería situada en la planta principal, donde los hijos en edad preescolar de todos los trabajadores del edifico pueden ser atendidos gratuitamente, por personal cualificado, durante todo el horario laboral".

Sin contar con que me gusta que añada al padre, que le ponga en un papel activo y presente, no puedo evitar pensar en que, por supuesto, él es un padrazo sin dejar de ser un burgués que además se come el dinero público a costa de quienes pasan hambre. Porque, ¡leches!, ya que hay dinero para escuelas infantiles, mejor que se las pongan en trabajos y barrios frecuentados por quienes las necesitan, y que Enrique y la madre de Íker se la paguen con su sueldazo, ¿no?

"Recuerda que Ana, la madre de Raquel, es investigadora en un centro de biomedicina. Por eso cogió la baja maternal completa, dos años, ya que no consideraba seguro llevarse a Raquel al laboratorio". 

Imaginad a una mujer que gana 300 € al mes sin ir a trabajar dos años... ¡Qué gracia le iba a hacer al bebé cuando viese a los pocos meses que a su madre no le sale leche porque está desnutrida al no tener un céntimo con el que comprar pan!

En fin, no sigo desgranando este cuento de la súper-mujer. Mejor lo leéis vosotros y vosotras, pues al final de la entrada dejo el enlace. Y mejor os dejo, antes de seguir con la entrada, con esta explicación de Pablo Iglesias sobre cómo ha de ser la mujer actual en el patriarcado:


8- No sabéis la gracia que me hacen las que se pasan la vida hablando de paridad en política y cargos importantes. ¿Y dónde queda la paridad en los puestos considerados como mediocres? (digo considerados mediocres porque para mí no lo es, ya que opino que un obrero y una obrera de fábrica o un minero y una minera, son mil veces más importantes para la sociedad que quien se dedica a darle patadas a un balón o a tomar decisiones de forma paternalista sobre el pueblo). ¿Dónde queda la paridad para las electricistas, fontaneras y demás mujeres que de adentran en profesiones dominadas por varones? ¿Por qué no promovéis medidas para la paridad en estas profesiones, más allá de las educativas que estáis tomando? ¿Es que no os dais cuenta de que una mujer de clase baja difícilmente llegará a adentrarse en los puestos de dirección de una empresa o al Congreso, por mucha paridad que pongáis?

Me queda claro que solo queréis paridad para vosotras, ya que ejercer la paridad en la dirección y el gobierno, esto es, en la opresión, no entraña mucho peligro.

Porque, no os engañéis, el día que haya paridad en política y en puestos de dirección, entre otras cosas, tal vez haya acabado la opresión de las ricas, pero no por ello habrá acabado la opresión de las pobres. Es más, las mujeres de clase baja lo tendrán más difícil porque todo el mundo argumentará que como las empoderadas económicamente tienen igualdad, ya no hay machismo que erradicar.

9- No voy a extenderme en este punto porque con una frase se ha dicho todo: las y los hay que promueven el derecho al aborto seguro... pero sin ser público, gratuito; es decir, que se lo paguen las que puedan.



10- Dos de los últimos ejemplos de hipocresía y elitismo, pertenece a la revista Pikara Magazine, en la cual hace un tiempo se vieron dos cosas:

En primer lugar, que hay quienes escriben en contra de la prostitución... ¡al mismo tiempo que publicitan a una empresa de prostitutas y prostitutos del Tantra! Y en segundo lugar, que escribieron un artículo en vascuence y, cuando Kuxille (7) saltó a protestar porque ella no tiene dinero para pagar una Escuela de Idiomas que le enseñe el vasco, utilizaron el argumento patriarcal y típico entre machistas, llamándola victimista. Así, ¡con un par de ovarios! La mandan a aprender euskera (¿también queréis que ella realice luego un curso feminista de 400 €?), no se dignan en mandar su menaje a todas, sino a un pequeño grupo... ¿y a eso se le llama sororidad?


Empero, esta forma de pensar tan radical que expreso en la entrada, que ataca a las feministas clasistas, no por su feminismo sino por su fomento del capitalismo y olvido del proletariado, difícilmente puede ser comprendido por éstas, en tanto que, tal y como expresa August Bebel en La mujer y el socialismo:


"Las mujeres que se ocupan del movimiento femenino burgués no comprenden la necesidad de un cambio radical semejante. Influenciadas por la situación privilegiada que ocupan en la sociedad, ven en el movimiento feminista proletario y sus diferentes aspiraciones, tendencias peligrosas y poco razonables que deben ser combatidas. Es así como la diferencia de clases, que origina un abismo entre los obreros y los capitalistas, hace igualmente sentir estos efectos en el movimiento feminista. Y estos efectos se vuelven más grandes en la medida que la situación se vuelve más tensa".

Pero bueno, tal vez ahora venga alguna de esas ricachonas y/o aprovechadas a saltarme con lo de marchirulo, etc, porque soy un varón y estoy criticando una parte del feminismo. Así que antes de que soltéis vuestras burradas elitistas, os dejo con una de las mejores entradas que he leído acerca de feminismo y capitalismo, escrita por una mujer:


El feminismo, de ningún modo, puede ser meramente burgués. El feminismo ha de tener en cuenta a todas las mujeres del mundo. De no ser así, lo único que ocurrirá es que habrá mujeres ricas liberadas que opriman por igual a varones y mujeres pobres.

Vamos, que al igual que no puede haber revolución anarquista, comunista, socialista... sin ser feminista, también es cierto que el feminismo burgués no será una revolución, sino una tomadura de pelo, un maquillaje, un cambio de nombre en el poder.

El feminismo, o tiene en cuenta a las trabajadoras, a las pobres, a las marginadas, a las que desean interrumpir la gestación pero no pueden, a las que quisieran no abortar pero no les queda más remedio, a las que se pasan la vida ejerciendo dobles jornadas, etcétera, o no será feminismo, ya que un feminismo burgués solo puede llevar a un cambio de nombre en el poder, como bien expresaba Orwell.

Por eso más bien confío en en un feminismo proletario. Y es que al igual que el pueblo no debería dejar su destino en mano de otras personas cuando hace la revolución, las mujeres no deberían dejar su futuro en las manos de otras mujeres que dicen luchar por ellas, cuando en realidad traen consigo el uso de las desgracias de muchas... para el beneficio de unas pocas.


Notas y fuentes:

(1)- Orwell, G. (2007). 1984. Madrid: Destino. 

(2)- Sororidad procede del latín sor, que significa hermana, y se equipara al término fraternidad, pero haciendo alusión a la hermandad o solidaridad entre mujeres.

(3)- http://atravesespejoalicia.blogspot.com.es/2013/06/taller-el-cazado-cazado-en-madrid-14-y.html

(4)-  http://gentedigital.es/comunidad/june/2011/08/10/puteras/

(5)- http://replicazero.blogspot.com.es/2013/07/la-prostitucion-el-ultimo-bastion-de.html

(6)- http://reeducandoamama.blogspot.com.es/2013/05/un-cuento-para-la-conciliacion.html

(7)- Aprovecho este punto para dar las gracias a Kuxille por su colaboración en la elaboración de la presente entrada.
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