martes, 28 de mayo de 2013

Proceso de aprendizaje-anseñanza.

Por lo general, los manuales de texto tienden a hablar de "proceso de enseñanza-aprendizaje" a la hora de hablar del proceso por el cual el o la docente (quien sabe) enseña a otra persona (que no sabe y debe poner su esfuerzo en aprender) para que adquiera una serie de conocimientos, capacidades, destrezas, actitudes, hábitos, valores, etcétera.

Cuando se habla de proceso de enseñanza-aprendizaje, la norma queda clara: quien enseña, sabe sobre la materia, además de que sabe y quiere enseñar; y quien aprende debe seguir el ritmo de quien le enseña, pudiéndose darse tanto el caso de que quiera aprender, como que no quiera.

Quien enseña, en este caso, se centra en su enseñanza, en los métodos de enseñanza. Él o ella sabe enseñar y quien no aprende es porque o no puede o no quiere.

Más en concreto: enseña, además, una cantidad fija de contenidos a fin de perseguir unos objetivos. Trata de enseñar, si cabe, lo máximo posible en el menor tiempo posible; y como se supone que enseña bien, entonces, a quien puede seguir el ritmo se le considera como "normal", y a quien no, como idiota o vago/a.

Porque, asimismo, no olviemos que "quien sabe de la materia sabe enseñarla", y en los casos más avanzados, "quizá no siempre que se conoce sobre la materia se sabe enseñarla, pero queda claro que quien quiere enseñar conoce o buscará información sobre métodos de enseñanza, de tal modo que enseñará bien".

Si hay algún fallo en ese proceso de enseñanza-aprendizaje, la culpa recae sobre el o la aprendiz; y si acaso la tiene el o la docente, es porque no conoce métodos de enseñanza.

Resumiendo: bajo esta idea, la importancia recae en la enseñanza en sí misma; el profesorado debe centrarse en los métodos de enseñanza, en función de si son más o menos eficaces. El aprendizaje queda a cargo del alumnado y la enseñanza es llevada a cabo por el profesorado, quien introduce, literalmente, el conocimiento en la mente de sus discentes y lo saca empleando exámenes.


Ahora bien, mi filosofía es bastante contraria...

Antes que de proceso de enseñanza-aprendizaje, prefiero hablar de proceso de aprendizaje-enseñanza.

La importancia no reside en conocer métodos de enseñanza, sino formas de aprendizaje, o lo que es lo mismo: cómo aprende quien aprende.

Yo, como docente, he de buscar el objetivo fundamental de que el alumno o la alumna aprenda, y solo en la medida en que consigo que aprenda, entonces puedo decir que estoy enseñando. Si el educando no aprende, no existe la enseñanza en el proceso que estoy llevando a cabo.

Por lo tanto, el alumnado no deberá adaptarse tanto a mi ritmo, sino que más bien yo deberé adaptarme a sus conocimientos previos, a sus ideas previas, a sus necesidades, a sus motivaciones (no se trata de que mi metodología de enseñanza motive, sino que yo averigüe cuáles son las motivaciones de mis chicos y chicas, y procurar que mi metodología no haga decaer su motivación durante su aprendizaje).

La intención no debe ser que yo enseñe lo máximo posible en un tiempo determinado, trayendo consigo la idea de que quien no aprende es porque no quiere o porque no puede... Se trata, más bien, de que yo logre que aprendan lo que puedan y quieran aprender, y si yo no soy capaz de lograr que aprendan aun queriendo y pudiendo aprender ellos y ellas, entonces el idiota o vago soy yo.


Y por último, no se trata de creerme un dios omnipotente que todo lo sabe y todo lo puede, mientras que el alumnado es una tabla rasa, sino que se trata de pensar que los y las discentes vienen al aula con conocimientos que interferirán en el modo y en la perspectiva con la que aprenden, así como que mi práctica educativa se renovará día a día con el aprendizaje que yo hago a través de la experiencia. Es decir, que quien enseña, aprende, y quien aprende, a su vez enseña. O lo que es lo mismo: que el profesorado no introduce a golpes de martillo el conocimiento en la mente del alumnado, sino que el conocimiento es construido por ambas partes, poniendo cada cual su grano de arena, durante el proceso.


martes, 14 de mayo de 2013

Una mujer puede ser valiente... siempre y cuando sea bella.

Mérida es la protagonista de la película Brave, de Disney Pixar. Ella es una chica rebelde que no quiere, para nada, ajustarse al estereotipo femenino de "mujer que debe vivir para encontrar un marido y probarse vestidos".

A ella, por el contrario, le gusta perseguir fuegos fatuos, lanzar flechas, escalar e ir de aventura. 

Cuando su madre (por cierto, por primera vez en su historia, Disney hace una película en la que se refleja la relación madre e hija, además de colocar a dos mujeres como protagonistas principales) le dice que varios reyes van a presentar a sus hijos para que se case con alguno de ellos, Mérida se rebela, los deja en ridículo mostrando su habilidad como arquera y posteriormente se escapa.

Físicamente, su pelo se le ve un tanto revuelto y no lleva un vestido de lujo, de súper-princesa, sino un vestido simple y cómodo que le permite lanzar las flechas y moverse con soltura.

En una de las escenas, cuando lleva el vestido ajustado y elegante que su madre le pone para presentarse ante los pretendientes, ella acaba rompiéndolo.

Es decir, Mërida trata de salirse física y psicológicamente del modelo femenino de mujer recatada que desea quedarse en casa para acabar sirviendo a su marido y teniendo hijos e hijas como una coneja.

Sin embago, parece ser que Disney no quiere vender ese modelo diferente de chica y ha decidido trasnformar el modelo de Mérida para que sea más femenina, de tal modo que queda así:

la creadora de brave critica la sexualizacion de merida en disney 

Su pelo está más peinado, desaparecen el arco y el carcaj, lleva el vestido que ella detesta y su cara se ve más maquillada, con las pestañas más oscuras y los labios pintados.

Para que se note el cambio, he aquí una imagen con la Mérida actual y la de la película:

Brave 

De este modo, no tenemos a una Mérida que sobresale del resto de princesas Disney, sino que, como muestra la siguiente imagen, parece ser una más del lote:

Por supuesto, por fortuna, no han tardado en salir las críticas, que van desde la realizada por la propia creadora de Brave (a quien Disney despidió) hasta la de numerosos y numerosas fans, que han solicitado una petición de firmas para que se deje a la Mérida original de la película.

Lo que está claro es que por mucho que digan que el sexismo es natural, que las niñas van a las muñecas y que prefieren los modelos más feminizados, detrás de todo hay mucho marketing y mucho interés económico, promoviéndose, a través de la televisión, los anuncios, los juguetes, etc, una socialización primaria a toda la infancia que está muy segregada en función del sexo, y muy sexualizada para las niñas.

Así no es de extrañar que por mucho que algunos padres y algunas madres se esfuercen en coeducar al máximo a su hijo y a su hija, al final las criaturas tiendan a los estereotipos.

Por tanto, me queda claro que una de las primeras actuaciones para proporcionar una educación lo más anti-sexista posible, es limitar las fuentes estereotipadas que ciertas entidades tratan de mandar a los niños y las niñas.

Ahora es cuando quizá alguno o alguna me venga preguntando que si un padre o una madre tiene derecho a seleccionar o limitar la información que llega a su hijo o hija... A esto, yo haré otra cuestión: ¿y una entidad como Disney sí tiene derecho a gastarse millones en lavarle el cerebro a las criaturas?


martes, 7 de mayo de 2013

¿Por qué apoyo la inclusión educativa?

Se entiende la inclusión en educación como el conjunto de medidas (políticas, sociales, económicas...) a través de las cuales se pretende dar respuesta a la diversidad de las necesidades de todo el conjunto del alumnado sin excepción, promoviendo una mayor participación por parte de todos y todas sin importar sus capacidades, su cultura, la comunidad de la que procede..., y reduciendo al máximo la exclusión o la segregación en la comunidad educativa. 

Involucra modificaciones en los contenidos curriculares, cambios en la metodología docente de tal modo que el profesorado se adapte a sus discentes y no al revés, la eliminación de barreras, la creación de nuevas estructuras y estrategias adaptadas a todo el mundo, manteniendo con ello siempre una perspectiva global en la que la normalidad no existe, en la que todo el mundo es diferente pero de igual valor.

¿Y por qué apoyo la inclusión educativa? Muy sencillo:

Prq ls prsns sms cm ls ltrs: n s pd xclr nngn pr sr cnsnnt vcl, sn q ls ncstms a tds pr pdr ntndrns y cnvvr n scdd.

¿No se entiende? Lo traduzco, pues:

Por que las personas somos como las letras: no se puede excluir ninguna por ser consonante o vocal, sino que las necesitamos a todas para poder entendernos y convivir en sociedad. 
 

miércoles, 1 de mayo de 2013

El fin de la educación.

Foto


Es decir, el fin de la educación es la libertad de cada individuo, por lo que la educación no puede ser un medio, sino un fin en sí misma. ¿Alguna duda?
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