lunes, 30 de julio de 2012

Mejoremos "MEJOREMOS LA EDUCACIÓN".

Como probablemente se hayan dado cuenta, he cambiado un poco el look del blog. He cambiado el fondo, el color del título y algunas cosas más.

No obstante, este blog no es sólo mío, sino también de ustedes, estimados/as lectores/as. Sin sus visitas, sin sus comentarios, sin sus aportaciones... este blog estaría prácticamente vacío y, quizá, no habría llegado hasta aquí. Por lo tanto, dado que no voy a publicar absolutamente nada hasta por lo menos a finales del mes de agosto (aunque, si me es posible, seguiré publicando comentarios y visitando otros blogs), creo esta entrada con el fin de invitarles a partircipar en la mejora de "Mejoremos la educación. Mejoremos nuestro futuro".

Quiero animarles a que den su opinión con respecto al mismo, que cuenten qué tipo de entradas les gusta más y cuáles les gusta menos; si les gustaría que hablase de algún tema en particular; si me excedo o me quedo corto al hablar de ciertos temas... En resumen, qué le gustaría añadir o quitar al blog, o si por el contrario lo dejaría tal y como está.

No se trata de que den una nota cuantitativa, sino de que aporten una valoración cualitativa, una opinión crítica, que es lo que de verdad sirve para contribuir en la mejora de todo.

Aunque la idea de esta entrada es que este blog se realice también pensando un poco en los intereses de las personas que lo leen, no voy a tomar sus ideas en cuenta a raja tabla, obviamente. Si, por ejemplo, alguien viene con la idea de que le gustaría que este blog tuviese una tendencia un poco machista, puede expresarlo, ¡cómo no!, con total libertad; ahora bien, han de saber que no la tendré en cuenta. :)

Por último, hacerles saber dos cosas:

1- He creado una nuevo correo para el blog. Si alguien quiere comentarme algo de forma más personal, mandarme alguna idea para hacer una entrada, pedirme que publique una entrada hecha por él/ella, o un artículo periodístico... lo que sea, puede hacerlo a través de esta dirección: mejoredu@hotmail.com (para quienes conocen mi otro correo habitual, les informo que lo sigo manteniendo, y que para las cuestiones y conversaciones personales, prefiero que sigan aconteciendo mediante ese anterior).

2- He creado un Twitter para el blog. A través de él indicaré cuándo he publicado una entrada nueva, colocaré imágenes o artículos relacionados con la educación, etc. Quien quiera agregarme, me llamo Mejoremos Educación.

Y bueno, les dejo con una canción realizada por el humorista español José Mota:

 
Muchas gracias por aportar su grano de arena al blog Mejoremos la educación. Mejoremos nuestro futuro. Que tengan un feliz agosto y les vaya muy bien.

jueves, 26 de julio de 2012

Cadena de memes.

El siguiente meme de libros lo he encontrado en el blog Los que vamos contra corriente, de Mamisepa (antes Misteriosa), y voy a seguirlo porque me encanta la lectura:

Hola, soy un meme. No soy un meme para memos ni una memez de meme. Soy, damas, caballeros e intersexos varios, un meme de libros y llego desde las insondables profundidades donde se produce la intersección entre la biblioteca borgiana, el subconsciente humano y la tecnología de la información. Busco lectores que hayan leído, al menos, diez libros para que me ayuden a extender mi influencia a lo largo de vuestras conciencias. Dicen los memes de videojuegos que estoy condenado, que no puedo encontrar un sustrato de lectores que no existe y que pueden contarse con los dedos de media mano los que han leído tal número de libros y cuentan, encima, con materia gris sobrante para recordarlos.

Un libro que cambió mi vida:

Más que un libro, son dos: Déjame que te cuente... los cuentos que me enseñaron a vivir, y Cartas para Claudia, ambos de Jorge Bucay. Digamos, sencillamente, durante mi adolescencia pensaba más o menos como pienso hoy día, pero siempre me sentía extraño al confrontar mi forma de pensar con lo que me decía la gente. Gracias a esos dos libros y a las charlas de la profesora de Filosofía que me hizo leerlos, senté firmemente las bases de mis planteamientos y seguí para adelante.

  
Un libro que tuve que leer más de una vez:

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. La primera vez aque era pequeño. El caso es que toda mi familia excepto mi hermano, un par de primos y yo, nació en un pueblo de la provincia de Toledo, en la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. De hecho me siento más manchego que madrileño. Es manchego hata mi acento (excepto cuando estoy con gente de Madrid, que me cambia el acento al madrileño. Tengo los dos como si fuese una persona bilingüe que es capaz de hablar dos idiomas indistamente). Como todo cuanto tiene que ver con El Quijote es muy tradicional allí en mi pueblo, siempre sentí curiosidad por él, y quise leerlo desde pequeño. Con mucho esfuerzo y tras varios meses, llegué al final pero no me enteré de nada, así que tuve que retomarlo unos pocos años más tarde, y luego tuve que leerlo otra vez más para hacer un resumen que nos pidió un profesor.

 

Un libro que me llevaría a una isla desierta:

Me llevaría la trilogía Memorias de Idhún, de Laura Gallego García, compuesta por La Resistencia, Tríada, y Panteón. Esta trilogía me tiene loquito. La he leído y releído mil veces. Y nunca me cansaré.

          

Un libro que me hizo reír:
Yo y el imbécil, una de las divertidas historias del famoso personaje Manolito Gafotas, escrito por Elvira Lindo. Lo leí de niño y me hizo reír muchísimo.


Un libro que me haya hecho llorar:

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Es una historia preciosa que recomiendo enfáticamente a todo e mundo.

 

Un libro que me hubiera gustado escribir:

Como no comparto esa, para mí, odiosa y tediosa costumbre de hacer monopolizar los gustos, nuevamente citaré dos libros:

1984, de George Orwell e Igualdad bajo sospecha: el poder transformador de la educación, de Yolanda Herranz. El primero porque me encantan las utopías y las antiutopías; y ese, junto al de Un mundo feliz de Aldus Huxley, es el mejor que he leído de este género. Me encantó.

 

El libro de Yolanda Herranz me encantó porque pone en duda que hoy en día se haya alcanzado la igualdad de género, además de hablar sobre la coeducación de una forma muy sencilla, y algún día me gustaría escribir libros de educación con ese enfoque, además de terminar un libro de fantasía que comencé hace ya tiempo (aunque no creo que vaya a hacerlo nunca, jaja).


Un libro que aborrezco:

Cualquiera que haya escrito Miguel Delibes. Es de lo más aburrido que he leído en mi vida.  Y lo peor es que tuve que leerlos hasta el final porque nos lo mandó leer un profesor. Tego pendiente hacer una barbacoa con ellos si no me los coge antes alguien a quien se los regalaré con sumo gusto.

Un libro que me decepcionó:
El psicoanalista, de John Katzenbach. El principio del libro es aburridísimo, luego se pone interesante. Pero posteriormente hay una segunda parte que es tan mala que me dan ganas de llamar al autor para pedirle que lo escriba de nuevo.

 

Un libro que estoy leyendo ahora:
El segundo sexo, de Simone de Beauvoir... ¡Y me está encantando!

 

Un libro que pretendo leer:

Cuestión de sexos, de Cordelia Fine. Es un libro que muestra cómo las diferencias entre varones y mujeres no son biológicas, y explica cómo la sociedad y la cultura nos transmiten las diferencias.

 
Y hasta aquí hemos llegado. A ver si alguien más se anima. En ese caso, por favor, comente en este enlace para que el autor pueda actualizar la lista.

martes, 17 de julio de 2012

¿Es la educación feminista un adoctrinamiento?

Mucha gente entiende por coeducación la inclusión de chicos y chicas en el mismo aula. Sin embargo, a eso se le llama escuela o aula mixta. Y no tiene nada que ver lo uno con lo otro. El hecho de que en un mismo aula haya niños y niñas no implica necesariamente que estén recibiendo una educación en condiciones de igualdad.

Coeducar consiste en desarrollar todas las capacidades, tanto de niñas como de niños, a través de la educación. Supone eliminar estereotipos o ideas preconcebidas sobre las características que deben tener las niñas y los niños, los chicos y las chicas, las mujeres y los hombres (1).

Por lo tanto, cuando hablamos de coeducación, nos referimos a un modelo educativo de base feminista, de tal forma que varones y mujeres reciban la igualdad de trato y de oportunidades para el empleo, las políticas sociales, la economía, la cultural, y la esfera civil y política, que recoge, aquí en España, la Ley Orgánica 3/2007 para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres.

Algunas personas, cuando los educadores y las educadoras feministas hablamos de coeducación, inciden en que nuestra pretensión consiste en adoctrinar al alumnado para que sean seres no diferenciados entre sí. Esta afirmación la realizan en base al rezo feminista de "los hombres y las mujeres somos iguales". A lo cual responden que no lo somos y que por ende no sirve de nada hablar de igualdad. Además, también hay gente que afirma que los hombres y las mujeres ya tenemos los mismos derechos, que se nos trata por igual y que no tiene cabida en la sociedad actual hablar de sexismo. Empero como ya expliqué en esta otra entrada, no es cierto que hoy por hoy hayamos logrado la igualdad plena entre varones y mujeres.


Tal y como fantásticamente ha explicado Basta de Sexismo en su entrada Todos distintos, todos iguales, los seres humanos somos diferentes, obviamente, ya que no existen dos personas idénticas, pero somos iguales en tanto que valemos lo mismo. Por lo tanto, cuando hablamos de igualdad no nos referimos a que todos los niños y todas las niñas piensen exactamente igual, tengan los mismos gustos y quieran dedicarse a las mismas profesiones, sino que nos referimos a que todo el alumnado, indistintamente de su sexo, pueda tener los mismos derechos, el mismo respeto y las mismas oportunidaes.

Nadie puede negar que toda persona que se dedique a educar (un padre, una madre, una tía, un/a docente...), lo hace siempre persiguiendo unos objetivos. Unas personas buscarán que sus hijos e hijas sean personas religiosas, otras no; unas personas querrán que sus hijos e hijas no fumen cuando alcancen la adolescencia, mientras que a otras les dará igual, etc. Pero, al fin y al cabo, todo padre todo madre, todo/a maestro/a... tiene su filosofía de la educación, su teoría educativa, sus metas. Por consiguiente, toda persona, cuando educa, no sólo emplea la educación como un fin en sí mismo, sino que también como un medio para lograr algo. Y por ello podríamos decir que, en cierto modo, toda educación sin excepción tiene algún punto de adoctrinamiento.

Pero también es cierto que unos determinados modelos educativos son más libres que otros, y que por eso los resultados serán más predecibles en los unos que en los otros.

Por ejemplo, si educamos a una persona en la doctrina de una religión cualquiera, sabemos que habrá más probabilidades de que siga los fundamentos y las creencias de esa religión, que si le mostramos a esa misma persona varias religiones diferentes.

En el caso de la contraposición educación sexista frente a la educación feminista, podemos predecir dos puntos clave:

Alumnado educado en un modelo sexista => Alumnado con ideología sexista.

Alumnado educado en un modelo feminista => Alumnado que busca la igualdad entre chicos y chicas.

No obstante, aunque en ambos modelos podemos predecir un comportamiento, si miramos más lejos, observamos claramente que la eduación feminista genera no solamente igualdad, sino que además ciudadanos/as libres con un mayor abanico de posibilidades a elegir y más impredecibles.

Si analizamos la variable "juguetes", el esquema sería el siguiente:

Si la educación es sexista:

Segregación de juguetes: Los niños juegan con armas, coches, balones, piezas de construcción... y las niñas con muñecas, teléfonos, cocinitas, planchas... Lo cual desencadena en:


- Desarrollo de capacidades:  En el futuro los niños desarrollarán en mayor medida el físico y la orientación espacial, mientras que las niñas desarrollarán más la comunicación y la sociabilidad..

- Gustos profesionales: Habrá más probabilidades de que los niños se decanten en el futuro por el deporte, la cirugía, la ingenieria y la arquitectura, mientras que las niñas serán amas de casa, maestras o enfermeras.

- Valores y actitudes: Mientras que en los niños se fomentará la agresividad y la competitividad, en las niñas se fomentan la ternura, la sumisión y la dependencia.

 Con la coeducación:

 Libertad de uso de juguetes (restringiendo las armas), independientemente del sexo: Tanto los niños como las niñas podrán jugar al fútbol, a cuidar bebés, a realizar construcciones, a hacer de profesores/as... y cada cual eligirá lo que le guste, por lo que es impredecible a qué jugarán. Esto da lugar a lo siguiente:

- Desarrollo de capacidades: Cada niño/a desarrolla todas las capacidades en función de sus gustos e intereses, pudiendo potenciar, incluso, todas las descritas con anterioridad, y no solamente unas delimitadas a su sexo.

- Gustos profesionales: No podrán preveerse; dependerán de cada hombre y de cada mujer. Unos varones preferirán ser pedagogos mientras otros querrán ser fontaneros, y unas mujeres querrán ser amas de casa mientras que otras preferirán dedicarse a la construcción.

- Valores y actitudes: Junto a una educación en y para la igualdad, deben promoverse valores de solidaridad, ayuda mutua, compañerismo... De este modo los niños y las niñas desarrollarán una serie de valores éticos, pero siempre con características propias, ya que una parte del alumnado puede ser más inhibida y otra más deshinibida, una más tranquila y otra algo más inquieta, etc.

Por con consiguiente, y a modo de conclusión, tal y como hemos visto, con la coeducación no se desarrollan individuos mecanizados y adoctrinados, sino todo lo contrario: con este modelo educativo se consigue que, dentro de unos valores cívicos y morales que, obviamente, deben ser comunes a toda la población, cada niño y cada niña sea él/ella mismo/a, habiendo, por ende, siete mil millones de categorías, y no dos segregadas dependiendo de si se nace macho o hembra.

Nota:

(1)- Definición dada por el Instituto Andaluz de la Mujer.

lunes, 9 de julio de 2012

Fidelidad vs. lealtad, y poliamor.

En nuestra sociedad se nos enseña que cada persona debe estar con una única pareja. Es un modelo de amor en el que se estima que no nos pertenecemos a nosotros/as mismos/as, sino a nuestro novio o a nuestra novia. Y por tanto, hemos de jurarle eterna fidelidad.

Aunque el diccionario los recoge como sinónimos, para mí hay una diferencia entre los términos "fidelidad" y "lealtad.

- Fidelidad: Consiste en mantener una relación con una única persona, o con una única asociación, o con un único grupo de amigos/as.

- Lealtad: Consiste en mantener con las personas una relación honesta, sincera, transparente, basada en el respeto, la confianza, la libertad; consiste en apoyar y animar a las personas cuando precisan nuestra ayuda, en no dar puñaladas traperas, en cuidar...

Yo lo que doy realmente importancia es a esto segundo.

Para mí, las personas deben de ser leales, sí o sí; lo otro, la fidelidad, debería ser algo opcional y libremente elegido entre las personas u organizaciones. Por lo tanto, estoy total y absolutamente de acuerdo con las relaciones abiertas de pareja y con el poliamor.

Nunca he sido una persona fiel. Recuerdo que cuando era adolescente, una amiga muy celosa siempre me reprochaba que muchas veces no salía con el grupo, sino con otras personas; me llamaba traidor e infiel. Pues sí, para qué negarlo. No soy la típica persona que permanece todos y cada uno de los días junto a la misma persona. No soy la típica persona que sólo se va de cenas con su pareja, o que sería incapaz de acostarse con otra persona. A mí lo que me gusta es ir y venir cuando me da la gana, hacer lo que quiero, cuando quiero, como quiero y con quien quiero, con total libertad (recuerdo que no es lo mismo libertad que libertinaje, pues la libertad conlleva una cierta responsabilidad y un respeto. Es decir, que cuando digo "hago lo que quiero", no me refiero a que me dedique a robar bolsos).

Sin embargo, sí que sería incapaz de dar la espalda a mi pareja, o de dejarla abandonada si mañana tiene tal o cual problema y lo más cómodo para mí fuese salir corriendo. Sería incapaz de mandar a la basura a un amigo o una amiga que me pide ayuda.

Y es que yo no concedo mucha importancia a las relaciones físicas, sino que más bien atribuyo importancia a las relaciones emocionales y mentales. Por relaciones emocionales quiero decir estrechar lazos, compartir emociones, respetarse, ayudarse, cuidarse, etc. Por relaciones mentales me refiero a compartir ideas y opiniones, a conocer a la persona (por conocer a la persona no me refiero a si su color preferido es el azul y le encanta el chocolate, sino cómo es, cómo siente, cuáles son sus expectativas, etc), intimar, hablar sobre las alegrías y las tristezas...

En el único caso en el cual me molestaría bastante la infidelidad, sería si mi pareja y yo acordamos una relación cerrada y me pone los cuernos. ¿Por qué? No por la infidelidad en sí misma, sino porque estaría haciendo uso de una libertad que a mí me está quitando, y por ende me estaría siendo desleal. Además de que no soporto que una persona tenga más derechos y libertades que yo.

Pero, Enrique, ¿vas en serio cuando dices que estás de acuerdo con el poliamor? ¿Piensas de verdad que una persona puede enamorarse de dos personas a la vez? ¿Opinas que una persona puede tener más de un/a novio/a a la vez?

La respuesta para las tres preguntas es sí. Aunque mucha gente no quiera admitirlo porque les es más fácil autoengañarse y pensar que su novio/a les amará solamente a ellos y para toda la vida, lo cierto es que los seres humanos podemos enamorarnos de más de una persona a la vez. Y sobretodo, podemos amar a más de una persona al mismo tiempo. Aunque no estén enamorados de ellos/as... ¿no aman ustedes, a caso a sus hijos/as, a su pareja, a su padre, a su madre, a su abuelo/a, a sus hermanos/as, al mismo tiempo? ¿Y cómo se sentirían si alguien les dijese que tienen que decidir entre su padre y su madre, porque sólo pueden estar con uno? ¿Cómo se sentirían si alguien les obligase a elegir entre uno de sus dos hijos/as? ¿Cómo se sentirían si alguien les dijese que deben quedarse sólo con uno de sus hermanos/as y al resto echarlos de la familia?

Pienso que no somos objetos que se ganan o se pierden, sino que cada cual se pertenece a sí mismo/a, y que por ello mismo, tenemos todo el derecho del mundo a tener más de un/a novio/a simultáneamente. Porque, si tuviesen que elegir entro uno de sus dos pulmones, ¿con cuál se quedarían? Imposible elegir...

Otro motivo por el que estoy de acuerdo con el poliamor es que cuando una persona ama a otra, lo que quiere es su bien y su felicidad.

Imaginemos por un momento que nuestra pareja se enamora de otra persona, sin dejar de amarnos a nosotros/as, y esa persona corresponde a su amor. Si nuestra pareja es feliz también junto a ese/a otro/a novio/a, entonces esa otra persona le está haciendo un bien. Si queremos el bien para nuestra pareja, ¿no sería, acaso, lo más lógico, dejar que nuestro novio o nuestra novia esté también con esa otra persona, para que así sea feliz y esté bien, en lugar de tener que pasar por el dolor de tener que elegir? 

Y por último, si nuestra pareja está con ese otro chico o esa otra chica, estaría el doble de cuidada, el doble de protegida, habría alguien más que la hace feliz, si nosotros/as no podemos estar un día a su lado por un motivo cualquiera sí podría, quizá, estar esa otra persona, etc... ¿No sería esto mejor para nuestro amor?

En conclusión, opino que habría que enseñar a darle más importancia a la lealtad que a la fidelidad, y que otros tipos de pareja que se salgan del modelo de la media naranja, donde sólo existen él y ella (o él y él, o ella y ella), no deberían estar mal vistos. Yo prefiero mil veces que mi pareja se bese con otra persona o que mis amigos y amigas no estén todas las tardes conmigo, pero que un momento de dolor estén ahí, a que me sean plenamente fieles y que luego me dejen tirado.

Y por favor, que no venga ahora alguien diciéndome, como ya me han comentado otras muchas veces, que si pienso esto que estoy diciendo es porque en realidad no amo a mi pareja. Porque sí que la quiero, y mucho. Lo único que yo lucharía por estar a su lado, por ayudarla, por apoyarla, por defenderla... pero nunca por poseerla o por ganarla como si fuese un trofeo. Esa es una actitud muy humana, mas no pienso caer tan bajo.

martes, 3 de julio de 2012

Duelos.

Como ya expliqué en la entrada Déjate sentir, nuestra educación tiende a estar dirigida a la supresión de los duelos, a un no dejarse sentir.

A través de ésta otra, expondré un fragmento del libro Cartas para Claudia, de Jorge Bucay, en el que se explican tres mecanismos utilizados frecuentemente en el retraso o la eliminación de los duelos.

"Así es, cariño:

También dejar una casa implica un duelo.

La palabra duelo, etimológicamente, está relacionada con el concepto de dolor; consiste en la elaboración que realizo internamente cada vez que me separo de alguien o de algo. Cuánto yo haya querido a ese algo determinará la intensidad y duración de ese duelo, pero no su existencia.

Siempre hay un duelo por el que pasar después de una separación.

Nuestra educación conspira contra la elaboración y aceptación de los duelos. Recuerda los mensajes de nuestros padres y maestros ante nuestras pérdidas infantiles: "Bueno, ya ha pasado...", "¡Basta de llorar!", "No era tan importante", "Ya tendrás otro", "No pienses en eso", etc.

Tememos el duelo.

El dolor aparece como una terrible amenaza a nuestra integridad. Y entonces, nos defendemos.

El intento más común es no comprometerse afectivamente con nada ni nadie (o lo menos posible con los menos posibles), en la fantasía de que "si no quiero nada ni a nadie, no me dolerá perder algo o a alguien".

Aviso: NO FUNCIONA.

No sólo no funciona porque este razonamiento impide la vida comprometida, el contacto y la intimidad, sino además porque, como te dije, el duelo no depende de cuánto queramos aquello que perdemos.

El segundo intento es más terrible aún. Consiste en la velada decisión de no separarme NUNCA de NADA. Así acumulo cosas y relaciones que no finalizan jamás, que no se renuevan que permanecen estáticas.

Colecciono libros que nunca leo, discos que nunca escucho, cajas y cajas de cartas que me escribieron personas con las que hace años que no contacto, montones de armarios llenos de objetos que recuerdan momentos que quiero eternizar.

Barry Stevens dice: "Cuando tenía una familia, solía recorrer mi casa dos veces al año y detenerme unos minutos frente a cada objeto... Y toda cosa que no había sido usada o disfrutada en los últimos eis meses, había perdido el derecho de permanecer y era lanzada fuera de la casa...".

Por supuesto que en las relaciones humanas nuestros semejantes han encontrado infinitas variantes sutiles de este modelo de no soltar nada, y muchos hasta aconsejan tomar distancia de las cosas y las personas, en lugar de separarse (hasta no estar seguro...).

Este modelo es bien conocido por aquellas parejas que no resisten la idea de separarse y tampoco pueden permanecer unidos. Entonces dicen que se separan.

El "dicen" significa que esto es sólo lo aparente. En realidad, se siguen viendo tanto o más que antes; están pendientes de lo que el otro hace, dice, piensa, quiere. Y, en muchos casos, salen juntos, terminando la noche en la cama, haciendo el amor más frecuentemente que antes de "separarse". El objetivo es claro: no vivir el duelo que implicaría una separación.

He visto muchas veces una complicidad feroz en este juego siniestro. Siguiendo los designios de un sádico guionista ambos empiezan a distanciarse casi festejando delante de sus amigos la pronta separación. Sin embargo basta que uno de los dos intente comenzar otra relación o se aleje más de lo que está tácitamente pactado para que el otro se acerque a recordar viejos tiempos, a intentar corregir, a rectificar y sobre todo para abortar el duelo del otro. Con el tiempo, como en los juegos de vida, el otro se queda y es éste que se acercó el que ahora se aleja esperando, claro, el boicot del primero...

Existe, por último, un tercer mecanismo para huir de los duelos, que es, simplemente, negarlos.

Esta situación de pérdida, de separación, de muerte, no existe.

"Esto que perdí, en algún lugar está y yo lo voy a encontrar".

O...

"Él está muy confundido, volverá a mí".

O...

"Alguien le ha estado llenando la cabeza, pero no lo dice en serio".

O...

"Sólo su cuerpo ha mueto; su espíritu sigue conmigo...".

En esta última odiosa conducta evitadora, muchas veces mis colegas contribuyen a la negación. Lo hacen cuando desvalorizan la pérdida. Lo hacen cuando presionan para abortar el proceso. Y, fundamentalmente, lo hacen cuando, en medio de un duelo normal, sensato, previsible y sano, medican con antidepresivos a un paciente "para que salga de la crisis...".

Estas conductas negadoras postergan el duelo, pero no consiguen evitarlo.

Me importa vivir con toda plenitud los duelos por mis pérdidas, por mis cambios, por mis muertes.

Si no me puedo separar de aquello que hoy no está, no podré encontrarme libre para vincularme con lo que en este momento sí está aquí conmigo".


Fuente:

Bucay, J. (2007). Cartas para Claudia. RBA Bolsillo: Barcelona.
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