lunes, 17 de abril de 2017

Menos hablar y más actuar.

Imagínate que ves a una persona a punto de meterle un petardo por el culo a un gato con el fin de reventarle los intestinos. ¿Qué solución tomarías?

a- Das una conferencia sobre cómo abrirle el ano a un gato está mal.

b- Montas una manifestación con batucada incluida en contra del maltrato animal.

c- Haces un taller en el que explicas los efectos perjudiciales que tiene para los gatos el explotar petardos en su interior.

d- Salvas al gato evitando la agresión.

Si eres una persona sensata, habrás elegido la opción D.

Esto es porque las otras soluciones, aunque pueden contribuir beneficiosamente a que otras personas no quieran meterle un petardo en el ano a algún gato, tienes claro que lo efectivo es actuar.

Pues bien. parece ser que en realidad no lo tenemos del todo claro.

Después de varios años militando como anarquista, feminista, animalista, paidocentrista, bisexual... he llegado a una conclusión muy clara: nos gusta mucho hablar y criticar, pero eso de poner soluciones encima de la mesa nos importa un bledo.

No, no lo digo en broma. Sé que muchas veces se organizan asociaciones, que hay gente implicada en ayudar de verdad, etc, pero no es lo más común. Lo más común es sentarnos a debatir frente a una mesa y criticar a quienes no están con nosotros y nosotras, pero no hacer nada al respecto.  

Efectivamente, aunque te joda, te lo voy a decir muy claro: nuestras conferencias son una mierda. Acude más bien gente que nos apoya en vez de personas a las que podríamos convencer; nos sirven solo para subirnos el ego y aplaudirnos con las orejas lo muy feministas, anarquistas, antifascistas... que somos; y tendemos a utilizarlas para desahogarnos y reunirnos entre gente afin al movimiento; pero nada más. Quizá alguna persona se convenza. Pero en general nuestros debates solo sirven de terapia psicológica de grupo. Ahora bien, ¿cambiar algo? Nah. Más bien el cambio es que se aumenta la autoestima de ese o esa conferenciante que se enorgullece de tener un título que tú no tienes y de poder decir que sabe más que tú porque ha escrito algo.

Vamos, a lo que voy. Que tenemos que espabilar y mover el culo.

Tendemos, por ejemplo, dentro del movimiento obrero, a criticar al gobierno y la patronal, pero ahí nos quedamos, en poner una frasecita en el muro de Facebook. Si acaso, nos levantamos para ir al mitin o a un taller, mas después de vuelta al ordenador.

En ocasiones las y los feministas criticamos a quienes están contra el aborto, a quienes están a favor de la prostitución o a gente que está a favor de la prostitución, pero hacemos poco por ayudar a esas mujeres que necesitan abortar o que se ven en la necesidad de dejarse explotar.

También nos quejamos de que la educación va muy mal pero esperamos a que sea el Ministerio el que cambie la ley en vez de salir de esa Pedagogía del confort y llevar a cabo una docencia diferente.

Nos encanta meternos con quienes no apoyan otras sexualidades distintas a la heteronormatividad, pero luego nos escondemos en Chueca en vez de hacernos ver por todas partes; y para cuando nos hacemos ver, no lo hacemos como lucha, sino como fiesta del Orgullo.

Damos asco y pena.

Y así pasa, que luego los y las nazis triunfan, porque ahí están, dando alimento solo a las personas nacionales y lavándoles el cerebro, o dándoles cobijo con su Hogar Social.  ¿Y qué hacemos nosotros y nosotras mientras tanto? Pues ahí estamos, en nuestra conferencia, en nuestro taller o dando una batucada en una manifestación.

Que no es que estén mal, pero ya me diréis de qué le sirve una batucada a alguien que vive en la calle, o de qué le sirve nuestro maldito debate con lenguaje rebuscado y culto una persona que piensa en tirarse por las escaleras porque en su país no le dejan abortar.

Si por algo soy anarqusita, es porque abogo por al apoyo mutuo, la autogestión y... ¡la acción directa! Que mientras esperamos a que un Congreso, un Parlamento, un Senado... haga algo, hay gente sin luz o a punto de ser asesinada a manos de ese capullo misógino.

Tú solo ponte en el lugar de quien lo está pasando mal para darte cuenta.

Imagínate que, por ejemplo, no tienes dinero con qué comer y te ves en la necesidad de prostituirte. ¿A quién vas a apoyar: a quien dice que eso es malo para ti y te va a dejar sin esa posibilidad de ganar dinero, o a quien te engaña haciéndote creer que "es lo más maravilloso del mundo y quiere protegerte" con su regulación?

O supón que solo encuentras "trabajo" en una plaza de toros y tienes a hijos o hijas que alimentar. ¿A quién vas a apoyar: a quien pretende abolir la tauromaqua o a quien la defiende y con ello vas a poder conservar tu trabajo?

Hay que reconocer que nuestros enemigos y nuestras enemigas lo hacen bastante bien: se aprovechan de la necesidad agena y convierten la explotación y ola vioencia en una solucíón.

¿Y dónde están nuestras soluciones? 

No sé...

¿Tan difícil es montar un colectivo que reuna dinero para las mujeres que ejercen la prostitución porque no tienen otra salida, en lugar de esperar solo a que la consideren ilegal?

¿Tan difícil es pasarle altruistamente nuestros apuntes a esa compañera o ese compañero que falta a clase porque tiene que trabajar para poder seguir contigo ahí en clase, en vez de esperar que apruebe a la tercera?

¿Tan difícil es encararte con tu vecino si cada día oyes gritar de terror a su mujer, en lugar de esperar a que ella denuncie?

¿Tan difícil es ir al lugar de trabajo de ese hombre o esa mujer a quien explotan, en vez de esperar una reforma laborar o un convenio?

¿Tan difícil es ir a intentar impedir un deshaucio en vez de quedarse hablando sobre la mala situación del país en la barra del bar?

¿Tan difícil es ayudar a esa compañera o ese compañero a quien están deteniendo injustamente en vez de quedarte mirando y gritando "vergüenza" como si fueses imbécil?

¿Tan difícil es hacer algo, lo que sea, en vez de dedicarte solo a quejarte?

Tenemos que actuar con eficacia, cosa que solo se logra ayudando a esas personas que están dentro del problema que queremos evitar.

Así pues, por favor, organicémonos bien, de forma que podamos hablar menos y movermos más.
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