sábado, 30 de junio de 2012

Ellas no dicen ni tienen nada.

¿Se acuerdan de las conjugaciones verbales? ¿Sí? ¿No? Vamos a ver... ¿Cómo es la segunda persona del singular, del pretérito imperfecto en modo indicativo del verbo estar? Tú estabas. ¿Cómo es la primera persona del singular del futuro imperfecto en modo indicativo del verbo comer? Yo comeré. Y por último, ¿cómo es la segunda persona del singular del pretérito pluscuamperfecto en modo indicativo del verbo ser? Tú habías sido.

Bien... ¿Nos vamos acordando?

Bueno, vamos a simplificarlo. Nos quedaremos en el presente en modo indicativo del verbo decir. Toda la conjugación verbal sería del siguiente modo:

Yo digo.
Tú dices.
Él dice.
Nosotros decimos.
Vosotros decís.
Ellos dicen.

En países latinoamericanos, quedaría así:

Yo digo.
Tú dices / Usted dice.
Él dice.
Nosotros decimos.
Ustedes dicen.
Ellos dicen.

En Argentina, de este modo:

Yo digo.
Vos decís.
Él dice.
Nosotros decimos.
Ustedes dicen.
Ellos dicen.

Yo... Tú / Vos... Él... Nosotros... Vosotros / Ustedes... Ellos... ¿Y dónde está "Ella"? ¿Y "nosotras"? ¿Y "Vosotras"? ¿Y "Ellas"? ¿Es que acaso ellas no dicen ni tienen nada?

No sé si se habrán fijado alguna vez, pero en las conjugaciones, las mujeres no están.

Sin embargo, al menos en España, cuando estudiamos la asignatura de inglés o de francés, sí aparecen.

En inglés, la conjugación para el presente simple del verbo tener, sería así:

I have (Yo tengo).
You have (Tú tienes / Vos tenés / Usted tiene).
He has (Él tiene).
She has (Ella tiene).
It has (Eso tiene).
We have (Nosotros/as tenemos. "We" equivale tanto para femenino como para masculino).
You have (Vosotros/as tenéis o Ustedes tienen).
They have (Ellos/as tienen. They equivale tanto para masculino como para femenino).

Y en la asignatura de francés, aunque según me ha contado un pajarito, en Francia, "Elle" et "Elles" ("Ella" y "Ellas") tampoco aparecen, aquí en España se enseña:

J'ai (Yo tengo).
Tu as (Tú tienes / Vos tenés /Usted tiene).
Il / elle a (Él / ella tiene).
Nous avons (Nosotros/as tenemos. "Nous" equivale tanto para masculino como para femenino).
Vous avez (Vosotros/as tenéis o Ustedes tienen).
Ils / Elles ont (Ellos / Ellas tienen).

Creo que ya es hora de que en las clases de Lengua Castellana se añada un "ella", un "nosotras", un "vosotras"... y que "ellas" puedan decir, tener, amar, comer, bailar, aparecer... en los libros y ser... iguales.

miércoles, 27 de junio de 2012

Educar en el amor a las naciones.

Para esta entrada usaré como país a España, pues es mi nación, pero puede sustituirse por cualquier otro.

Yo soy de esas personas que están a favor de educar en el amor a las naciones. Ahora bien, por favor, no me malinterpreten. No soy de esas personas que miran el amor a la patria desde un punto de vista derechista, o fascista, o falangista, o nacionalista... es decir, no soy de esas personas que alardean mucho de amar al Estado, pero no son capaces de pensar en el único y verdadero Estado: el pueblo. No soy de esas personas que hablan de honrar a la Amadísima Patria, mientras que en sus hechos demuestran, sin embargo, que realmente están en contra de todo lo que se aproxime al concepto de sociedad, deseando sin más, adinerarse y empoderarse tanto como puedan, aunque ello traiga consigo la marginación y la decadencia de una parte de la población, la cual al fin de cuentas pertenecen a aquello que con tanto orgullo denominan España.

Todo lo contrario, pues mi punto de vista del amor a la nación es derechohumanista, o lo que es lo mismo, el amor a la patria buscando el bien común, el bien para todas las personas que la habitan... ¡El Estado de Bienestar! Pues no se puede amar a un país en función de una serie de conceptos abstractos, sino que para ello hay que amar a todo lo concreto, tocable, visible, que reside en el mismo. Y esto no es otra cosa más que las personas que lo habitan. Personas con una vida, sentimientos, opiniones, derechos y deberes que han de tenerse encuenta, permitirse y respetarse. 

Sin embargo, aquellos y aquellas que se hacen llamar "patriotas", no demuestran otra cosa más que su único amor reside en la bandera, el escudo, el himno y en todo cuanto es tradicional en el país, como las corridas de toros o la Iglesia Católica (que de Católica lo tiene todo, pero de Cristiana, esto es, de “amor al prójimo”, no tiene nada). Para estas personas, educar en el patriotismo no consiste en educar en el respeto y la ayuda a la sociedad, sino en el amor a una España vacía y muerta, pues muerto está el país si no se tiene en cuenta a su gente.

¡Y eso no es amar a la Patria! Amar a la Nación debe consistir luchar porque no haya ni una sola persona del país padeciendo hambre, ni miseria, ni rechazo. Amar al país debe consistir en buscar la equidad social; debe consistir en la búsqueda de unas bajas por paternidad y maternidad iguales e intransferibles; debe consistir en no mirar a un lado cuando una familia es expulsada de su vivienda a causa de quienes están hundiendo España; debe consistir en luchar porque una mujer no sea utilizada como un objeto sexual al servicio de quien se le antoje, ni sea expulsada de un puesto laboral por querer ser madre; debe consistir en evitar que una persona pueda explotar a un varón trabajador, ni que sean los hombres vistos como unos maltratadores y violadores por naturaleza...

Amar a la Patria debe consistir en luchar por los derechos de las personas a pensar, a sentir, a creer o no creer en alguna religión; debe ser la búsqueda de la Educación y Sanidad Públicas; debe consistir en otorgar el derecho a toda persona a ser tratada dignamente; debe consistir en otorgar a la población su derecho y deber a trabajar; debe consistir en luchar porque se respete la diversidad...

Amar a la Patria debe ser también no odiar a los demás países, pues no es lícito pensar que para amar lo nuestro, hemos de odiar lo de otras personas, del mismo modo que sería absurdo pensar que para amar a una mujer o a un hombre, hay que despreciar y dar muerte al resto de mujeres y varones. Y esto implica, por tanto, cambiar el amor a la nación, por el amor a las naciones, es decir, cambiar el amor exclusivo al propio pueblo, por el amor a todas las personas del mundo.

Sí, yo estoy de acuerdo en educar en el amor al país, pero no un amor de manos o puños en alto, no un simple y vacío amor de banderas izadas, no un amor que mate a la mitad de la población o que mantenga a la gente unida por solamente un himno... 

Yo con lo que estoy de acuerdo es en educar en el amor a niños y niñas, a personas adultas o ancianas, a personas del país o forasteras, a personas ateas o religiosas...

Un amor en el que lo importante sea la sociedad, el pueblo, la gente.







Nota:

Con esto no quiero decir que a una persona no deba gustarle su himno, ni que no deba querer tener en casa una bandera de su país, o que no deba ver un partido de fútbol de su selección. Simplemente me refiero a que para mí las personas van delante; lo demás ya es personal.

lunes, 18 de junio de 2012

La princesa y el campesino.

Había una vez una joven pareja que estaba muy enamorada. Ella era una princesa que vivía en un precioso castillo, al cuidado de su padre y su madre. Él era un pobre campesino que vivía a las afueras de la villa. Y su amor lo mantenían en secreto, pues estaba mal visto que las personas de diferentes clases sociales se juntasen.

La princesa, ya cansada un día de tener que verse a escondidas con su amor, pidió a su padre que le permitiese organizar un concurso por el cual el ganador podría casarse con ella. Su padre accedió y ella dictaminó que para superar la prueba, el pretendiente tendría que pasar seis meses bajo su balcón, soportando las calurosas mañanas, las frías noches, tiempos de hambre, etc. 

El rey y la reina accedieron, y antes de que se llegase cuaquier otro pretendiente, la princesa corrió a contarle la noticia a su amado para que él se presentase el primero, y una vez que finalizase la prueba, podrían estar juntos de una vez por todas sin tener que esconder su amor. Así, de paso, ella sabría si él la amaba de verdad.

Así pues, el campesino se presentó.

Uno a uno fueron transcurriendo los días. A veces llovía, y el campesino, que acababa mojándose mucho, cogía un resfriado. Otras veces hacía tanto calor que al pobre hombre casi le daba una insolación. Pero nada parecía debilitar ni sus fuerzas ni sus ganas de que llegase al fin el sexto mes.

La princesa, por su parte, todas las mañanas se levantaba temprano para comprobar que su amado seguía ahí, bajo su balcón, y felizmente contemplaba que así era. Pero una mañana, a falta de dos días para que el campesino superase la prueba, por desgracia para la princesa, éste se había marchado. 

Ella se lloró y lloró, y se enfureció mucho.

-¡Será idiota! -gritaba entre sollozos-. ¡Sólo quedaban dos días!

Y, del enfando que le dio, dio su prueba por inacabada y decidió que jamás volvería a verle.

Pasaron las semanas, hasta que un día la princesa se presentó en la casa del campesino para pedirle explicaciones.

-¡Sólo te quedaban dos días! -exclamó ella al verle-. ¿Por qué te marchaste? ¿Tan poco me quieres que no puedes pasar seis meses completos bajo mi balcón? Si me amases de verdad, no te habrías marchado.

-Te amo mucho -respondió el campesino-. De verdad. Pero si tú me amases a mí, nunca habrías ocultado nuestra relación a tu padre y a tu madre, sino que les hubieses rogado que te dejasen estar conmigo. Y si me amases, no hubieses dado por inacabada mi prueba y me habrías perdonado esos dos días. 

Y así fue cómo esperando el campesino y la princesa que su pareja hiciese lo que deseaban que hiciese, venció el orgullo. Así fue cómo el deber venció al amor.

Porque para saber si nos aman no hay que esperar que la otra persona haga tal o cual cosa que nosotros/as queremos que hagan. Para saber si nos aman, no hay que poner reglas que la otra pesona debe cumplir. Y para demostrar que amamos, no tenemos que pasar pruebas de fuego.

Para amar, no hay que quedarse con la persona amada todos los días, a su lado, sin separarse, y decidiendo no ver a los/as amigos/as o a los/as familiares. Para amar, no hay que regalar un ramo de rosas todas las mañanas. Para amar, no hay que ir a recoger todas las tardes a nuestra pareja en la Universidad.

Para saber que nos aman, no hemos de esperar que pasen seis meses bajo nuestro balcón, ni a que nos perdonen los dos días que nos faltaron para superar el concurso.

Para amar y ser amado/a, tan sólo hay que respetar la vida (en todos sus sentidos) y las libres decisiones de las personas con quienes convivimos (decisiones libres, sanas y respetuosas, dado que la libertad no es lo mismo que el libertinaje: la libertad implica que haya una cierta responsabilidad. No puede tolerarse la libre decisión de una persona a dañar a otra) .

En el amor no hay un "yo debo...", sino un "yo quiero...".
Y sobre todo, no hay un "te quiero", sino un "te amo".


Como dijo el gestáltico Frizt Perls:

Yo soy yo y tú eres tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas,
y tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú y yo soy yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
y coincidimos, es hermoso.
Si no, pocas cosas tenemos que hacer juntos.

Tú eres tú y yo soy yo. 
Existe una falta de amor a mí mismo 
cuando en el intento de complacerte me traiciono a mí mismo.
Existe una falta de amor a ti
cuando intento que seas como yo quiero,
en vez de aceptarte como realmente eres.

Tú eres tú y yo soy yo.

martes, 12 de junio de 2012

Vídeo sobre violencia obstétrica.

Les paso un vídeo sobre violencia obstétrica, creado por la humorista feminista Malena Pichot.



Este vídeo, aunque me parece muy bueno, tiene un aspecto negativo: hay un momento, a partir del minuto 2:30, cuando está en la clase de relajación, Malena comenta que quiere tener un parto natural, y la otra madre dice que ella preferiría que la duerman y le entreguen al niño planchadito y lavadito, a lo cual Malena responde: "Está muy mal lo que estás diciendo". 

Vamos a ver... El cuerpo de la mujer es de cada mujer en particular. Eso quiere decir que es sólo la mujer que gesta y pare quien decide cómo dará a luz, y nadie, dado que es su cuerpo, debería juzgar si está bien o está mal que su parto sea natural o que le pongan oxitocina.

Es cierto que la otra mujer también hace mal al comentar que es un horror querer un parto natural, y ese punto tiene como fortaleza la crítica a las personas que juzgan a quienes quieren un parto de este tipo. No obstante, eso, a mi parecer, no debería implicar el critircar otras formas de dar a luz. 

lunes, 4 de junio de 2012

Diferencia de responsabilidades entre padres y madres.

Responsabilidades de las madres:

- Dar el pecho cien años, cuatro meses, seis días, una hora, veinte minutos y cuarenta segundos.

- No dar el pecho cien años y saber destetar a su hijo/a "a tiempo".

- Directamente, no dar el pecho nunca y dejar paso al biberón de forma obligatoria.

- Por un lado, colechar.

- Por el otro, no colechar, "porque si lo hace su niño/a se quedará toda su vida bajo las faldas".

- Quedarse en casa y no trabajar nunca fuera del hogar, "porque esa es su tarea".

- Si va a trabajar fuera de casa, reponerse en 5 minutos del parto, porque ha de estar en la empresa ya mismo si no quiere perder el puesto.

- No dejar al o la bebé llorando (totalmente de acuerdo).

- Dejar al o la bebé llorando, "porque si no se malcría".

- Jugar con el niño o la niña.

- Acariciar a su bebé, darle muchos mimos y no alejarse nunca.

- No acercarse demasiado, no vaya a ser que los besos den lugar a "traumas e inmadurez" en el/la bebé.

- Educar a su hijo/a y tenerle en constante vigilancia. Y ya saben, madres, "si algo sale mal, la culpa es exclusivamente de ustedes".

- Alejar al padre del niño o la niña con una antorcha y una lanza, pues sólo las madres deben criarles.

- Incluir al padre en la crianza y la educación de la criatura (porque ellos no pueden hacerlo solitos. No, qué va...).

- Preparar la comida adecuada. "El padre lejos de la cocina, que él se excede con la sal...".

- Asegurarse que el niño o la niña come lo suficiente (es decir, lo mismo que el hijo de la vecina, un poco más de lo que dice la abuela, un poco menos de lo que dice el tío o exactamente lo mismo que dicta el o la pediatra).

- Usar un chupete de un color diferente cada día de la semana.

- No usar nunca chupetes.

- Inyectarle al niño o la niña leche de vaca en vena.

- Mandar el cartón de leche de vaca al contenedor de objetos "altamente radiactivos y cancerígenos".

- Dar veinte vueltas a la casa mientras hace volteretas y recita un poema de José de Espronceda (no, la verdad es que esto no lo dice en ningún manual, pero casi).


Responsabilidades de los padres:

 - Traer dinero a casa (tarea que exclusivamente cumple solo en aquellas familias que dividen los roles).

- Esperar a que su pareja le diga lo que tiene que hacer, cómo y cuándo.

- Irse a jugar al golf y tomar unas cañas mientras su pareja le cambia el pañal al bebé.
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