miércoles, 26 de diciembre de 2012

¡100.000 visitas!

Son ya 100.000 las visitas que tiene este blog desde su nacimiento; 100.000 visitas que no serían posibles de no ser por vosotros y vosotras, quienes, lo leáis usualmente o no, lo sigáis o no, comentéis en él o no, contribuis a que este espacio esté mejor referenciado en Google y siga creciendo.

Así pues, quiero daros las gracias por vuestras visitas, por vuestros comentarios, por vuestras aportaciones e ideas, por haberme permitido hacer uso de alguna entrada vuestra para que a través de este espacio también pueda disfrutarse de ella, o simplemente por estar ahí día a día aunque sea en silencio.

Muchas gracias por ayudarme a mantener vivo este blog, el cual espero que siga creciendo y luchando por mejorar la educación, que al fin y al cabo es la mejor herramienta para mejorar nuestro futuro.

lunes, 17 de diciembre de 2012

La víctimas olvidadas de la violencia de género.

"Hoy en día nadie duda del gran problema que es la violencia contra las mujeres, como, una situación que ha estado siempre en nuestra sociedad sigue presente en la actualidad sin que consigamos eliminar su esencia. Continuamos asistiendo a la utilización de la violencia por parte del hombre sobre la mujer como mecanimos de control, y para perpetuar una situación desigual en la que la mujer está sometida a los mandatos masculinos. Desde las distintas administracions se han elaborado leyes, programas, planes y estrategias que intentan acabar, de forma integral y desde diferentes ámbitos con la violencia de género, pero casi siempre caen en el olvido los niños y niñas que la viven y sufren directamente con sus madres.

Son escasos los estudios sobre su prevalencia lo que nos indica por un lado la invisibilidad de este tipo de víctimas, y por otro que los  menores son los grandes olvidados al hacer frente a este tipo de violencia.

En el año 2006, Save de Childern publicó el informe "Atención a los niños y niñas víctimas de violencia de género". La principal conclusión de ese trabajo era que los hijos e hijas de las mujeres víctimas de la violencia de género también son víctimas de esa violencia.

Se estima que en España 840.000 niños y niñas sufren violencia de género cada año. De ellos, 540.000 sufren agresiones directas, 200.000 son hijos e hijas de mujeres que han recibido órdenes de protección y se calcula que de ellos, tan sólo el 4 % reciben atención personalizada.

Bajo ningún motivo.
En los últimos años más de 10 menores han sido asesinados por sus padres como parte de una situación de violencia de género, y en lugar de entender que se trata de una violencia dirigida contra la mujer que se extiende a los hijos e hijas, sólo se visibiliza la agresión a los menores. En el caso de los menores de Córdoba, que nos ha sobrecogido estos meses segun aparece en El País, el 29 de agosto de 2012, ante la pregunta "un padre que mata a sus hijos es un loco?, Miguel Lorente, forense y experto en violencia de género opina: "No parece un loco. Una cosa es que en términos sociales lo que presuntamente ha hecho nos parezca una locura y otra es que esté loco. La diferencia es la capacidad de elegir entre hacerlo o no hacerlo. En este caso hay una planificación. Cómo voy a hacer el crimen y qué voy a decir después. Hay control, coherencia y racionalidad". También añade que "lo que es más infrecuente es que mate solo a los hijos, pero tambi´ne entra en la trama de violencia de género, en la voluntad de hacer el máximo daño posible a la mujer ante una separación y la posibilidad de que sus hijos tengan otro padre".

La violencia de género se trata de un tipo de violencia que se aparta por completo del resto de las agrsiones interpersonales. La agresión a la mujer es inmotivada, desproporcionada, excesiva, extendida y con intención de aleccionar, no tanto de lesionar.

El maltratador utiliza la violencia con un doble objetivo. En un primer momento, mientras la relación se mantiene, la violencia actúa como un mecanismo de control y sometimiento, y en una segunda fase, cuando la relación se ha roto, busca producir un daño profundo y directo en la mujer. Cuando el agresor además de pareja es padre, utiliza la violencia para conseguir sus dos objetivos: para controlar a la madre y para herirla, y cuando las circunsancias ya no permiten controlarla porque se ha producido la separación, un agresor frío y calculador puede desviar la violencia hacia otras personas. Entonces, los hijos e hijas aparecen como víctimas potenciales de la violencia y del homicidio, al ser consciente el maltratador de que es la conducta que produce un mayor daño a la mujer, y al creer que al no recuperar a la mujer perderán para siempre a sus hijos.

Cuando un padre maltrata a la mujer con la que manteine una relación demuestra que sus hijos le importan muy poco. No es cierto que un maltratador pueda ser un buen padre. Tener una madre maltratada incapacitada para ejercer un rol materno de cuidado y protección, a la vez que sufrir un padre violento y agresivo hace que la violencia se vaya "normalizando" como patrón de comportamiento y que la situación se convierta en un maltrato en sí mismo.

La mayoría de los padres son maravillosos, igual que la mayoría de los hombres, pero debemos conocer que según los datos de una Macroencuesta realizada por el Ministerio de Igualdad en 2011, hay 600.000 maltratadores, y que algunos de ellos pueden acabar con la vida de sus mujeres e hijos. Es hora de que ese lema tan bonito que utilizamos de "tolerancia cero" frente a la violencia sea una realidad y que aunque sabemos que no podemos hacerla desarparecer, sí podemos cambiar nuestra actitud dejando de justificar evidencias y trabajar con medidas concretas para evitar, prevenir y solucionar el grave problema de agresión a la mujer y los hijos e hijas".


Fuente:

Artículo del periódico Saber más... Violencia contra las mujeres, por Marisa García Largo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Síndrome de Alienación Parental: una gran mentira.

El Síndrome de Alineación Parental (SAP) es una construcción ideológica que fue ideada por el médico psiquiatra y psicoanalista estadounidense Richard Alan Gardner, quien lo inventa en el año 1985 para utilizarlo como instrumento de defensa de padres acusados de maltrato, incesto y/o abuso. 

Según este autor, el SAP (que tendría lugar en un 90 % de los divorcios) vendría a ser un lavado de cerebro al cual uno de los padres -generalmente la madre- somete al hijo o la hija en contra del otro progenitor -generalmente el padre-, logrando de este modo quitar a ese padre o esa madre el derecho a permanecer junto al niño o la niña, pudiendo llegar a hacer creer a la criatura que el padre o la madre ha abusado de él/ella.

Gadner lo define exactamente como:

"Un trastorno infantil que surge casi exclusivamente en el contexto de disputas por la custodia de los niños. Su manifestación primaria es la campaña de denigración del niño contra un padre, una campaña que no tiene justificación. Ello resulta de la combinación de una programación (lavado de cerebro) de adoctrinamiento parental y de las propias contribuciones del niño para el vilipendio del padre objetivo".

El invento del SAP es utilizado para devaluar la palabra de aquellos niños y aquellas niñas que denuncian un abuso por parte del padre, y para devaluar la palabra de aquellas mujeres que denuncian malos tratos. Es decir, que según el SAP, el problema no se encuentra en la parte denunciada, sino en la persona denunciante, que padece de un trastorno.

De hecho, con respecto a los abusos sexuales, el propio Gadner afirma que:

El niño sexualmente abusado es generalmente considerado como la víctima, a pesar de que el niño pueda iniciar encuentros sexuales seduciendo al adulto… Si la relación sexual es descubierta, el niño probablemente fabricará un argumento de modo que el adulto sea culpado por su iniciación” (1).

Gadner distingue tres grados de este supuesto síndrome (2):

- Ligero: La alineación es superficial. Los niños o las niñas cooperan con las visitas pero con disgusto. No obstante, existe un vínculo fuerte y saludable con el progenitor alienado.

- Moderado: La alienación es más aguda que en el caso anterior. Durante las visitas al progenitor alienado, el niño o la niña mantiene una actitud oposicionista.

- Severo: Las visitas pueden ser imposibles. La hostilidad de los hijos o las hijas es muy intensa, de tal modo que pueden llegar a la violencia física. Si se fuerzan las visitas muestran un continuo comportamiento oposicionista y destructivo.

El Síndrome de Alienación Parental basa sus argumentos principalmente en:

- Que los niños y las niñas son fácilmente programables.

No obstante, cuando un padre o una madre se hace presente en la crianza de su hijo o hija, la criatura adquiere tal apego que ni si quiera el maltrato puede llegar a hacerle odiar. El psiquiatra Bowlby, quien estudió los problemas de delincuentes juveniles y de niños/as abandonados/as, observó que incluso los niños y las niñas que han padecido un matrato siguen queriendo a su padre y a su madre. Es decir, que la programación contra el progenitor no es tan fácil como insinúa Richard Gadner. 

Y es que, tal y como dice el pediatra Carlos González en el texto Tu hijo es una buena persona (3):

"Miles de niños reciben cada año palizas y malos tratos en nuestro país. "Lloraba y lloraba, no había manera de hacerlo callar" es una explicación frecuente en estos casos. Es la consecuencia trágica e inesperada de un comportamiento normal: los niños no huyen cuando sus padres se enfadan, sino que se acercan más a ellos, les piden más brazos y más atención".

Es decir, que los niñas y los niñas a quienes les maltratan, no muestran su rechazo hasta el divorcio no por alienación, sino porque muestran una conducta de adaptación al ambiente. Al fin y al cabo, la misma persona que le golpea es quien también le da los medios que le permiten sobrevivir.

- Que los niños y las niñas mienten y pueden sostener una mentira, sólo por dañar a otra persona, aún cuando vaya contra su propia voluntad, sentimientos e intereses.

De acuerdo con Carlos González, esto también sería falso. En el mismo texto citado atrás, dice que:

"Ninguna amenaza, ninguna violencia, pueden obligar a un niño a hacer lo que no quiere. Y mucho menos a dejar de llorar cuando está llorando. Todo lo contrario, a cada nuevo grito, a cada bofetón, el niño llorará más fuerte".

- Que los derechos de los niños y las niñas deben quedar sumidos a los derechos de los progenitores.

Éste es el problema básico del SAP: que tiene más en cuenta la palabra de la persona adulta que la del niño o la niña, dado que considera que la criatura miente al padecer del síndrome. Es decir, que con el invento del SAP, de carácter no solamente machista, sino que además adultocentrista, se busca proteger a la persona adulta y no a la infancia.

- Que es necesario coaccionar a un niño o una niña para encauzar su conducta en los criterios de normalidad subjetiva que consideren las personas adultas implicadas.

Cuando se diagnostica el Síndrome de Alienación Parental, se fuerza al niño o la niña a alejarse de la parte que "les lava el cerebro" y a permanecer junto a la parte supuestamente alienada "hasta que supera el trastorno" (es decir, realizan un cambio de custodia). Y si el progenitor trata de recurrir a cualquier medio para recuperar la custodia, o persiste en su defensa de la criatura, se considera que está teniendo síntomas del síndrome.

Especialmente se recurre al mencionado síndrome cuando una mujer denuncia haber padecido violencia de género; y por el mismo se mantiene que no solo su testimonio es falso, sino que también el de los hijos o las hijas, lo cual invierte la carga de la culpa: pasa a ser ella quien tiene que demostrar su inociencia al alienar a sus hijos/as (a parte de que se apela a una supuesta epidemia de denuncias falsas por parte sólo de las mujeres).

Es decir, que bajo este síndrome se desprotege a la infancia, llegándose a promover la custodia compartida o invertida en casos en los que los niños y las niñas pueden correr un grave peligro al tener que permanecer forzadamente junto al padre o la madre que les maltrata o abusa.

Por supuesto, estoy a favor de la custodia compartida, pero no de la custodia compartida de forma generalizada y automática. Si el padre es un violador, si la madre es una maltratadora, si el padre nunca se ha implicado en la crianza de sus hijos/as y no sabe cuidarles, o si la madre es una irresponsable que pasa olímpicamente del cuidado de las criaturas, no es bueno adjudicar una crianza compartida.

Sin embargo, por suerte y a pesar de todo, este supuesto síndrome ha sido rechazado tanto por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en el manual DSM-IV-R y en el futuro DSM-V, como por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el CIE-10.

Es más, según la Asociación Americana de Psiquiatría y la Asociación Americana de Médicos, el trabajo de Richard Gadner no fue ni revisado ni examinado, sino que este autor publicó sus trabajos en su propia editorial: Creative Therapeutics.

Lo que está claro es que el hecho de que los padres y las madres se divorcien y hablen mal del otro progenitor, no puede ni debe justificar la existencia de SAP. Existen personas que pueden hablar mal, e incluso algunas denuncias falsas provenientes por parte tanto de varones como de mujeres, cierto, no puede negarse, pero eso no significa que exista un trastorno de por medio. Las peleas han de solucionarse con la mediación, con pactos, o con terapias familiares para la conciliación y el buen comportamiento, y no con un tratamiento psiquiátrico por el cual se puede llegar incluso a medicar.

El rechazo del niño o de la niña hacia su padre o su madre puede deberse a varios motivos como la no aceptación de la separación, el desagrado por una nueva pareja de su padre o madre, el disgusto al tener que alejarse de uno de los progenitores, la verdadera existencia de abusos o maltratos, etc, pero no por un síndrome que no ha sido comprobado científicamente y que ha sido fundado bajo argumentos que defienden la pedofilia, además de ir contra teorías pedagógicas.

Por último, aquí les dejo:

- Una declaración en contra del Síndrome de Alienación Parental de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.

- Un link de la página Heterodoxia: Comunidad de hombres por la igualdad, a través del cual se explica la nulidad del SAP.

- Y un vídeo en el que Consuelo Barea, Médico Psicoterapeuta, y Sonia Vaccaro, Psicóloga clínica, autoras de El pretendido Síndrome de Alienación Parental, hablan sobre su inexistencia.


Fuentes:

(1)- Gardner, R. (1986). Child Custody litigation: A guide for parents and mental health professionals.

(2)- Bolaños, I. (2002). Psicopatología Clínica Legal y Forense. Vol. 2, en http://www.psicojurix.com/pdf/sap%20presentacion-completo-web.pdf

(3)- http://www.amamantarasturias.org/eto/index.php?id=24

lunes, 3 de diciembre de 2012

Roles de género: El papel del padre.

"No hay nada como una madre, porque las mujeres están diseñadas biológicamente para esta función", suele decirse por ahí.  ¿Y el padre dónde queda?

Para algunas personas, el padre actúa "por naturaleza" como los leones: mientras la leona es quien cuida las crías, los machos se dedican a cazar y proteger a la especie. Por consiguiente, lo apropiado sería mantener las funciones tradicionales: mientras el padre trabaja, la madre se queda en la casa.

Para otras personas, el papel del padre es importante, pero no puede ni tan siquiera acercarse al nivel de la importancia que tiene el rol materno. Según estos casos, el papel del padre debe consistir, por lo tanto, simplemente en apoyar a la madre otorgándole un buen clímax psicológico y en cambiar pañales.

Según otros/as, el padre debe cuidar también a sus crías, y de hecho anuncian que su papel es igual de importante que el de su pareja, pero sólo ha de ejercer de figura autoritaria que mantenga el orden en casa, pues es para lo que está dotado por naturaleza, mientras que la madre brinda amor y felicidad, que es lo que le permite su natural temperamento.

Sea cual sea, estas perspectivas apuntan a un mismo lugar: los roles son dados por la biología, y se orientan siempre a un claro esquema diferenciado en función sel sexo: hembra = madre-hogar-ternura, y macho = padre-trabajo-autoridad. Y para demostrar esto, algunos/as epecialistas basan sus estudios en la etología (estudio del comportamiento animal).

A través de esta entrada quiero mostrar dos cosas: 1-) por qué la naturaleza no sirve para hablar sobre la función natural de los varones y las mujeres con respecto al cuidado y la crianza de los niños y las niñas, y 2-) cómo es la cultura, y no un instinto, la que nos inculca tanto a hombres como a mujeres un modelo de comportamiento frente a los hijos y las hijas.

- Machos ausentes y hembras implicadas:

Cuando tratan de demostrarnos "la naturaleza humana" en el tema de la crianza, los estudios siempre giran en torno a aquellos ejemplos de animales cuyos roles en el tema de la crianza sirven claramente al mantenimiento de los roles tradicionales, dado que el macho no se implica en la crianza mientras las hembras sí lo hacen.

Por ejemplo, mucha gente suele recurrir a la comparación entre seres humanos y leones. Entre los leones, la función reproductora del macho radica simplemente en la copulación, mientras que las hembras sí se dedican al cuidado de sus crías, llegando a formar guarderías que permiten que algunas hembras vayan a cazar mientras las otras se quedan cuidándolas.

- Machos y hembras ausentes:

Este punto por sí mismo nos muestra claramente cómo la naturaleza no siempre sigue las funciones diferenciadas en función del sexo. Y es que hay especies, como las tortugas y las mariposas, entre otras, cuyas hembras ponen los huevos y se marchan sin más, al igual que los machos, de tal modo que las crías al nacer se encuentran totalmente solas y deben buscarse la vida.

No he hallado ningún mamífero en el que las hembras no se impliquen, pues todos los mamíeros dependemos de la leche materna al nacer, pero sí existe una especie, la tupaya, en la cual la hembra es semi-ausente, dado que los cuidados maternos son escasos y aparece cada dos días.


- Machos presentes y hembras ausentes:

Pues sí, existen determinadas especies en las cuales mientras el macho cuida a las crías, las hembras pueden desligarse totalmente de la función materna.

Ejemplo de esto es el ñandú (1), especie animal en el que es el propio macho quien nidifica y excava en el suelo un hoyo poco profundo en el que acumula hierba seca. Es el macho quien efectúa la incubación, y cuando surge la eclosión, es también el macho quien le brinda los cuidados que necesitan, sin que las hembras tengan  intervención alguna.



- Machos que "gestan":

¿Pensaban que eso de llevar a las criaturas dentro era cosa sólo de hembras en la naturaleza? Pues no. También hay machos que incuban.

Un primer ejemplo es el sapo partero (2). Los machos empiezan a cantar en el inicio de la primavera desde sus refugios o en sus inmediaciones, atrayendo a las hembras, que emiten llamadas de respuesta. Tras la estimulación por el macho, la hembra suelta un cordón de huevos que, tras ser fecundados, son enrollados por el macho entre sus patas traseras, donde permanecerán aproximadamente un mes. Entonces el macho suelta la puesta en el agua, donde las larvas rompen la cubierta del huevo para nadar libremente.

Otro ejemplo es el caballito de mar. Entre los hipocampos, el macho tiene una bolsa dentro de la que la hembra coloca sus huevos. El macho fertiliza los huevos y los cuida durante tres semanas. Durante este tiempo, él orea la bolsa y alimenta a los huevos a través de una red de vasos capilares en la bolsa con sus propios “fluidos placentarios”. Al final de esta "gestación", saldrán del macho entre 100 a 250 caballitos de mar completamente formados de alrededor de 1 centímetro de largo.

- Machos y hembras presentes:

Ejemplo de esto son los maras, los perros, los lobos, los coyotes o los chacales. Los perros macho hacen papillas para las crías con el alimento. Los lobos, los coyotes y los chacales también se implican en la crianza y ayudan a conseguir alimento.

El murciélago frugívoro de Malasia produce leche con la que amamanta a las crías.


De entre estos ejemplos ninguno es primate, y alguien podría venir comentando que la comparación debería ejercerla con ellos, y no con otras especies.

Así pues, si bien es cierto que podemos encontrar especies primates cuyos roles parentales están bien diferenciados y son idénticos a los roles sexistas impuestos en la especie humana, es importante no olvidar que también podemos encontrar especies primates cuyos roles están repartidos equitativamente, de tal forma que los machos sí se implican en el cuidado de la prole.

Un claro ejemplo de ello son los titís. Los machos cuidan las crías y las transportan, mientras que las hembras solamente se dedican a dar de mamar y a defender el territorio.

Por cierto, se suele decir que la maternidad altera las hormonas y la estructura cerebral. Pues bien, estudios sobre titís macho, hacen pensar que la estructura cerebral de los varones que son padres implicados, también cambia (3). Además de que los machos humanos también producen similares niveles de oxitona (4). 

También tenemos a los lémures verdaderos, cuyos machos se implican en la crianza incluso de aquellas crías que no son de ellos.

Así pues, observamos que en el mundo animal, la diversidad comportamental es tan grande entre todas y cada una de las especies, que determinar el comportamiento humano en función de una especie cualquiera no tiene lógica alguna; y menos aún sabiendo que el ser humano es la más variable de todas las especies, pues dependiendo de la cultura, también encontraremos machos y hembras con un temperamento totalmente diferente.

Y es que, si bien podemos toparnos con machos ausentes y hembras plenamente presentes en nuestras sociedades, las cuales poseen una cultura fuertemente patriarcal, también podemos encontrar pueblos en los que la educación ha hecho de sus varones y sus mujeres, personas totalmente diferentes a las gentes de nuestras naciones.

Ejemplo de ello es el pueblo Arapesh, descrito en el libro Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas, de Margaret Mead.

En este libro, con respecto a este pueblo, Mead describe que:

"El deber de cada niño es crecer; el de cada hombre y mujer es observar las reglas de manera que los niños y los alimentos de los que éstos dependen crezcan también. Hombres y mujeres se entregan enteramente y por igual a tan apreciada tarea".

Asimismo, comenta:

"La tarea procreadora de un padre arapesh no termina con la fecundación. Los arapesh no tienen la idea de que después del acto inicial que establece la paternidad fisiológica, el padre pueda irse y volver nueve meses más tarde, para encontrar a su esposa a salvo y con un niño. Consideraría imposible esta forma de ser padre, y más aún, repelente. Porque el niño no es el producto de un momento de pasión, sino que está hecho por el padre y la madre, cuidadosamente, en tiempo" (5).

Por otro lado, también podemos hallar la cultura del pueblo de los Pigmeos Aká. Los machos de este pueblo han sido considerado los mejores padres del mundo (6). El padre aká permanece con su hijo/a un 47 % del tiempo, da el pecho para calmar al bebé e incluso se despierta con más frecuencia que la madre cuando el o la bebé llora por la noche.

Con todo esto podemos ver que el papel que el macho humano desempeña como padre no está determinado por un código genético común a todos los machos de todas las especies animales. Ni los animales sirven para mostrar cuál es la función de los varones en las tareas de crianza, ni nuestra cultura, que promueve la ausencia paterna, sirve de ejemplo común a todos los padres. Es, por ende,  más bien la cultura y del entorno en el que se mueva el macho humano, lo que condiciona cómo se comporta a la hora de tener que desempeñar las labores de crianza.

Así pues, el padre vale tanto como la madre a la hora de criar a los y las bebés. Ni es problemático que un varón se implique en el cuidado, la enseñanza y la educación de sus hijos/as, ni resulta peligroso que dos varones homosexuales críen a u niño o una niña.

Y es que, tal y como dice Burton L. White en el libro Los tres primeros años de su hijo:

"Aunque los hombres no se han involucrado demasiado en los aspectos menos placenteros de la educación de los niños, también han tenido pocas posibilidades de compartir los momentos felices de cada día. El hecho de vivir con un bebé saludable produce un enorme número de satisfacciones, pero sobre todo al educador primario.

En nuestro programa de educación de los padres nos hemos encontrado con un cierto número de inversiones de rol en las que el padre ha sido el cuidador primario del niño. Según mi opinión, lo único que el padre no puede hacer es dar de mamar al bebé. En todo lo restante, la capacidad de educar bien al pequeño no es algo que esté limitado exclusivamente a las mujeres.

La crianza y la educación de un bebé a jornada completa es un trabajo muy difícil en ciertos momentos. Por ese motivo estoy a favor de la paternidad compartida" (7).

Yo también estoy a favor de la crianza compartida... ¡desde el primer segundo de vida de la criatura!


Fuentes:

(1)- http://www.zoowebplus.com/animales/?animal=nandu

(2)- http://www.vertebradosibericos.org/anfibios/alyobs.html

(3)- http://www.netsaluti.com/beta2/people/ver_noticias.php?id_noticia=2617

(4)- http://bastadesexismo.blogspot.com.es/2011/03/la-oxitocina-tambien-en-los-papas.html

(5)- Mead, M. (2006). Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas. Barcelona: Paidós Ibérica.

(6)- http://www.afrol.com/es/articles/16600

(7)- White, B. (1999). Los tres primeros años de su hijo. Barcelona: Medici.


Nota:

Gracias a Kuxille por contribuir en la creación de esta entrada al ayudarme a buscar información y por aportarme sus conocimientos sobre el comportamiento animal.
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