lunes, 16 de diciembre de 2013

La discriminación positiva en la infancia.

Se entiende por discriminación positiva a una acción o discriminación encaminada a compensar las desigualdades padecidas por un determinado grupo social, bien por ser minoritario, ya sea por estar desfavorecido, o bien por encontrarse oprimido.

Ésta es, en mi opinión, una medida fundamental para alcanzar la equidad social. Una medida fundamental que no en pocas ocasiones es criticada.

Y es que hay gente que no comprende por qué es importante otorgar becas a las personas sin recursos económicos mientras que no da este tipo de ayudas a quienes tienen dinero más que suficiente para pagarse los estudios, por qué son necesarias las acciones políticas de visibilización y empoderamiento de las mujeres, o por qué se tolera un día del orgullo homosexual mientras no dispone de una festividad para personas heterosexuales.

Quizá un poco de lógica les venga bien.

Imagina que tienes una balanza, en la cual a un lado hay un objeto de 2 kilos y al otro, uno que pesa 6 kilos. Así:


Ahora imagina que tienes fuera de la balanza 10 kilos. ¿Cómo repartirías ese peso en los dos lados de la balanza para que quede equilibrada? ¡Exacto! En el lado en el que solo tienes 2 kilos tienes que echar 7 kg, mientras que en el lado en donde tenías 6 kg, tan solo tienes que poner 3 kilogramos. De este modo, la balanza quedaría equilibrada con un total de 9 kilos a cada lado.

Pero... ¿¡qué demonios ha ocurrido!? A una parte le hemos dado más que a otra... ¡y las cosas quedan igual para ambas! ¡Vaya!, ¿con la desigualdad creamos equidad? ¡Claro! ¡¡Porque ya había una situación desigual de antemano!! No podemos repartir el mismo peso a cada lado porque ya había una situación desigual. Se hace necesario, pues, realizar una acción de discriminación positiva, dándole más a quien menos tiene o más necesita, para que la balanza quede equilibrada.

Así es como se explica que ciertas acciones sociales de discriminación positiva busquen la equidad. Y es que no es lo mismo desempeñar acciones de igualdad que buscar la equidad. Si hacemos lo primero, tenemos que pasar por alto las desigualdades ya existentes y dar el mismo peso a cada lado. Sin embargo, si en lugar de centrarnos en perseguir acciones iguales, planificamos más allá y determinamos acciones de discriminación positiva, entonces buscamos alcanzar la equidad.

Y esto es algo que los niños y las niñas saben muy bien. Con el juego lo demuestran. 

Por ejemplo, cuando juegan al fútbol, los jugadores y las jugadoras se reparten, en la medida de lo posible, a partes iguales: tras echar a suertes entre dos quién elige primero, se van turnando en la selección del equipo, dejándolo más o menos equilibrado. Si ven que existe una elevada desigualdad, ceden el saque al peor equipo, intercambian a algún jugador o alguna jugadora, o incluso dan un gol de ventaja al equipo más desfavorable.

En el pilla-pilla, si hay niños y niñas de mayor edad y algún niño o alguna niña de edad muy corta, a veces los niños y las niñas grandes se dejan pillas por las criaturas más pequeñas o desaceleran su velocidad para no hacer el juego aburrido para quienes menos posibilidades tienen.

En el escondite, si juegan niños y niñas pequeños/as con niños y niñas grandes, dejan que los pequeños y las pequeñas cuenten menos tiempo si ligan (sobre todo si no saben contar hasta más de un determinado número).

Existen juegos en los que a quienes lo tienen más difícil les dan dos vidas u oportunidades, o se pasan un poco por alto sus errores. Por ejemplo, en el escondite inglés, los niños y las niñas grandes les dicen a los niños y las niñas pequeños/as "eh, te he visto moverte; bueno, te dejo una oportunidad más".

Recuerdo que una vez, de pequeño durante unas vacaciones de verano, jugué con unos niños y unas niñas a Adivina quién soy, un juego en el que todos y todas teníamos una tarjeta sujeta a la cabeza y en la cual había dibujado un animal que no conocíamos. Mediante preguntas, de tipo "¿soy un animal terrestre?", "¿soy un animal doméstico?", "¿tengo alas?", teníamos que adivinar qué animal éramos. Recuerdo que con nosotros y nosotras había un niño extranjero al que le costaba jugar un poco porque no dominaba muy bien el castellano, así que a él le dábamos pistas.

Cuando hay alguien que juega por primera vez y no conoce muy bien las reglas, siempre se le suele dejar repetir o rectificar, dándole más oportunidades que al resto.

Es decir, que los niños y las niñas conocen muy bien en la práctica lo que es la discriminación positiva y la llevan a cabo de forma auto-gestionada, sin necesidad de que padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas, vecinos, vecinas o el Estado, intervengan en ello.

No entiendo cómo es posible que cuando crecemos, se nos olvide la  importancia de este tipo de discriminación.

Tal vez tenga razón Kuxille, en su respuesta, cuando me dice que el problema está en que las personas jóvenes y adultas preferimos creer que todo cuanto tenemos se debe única y exclusivamente a nuestro propio esfuerzo y mérito; es decir, que si tenemos más que otras personas, es tan solo y siempre porque nos lo merecemos, y no en parte gracias a que tenemos ventaja. Eso sería tener que aceptar, como ella dice, que no somos tan inteligentes o hábiles como nos creemos.

Eso significaría aceptar que no es lo mismo nacer en Francia que en Etiopía; que no es lo mismo nacer en una familia acomodada que en otra de bajos recursos económicos; que no es lo mismo tener un padre y una madre que te apoyan que un padre y una madre que te hacen a un lado; que no es lo mismo poder ir a la Universidad con el propio dinero que depender de una beca; que no es lo mismo poder estar leyendo esta entrada en tu casa, en una biblioteca pública o en un locutorio que no poder hacerlo.

Tendríamos que volver la vista un poco atrás y acordarnos de cuando éramos niños y niñas y el sistema capitalista y competitivo no nos había influido de sobremanera. Tendríamos que echar un vistazo a esos años en los cuales la discriminación positiva formaba parte de nuestras vidas y lo veíamos lo más normal y justo del mundo.

O por lo menos, si no recordamos aquellos tiempos, fijarnos en los niños y las niñas de ahora, cuando ayudan y dan oportunidades a quienes viven la vida con desventaja.

3 comentarios:

mamisepa dijo...

Guauuuuuuu!!!! Gracias por compartir este vídeo, que curiosamente, no conocía. La verdad, una gran lección la que dan los niños. Y tienes razón, que no es sólo en el experimento, sino en situaciones cotidianas, como jugar al escondite, al futbito, etc. Creo que había una frase que decía algo así como qué lastima educar a los niños para convertirlos en adultos, porque entonces pierden toda su espontaneidad y bondad.

Un saludo.

Purgatoriotrasero dijo...

Emm, no, yo por ejemplo no recibí ningún apoyo por parte de l@s niñ@s por mis dificultades (tener síndrome de asperger) sino más bien lo contrario, bullying constante, no sé de donde te sacas que los niños ayudan a sus semejantes con alguna dificultad pero discrepo completamente.

Saludos.

Enrique dijo...

El problema está, Purgatoriotrasero, en que los niños y las niñas aprenden de la sociedad comportamientos inadecuados. Por ejemplo, si tú juntas a un niño o una niña con otra criatura de otra nacionalidad, le va a dar igual. Va a jugar y se va a relacionar sin problemas. Pero a medida que crece, aprende el racismo de su padre o madre, de otro familiar, en la escuela, por la televisión... y acaba discriminando.

De por sí, las niñas y los niños tienden a socializarse y relacionarse bien con sus semejantes... Pero la cultura es la cultura. Y ya sabes en qué mierda de mundo vivimos.

Un saludo.

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