martes, 21 de junio de 2011

Autorrechazo.

"Estaba allí desde el primer momento, en la adrenalina que circulaba por las venas de tus padres cuando hacían el amor para concebirte, y después en el fluido que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón cuando todavía eras sólo un "parásito".

Llegué a ti antes de que pudieses hablar, antes aun de que pudieses entender algo de lo que los demás te decían. Estaba ya cuando torpemente intentabas dar tus primeros pasos ante la mirada burlona y divertida de todos. Cuando estaba desprotegido y expuesto, cuando eras vulnerable y necesitado.

Aparecí en tu vida de la mano del pensamiento mágico; me acompañan... las supersticiones y los conjuros, los fetiches y los amuletos... las buenas formas, las costumbres y la tradición... tus maestros, tus hermanos y tus amigos...

Antes de que supieses que yo existía dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad. Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo está.

Yo te traje tus sentimientos de vergüenza, te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso, de feo, de estúpido, de desagradable. Yo te colgué la etiqueta de diferente cuando te dije por primera vez al oído que algo no andaba del todo bien en ti.

Existo desde antes de la conciencia, desde antes de la culpa, desde antes de la moralidad, desde los principios del tiempo, desde que Adán se avergonzó de su cuerpo al notar que estaba desnudo... ¡y lo cubrió!

Soy el invitado no querido, el visitante no deseado, y sin embargo soy el primero en llegar y el último en irme. Me he vuelto poderoso con el tiempo escuchando los consejos de tus padres sobre cómo triunfar en la vida.

Observando los preceptos de tu religión, que te dicen qué hacer y qué no hacer para poder ser aceptado por Dios en su seno. Sufriendo las bromas crueles de tus compañeros de colegio cuando se reían de tus dificultades. Soportando las humillaciones de tus superiores. Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo y comparándola después con la de los famosos que salen por televisión.

Y ahora, por fin, poderoso como soy y por el simple hecho de ser mujer, de ser negro, de ser judío, de ser homosexual, de ser oriental, de ser discapacitado, de ser alto, bajito o gordo... puedo transformarte en un montón de basura, en escoria, en un chivo expiatorio, en el responsable universal, en un maldito bastardo desechable.

Generaciones y generaciones de hombres y mujeres me apoyan. No puedes librarte de mí.

La pena que causo es tan insostenible que para soportarme deberás pasarme a tus hijos, para que ellos me pasen a los suyos por los siglos de los siglos.

Para ayudarte a ti y a tu descendencia me disfrazaré de perfeccionismo, de altos ideales, de autocrítica, de patriotismo, de moralidad, de buenas costumbres, de autocontrol.

La pena que te causo es tan intensa que querrás negarme y, para eso, intentarás esconderme detrás de tus personajes, detrás de las drogas, detrás de tu lucha por el dinero, detrás de tus neurosis, detrás de tu sexualidad indiscriminada. Pero no importa lo que hagas, no importa adónde vayas. Yo estaré allí, siempre allí. Porque viajo contigo día y noche sin descanso, sin límites.

Yo soy la causa principal de la dependencia, de la posesividad, del esfuerzo, de la inmoralidad, del miedo, de la violencia, del crimen, de la locura.

Yo te enseñé el miedo a ser rechazado y condicioné tu existencia a ese miedo. De mí dependes para seguir siendo esa persona buscada, deseada, aplaudida, gentil y agradable que hoy muestras a los demás. De mí dependes porque yo soy el baúl en el que has escondido aquellas cosas más desagradables, más ridículas, menos deseables de ti mismo.

Gracias a mí has aprendido a conformarte con lo que la vida te da, porque, después de todo, cualquier cosa que vivas será siempre de lo que crees que mereces.

Has adivinado, ¿verdad?

Soy el sentimiento de rechazo que sientes hacia ti mismo.

SOY... EL SENTIMIENTO DE RECHAZO QUE SIENTES HACIA TI MISMO.

Recuerda nuestra historia...

Todo empezó aquel día gris 
en que dejaste de decir orgulloso: 

¡Yo soy! 

Y, entre avergonzado y temeroso, 
bajaste la cabeza y cambiaste tus palabras y actitudes
 por un pensamiento: 

Yo debería ser..."


Fuente: Bucay, J. (2005). Déjame que te cuente... los cuentos que me enseñaron a vivir. RBA bolsillo: Barcelona.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Legen..dario.

Arlette dijo...

Qué difícil es a veces seguir el camino deseado, cuántas veces entonamos el "yo debería ser" o aceptamos que los demás nos digan qué hacer y cómo hacer...

Un saludo.

laindefensiónaprendida dijo...

Hay un libro por ahí "Íbamos para Reinas", desgraciadamente no recuerdo a la autora.
El problema que tocas ha creado tanta desgracia que me gusta que lo hayas tratado aquí.
Una cosa te digo Enrique: tú podrás hace tu camino y, si te esfuerzas un poquito, seas como eres, te saldrá muy, muy bien.

Enrique dijo...

Inde:

Gracias. Te comento una cosa: No sé por qué, quizá un fallo de tu cuenta, quizá un fallo de mi blog... no sé por qué, pero me ha llegado tu comentario repetido 8 veces. ¿Te ha dado algún problema cuando has ido a publicarlo? Te lo pregunto por si es problema de mi blog y tengo que modificar algo.

Besos.

misteriosa dijo...

Una historieta increíble, la verdad es que estaba intrigada pensando en quién sería ese extraño invitado.

Y tiene razón, ya basta de pensar "yo debería ser, debería hacer, debería vivir así". Vivamos como queramos y/o podamos.

Saludos

Euphorbia dijo...

Todos llevamos ese monstruo encima, en mayor o menor medida, lo importante es tenerlo controlado para que no resulte patológico. Al fin y al cabo no deja de formar parte del peaje de vivir en sociedad, puesto que todo tiene su lado positivo y su lado negativo.
Todo depende del equilibrio.

laindefensiónaprendida dijo...

Pues ahora que lo dices sí me los ha dado, pero no sé si es tu cuenta o la mía.

Enrique dijo...

Inde:

Creo que debe ser de tu cuenta, porque eres la única persona con la que me ha ocurrido eso. Y, además, no es la primera vez. Ya en ocasiones anteriores he recibido de tu parte los comentarios por duplicado, por triplicado, y la última vez, ocho veces de más. Jajajajaja.

Besos.

laindefensiónaprendida dijo...

Pues sí, soy yo...

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