jueves, 17 de julio de 2014

La igualdad en educación no existe 2.

Recuerdo que un día, al salir del colegio en donde estaba realizando las prácticas de mi último año como estudiante de la carrera de Pedagogía, mi padre me llamó para que fuese al Barrio del Pilar, en Madrid capital, para hacer un recado.

Cuando llegué allí, uno de los barios más afortunados de la capital, sentí mucha rabia. Pasé junto a un centro de educación privada y religiosa que era impresionante, bastante lujoso. Se trataba de esos colegios en donde se enseña que Jesús de Nazaret predicó por el amor a todas las personas y contra la pobreza, pero que estaba repleto de discentes procedentes de familias adineradas y a quienes en clase seguramente no les faltaba de nada.

Acababa de salir yo de un colegio público situado en algún lugar de la zona sur de la Comunidad de Madrid, en donde aprendía en el aula de Pedagogía Terapéutica con una tutora fabulosa, que diseñaba fantásticos materiales didáctios... pero que no disponía de todas las herramientas que precisaba.

Hacía bien su tarea porque ella se esforzaba bastante en lograr todo cuanto precisaba; pero la escuela estaba un poco falta de dinero, y a veces era sumamente importante la voluntad del profesorado, ya que desde la Administración no se esforzaban mucho que digamos por poner lo mejor posible para las alumnas y los alumnos... 

Así pues, sentí bastante rabia al comparar lo que tenían mis niños y niñas y lo que tenían aquellos chicos y aquellas chicas de la escuela privada que tenía enfrente...

Ya desde las prácticas de 3º de Pedagogía, en la Asociación YMCA, dando apoyo curricular y una educación en valores a chicos y chicas procedentes de familias en riesgo de exclusión social, me di cuenta de lo mucho que importaba el factor económico en educación. Pero aquella sensación que experimenté nuevamente al comparar mi escuela con aquel colegio... me remató.

¿Cómo podían hablar de igualdad educativa existiendo tales diferencias? No podía creérmelo.

Desde entonces, una de mis mayores ilusiones con respecto a la educación, es que no haya un o una discente con más facilidades que el resto. Y por ello, para que os metáis en la piel de alguien y seáis conscientes de lo que comento, os dejo esta historia:

Hola. Me llamo Ana. Tengo 19 años y estudio Pedagogía en la Facultad de Educación - Formación del Profesorado en la Universidad Complutense de Madrid.

Mi padre hace unos meses se fue al paro y mi madre trabaja 10 horas diarias limpiando en un gimnasio de la zona de Chamberí, en Madrid capital, por un mísero sueldo que apenas roza los 1.000 €.

Dada la situación económica de mi familia, me ofrecieron la beca para estudiar en la Facultad. Pero tengo miedo. Si no apruebo, tendré que devolverla; y no sé de dónde vamos a sacar el dinero. Así que me he puesto a buscar empleo como loca. No lo encuentro. No hacen más que pedirte experiencia, experiencia, experiencia... por todos lados, y no la tengo. Es decir, si no tengo experiencia, no tendré trabajo; y si no encuentro trabajo, no adquiriré dicha experiencia.

Es la pescadilla que se muerde la cola...

Es irónico, ¿verdad? Busco trabajo para poder estudiar una carrera con el fin de hallar trabajo.

Así que, dadas las circunstancias, he comenzado a cuidar de un niño. Me pagan 3 € la hora y tengo que estar en aquella casa los martes, jueves y sábados; siendo los sábados de 9 a 17:30 horas.

No dispongo de las mismas condiciones que algunos compañeros y algunas compañeras de clase para estudiar.

Felipe, por ejemplo, que se sienta detrás de mí, tiene una familia bastante adinerada. No le han concedido la beca (¿cómo puede tener tan poca vergüenza de solicitar una beca con el dinero que tiene...y para colmo quejarse porque no se la han dado?), pero no pasa nada. Puede pagarse toda la matrícula sin problemas, más el bono de transporte, los apuntes y los libros que nos mandan estudiar los y las docentes. Es más, cuando quiere se compra algunos de los libros de consulta recomendados en la bibliografía del programa de las asignaturas.

Y es un auténtico capullo charlatán. Molesta constantemente en clase, con risitas y comentarios absurdos. Hace dos días enfadó a la profesora de Métodos y Diseños de Investigación Educativa (que es Estadística) y se marchó sin darnos la clase. 

Pero a él no le importa; pues mamá y papá le pagan una academia... y lo entiende todo.

Yo no puedo pagarme una academia y cada vez que Felipe hace que la profesora se enfade y no nos dé la lección, me mata, porque necesito las clases para comprender la materia, ya que no puedo pagar clases particulares ni comprarme todos los libros de consulta (los de la biblioteca de la Facultad solo podemos utilizarlos 15 días, y luego renovarlos, pero como hay más gente que los quiere, normalmente te quedas sin ellos durante un buen tiempo).

El caso es que he acabado estudiando y trabajando al mismo tiempo. Y como tengo que ocupar parte de mi tiempo en trabajar... no dispongo del mismo tiempo para estudiar que otra gente con más suerte. 

Y aquí, otro ciclo: si tengo menos tiempo para estudiar porque he de trabajar, entonces puedo acabar suspendiendo. Y si suspendo algo, como la matrícula me sale más cara, entonces tengo que estudiar más todavía.

¡Cielos!

Para colmo, cada vez veo a mi padre y a mi madre con más estrés. Apenas llegan a fin de mes y mi padre está comenzando a deprimirse de tanto tiempo que lleva en paro.

Me siento muy agobiada. A veces la situación me puede y no logro concentrarme para estudiar. Estoy pensando en dejar los estudios y darle el dinero que gano como canguro a mi familia.

Lo que menos me deja concentrarme en ocasiones es mi vecindario. Vivo en un barrio pobre, obrero, con vecinos y vecinas que a veces arman jaleo. 

A Luisa, mi vecina, he tenido que echarle la bronca por poner música a todo volumen. 

Hay quienes viven en un chalet o un barrio más tranquilo y no necesitan moverse de casa para estudiar; yo, por el contrario, tengo que desplazarme constantemente a la biblioteca, porque con esa señora cualquiera se desespera.

Y el otro día... ¡puff!, el otro día, justo la noche antes del examen, tenía bajo mi ventana a unos tíos haciendo botellón. No me dejaron pegar ojo hasta la 2 de la madrugada. ¡Y el examen era a las 8 de la mañana! Dormí apenas cinco horas. ¡Tenía tanto sueño y cansancio durante el examen! Casi me quedo dormida...


Este relato es ficticio; pero está basado en los sucesos que tiene que aguantar diferentes personas que he conocido.

A veces, como decía al inicio de la entrada, a algunas personas se les llena la boca hablando de que ya todo el mundo tiene igualdad en educación, que quien no aprueba es porque no se esfuerza, que hay que fomentar una cultura del esfuerzo de la que solo carecen chicos y chicas de ciertos sectores de la sociedad que no saben lo que es tener que sobre-esforzarse para llegar al mismo nivel que otras personas con más facilidades, etc.

Abramos los ojos. Es un hecho que montones de estudiantes procedentes de familias pobres o conflictivas, tienen que enfrentarse diaria o casi diariamente a diversos problemas que no les permiten rendir como lo harían si tuviesen las condiciones óptimas.

Ante esto, hay quienes argumentan que por ello es mejor no dejar que las chicas y los chicos de este tipo de familias no estudien; al mismo tiempo que comentan que por eso hay que abolir la educación pública: al fin y al cabo, dicen, con la educación pública se consigue que gente pobre pague impuestos para que solo puedan estudiar hijos e hijas de familias pudientes.

En absoluto. Esto lo que nos demuestra es que hay que bajar los impuestos a la gente pobre y subírselos bastante más a la gente rica; impulsar una serie de medidas de educación compensatoria que permitan solventar las desigualdades padecidas por los y las estudiantes más pobres; y reformar el sistema educativo, no solo para que deje de basarse en la educación del sistema, sino que también para que exista una educación pública, laica y gratuita, real.

Ahora bien, si empezamos por impulsar una política igualitaria y libertaria que traiga la equidad para todo el pueblo, mejor que mejor, ya que ni hará falta promover la dscriminación positiva, ni tendremos un sistema educativo competitivo que se centra en el profesorado y la falsa meritocracia, en lugar de en el alumnado y sus potencialidades, emociones y gustos, como debería ser.

Y es que, al fin y al cabo, como dice cierto Politólogo y profesor de Ciencias Políticas de la UCM, Pablo Iglesias Turrión:

"La pobreza no se combate con caridad, sino con políticas 
de reparto de la riqueza".

Y, no lo dudemos, una verdadera educación pública que no reproduzca la sociedad, sino que permita transformarla, forma parte de ese tipo de políticas.

miércoles, 9 de julio de 2014

10 diferencias entre inclusión e integración.

Ya en su momento, en otra entrada, a través de unos pequeños cuentos que elaboré, os mostré cuál es la diferencia principal existente entre los conceptos de exclusión, segregación, integración e inclusión. Hoy os dejo con una entrada extraída del fabuloso blog La princesa de las alas rosas y cuya fuente original procede de la página web Doble Equipo Valencia, y que nos habla sobre diez factores que diferencian a la inclusión de la integración.

"La inclusión e integración son términos que en muchas ocasiones se utilizan como conceptos iguales que comparten un mismo significado, sobretodo en el ámbito educativo. Inclusión e integración no son palabras sinónimas.

Inclusión e integración representan filosofías totalmente diferentes, aún cuando tienen objetivos aparentemente iguales o significados parecidos.

Si bien es cierto, pasar de la exclusión a la Inclusión supone un proceso largo de cambio y evolución. En medio de esta transición podemos situar la integración. Ahora bien, debemos ir mas allá, paso a paso sin olvidar que el último fin siempre es la inclusión.

Inclusión e Integración: 10 diferencias:

1. La inclusión NO se centra en la discapacidad o diagnóstico de la persona. Se centra en sus capacidades.

2. La inclusión educativa NO está dirigida a la educación especial, sino a la educación en general.

3. La inclusión NO supone cambios superficiales en el sistema, supone trasformaciones profundas.

4. La inclusión NO se basa en los principios de igualdad y competición; se basa en los principios de equidad, cooperación y solidaridad.

5. La inclusión educativa se centra en el aula y NO en el alumno.

6. La inclusión NO intenta acercar a la persona a un modelo de ser, de pensar y de actuar “normalizado”, sino que acepta a cada uno tal y como es, reconociendo a cada persona con sus características individuales.

7. La inclusión NO es dar a todas las personas lo mismo, sino dar a cada uno lo que necesita para poder disfrutar de los mismos derechos.

8. La inclusión NO persigue cambiar o corregir la diferencia de la persona, sino enriquecerse de ella.

9. La inclusión educativa NO persigue que el niñ@ se adapte al grupo, persigue eliminar las barreras con las que se encuentra que le impiden participar en el sistema educativo y social.

10. La inclusión NO disfraza las limitaciones, porque ellas son reales.

Algún día dejaremos de hablar de educación para la igualdad de género, educación para niños/as con necesidades educativas especiales, educación para colectivos en riesgo de exclusión social… y entonces, simplemente hablaremos de EDUCACIÓN".
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