domingo, 16 de octubre de 2011

Déjate sentir.

Cuántas veces nos habremos hecho daño de pequeños/as y, mientras llorábamos, enseguida se acercaba nuestro padre, nuestra madre, nuestro/a abuelo/a, quien fuese, y, abrazándonos, nos decía tranquilamete: "Tranquilo/a. Ya ha pasado" o "No te preocupes, esto pasará pronto" o "No estés triste, que te pones feo/a".

Y así sucesivamente a lo largo de nuestra vida, contándonos frases para calmarnos, que realmente lo que hacían era decirnos indirectamente "No te sientas así. Debes (¡debes!) estar bien".

Es una educación basada en no dejar sentir. Es una educación basada en la eliminación de los duelos.

Y no estoy de acuerdo con interrumpir los duelos. Creo que cuando una persona se encuentra mal hay que apoyarla, estar junto a ella, abrazarla, acompañarla... pero nunca incitarla a abandonar sus sentimientos, a no dejarse sentir.

Por ese motivo, mucha gente, cuando le preguntamos: "¿Qué te ocurre?", responde: "Nada", y se esconde.
Por ese motivo mucha gente, cuando tiene un problema, acaba teniendo uno segundo: el de sentirse mal por estar mal. Piensan: "No debería sentirme así. No es normal", cuando es lo más normal del mundo tener problemas y sentirse mal a causa de ellos.

Opino que el enseñar a interrumpir los duelos es algo que surge por egoísmo, aunque no nos demos cuenta y lo hagamos con la mejor intención. Nos sentimos mal de ver mal a esa persona a la que amamos, y para no sufrir junto a ella, le pedimos, consciente o inconscientemente, de un modo u otro, que deje de estar así, porque nos hace daño.

Por este motivo, pienso que deberíamos dar una educación no sólo racional, basada en el enseñar a pensar, sino que también emocional, con la que los sujetos aprendan a conocerse a sí mismos, en la que las personas aprendan a mirar a sus adentros y a conocer sus emociones. A dejarse sentir.

Porque si no, a este paso, lo único que veo es que en el futuro la gente no tendrá sentimientos (como ocurre, por ejemplo, en el libro 1984, de George Orwell), o acabará la gente tomando soma (una droga que da la felicidad y que es consumida por los/as habitantes del libro Un mundo feliz, de Aldus Huxley). De hecho, vamos ya encaminados/as por ambos caminos. Hay mucha gente que es insensible ante lo que le ocurre a la gente de su alrededor; y por otro lado, a su vez, hay mucha gente tomando antidepresivos y otras sustancias, esperando encontrar desastrosa e inútilmente la rápida y efímera felicidad en ellas.

Es por eso que también opino que las personas dedicadas a la psicología clínica o a la psiquiatría, antes de ponerse a analizar la situación de sus pacientes con la mente (ese típico: "vamos a ver qué le ocurre a éste/a y de dónde viene su problema), deberían dedicar un tiempo para que sus clientes (no me gusta la palabra pacientes, porque trata a la gente que se siente mal como enferma, y no creo que el hecho de no estar feliz en todo moento sea síntoma de alguna enfermedad) puedan dejarse sentir, puedan explorar su interior y vivir sus emociones, y para que los/as propios/as psicólogos/as (o la persona que esté acompañando, no curando, a quien se encuentra mal) pueda empatizar, intimar e intentar comprender desde el corazón. 

Les animo a enseñar acompañar mediante abrazos, besos y expresiones de comprensión a los niños y las niñas cuando se sienten mal, y a dejarles sentirse como se sienten.

Les animo a que la próxima vez que veamos a alguien que está mal, no digamos frases de tipo:

- No llores, que te pones feo/a: Porque llorar es bueno, es sano, es lo que necesita esa persona en ese momento, es lo que le ayuda a dejarse sentir.

- Ya ha pasado todo: Porque es mentira. Se siente mal, por lo que no ha pasado todo.

- Sé cómo te sientes: Esto es incierto, dado que, aunque podamos tener una idea porque hayamos por una situación similar, cada cual siente de forma diferente.
-Ya saldrás de este problema. Ya pasará: En ese momento lo que importa es el dolor que se siente en el instante (por ejemplo, en caso de haber cortado una relación de pareja, lo que imoporta es el dolor por la ruptura, no el hecho de si dejará de sentirse uno/a así en el futuro, o si se amará o no a otra persona posteriormente). Se vive en el presente, y por ende se siente en el presente, no en el futuro.

Y en su lugar, mejor comentemos:

- Siento que te haya pasado esto. Estoy contigo: Es una frase que indica que te acompañan en tu duelo.

- Si tienes que llorar, llora; no te cortes: Con esto animamos a afrontar el duelo y hacemos saber que nadie le va a juzgar por llorar.

- También puede no decirse nada o dar a conocer que no sabemos qué decir: Es más importante acompañar a esa persona y que se sienta escuchada, que lo que digamos.

Y sobretodo, animo a las personas que se sienten mal a no esconder sus emociones, a abrirse, a dejarse sentir, aunque por ello nos señalen, nos critiquen o nos juzguen.


Jorge Bucay, en su libro Cartas para Claudia, escribió:

Me duele tu enfado.
Me duele tu tristeza.
Me duele tu enojo.
Pero lo que más me duele es tu silencio…

Sentir que te escondes de mí.
Que estás detrás de tus “no sé”.
Que, como el tango: te busco y ya no estás.
¿Necesitas una excusa para separarte de mí?
Puedo subir la montaña más alta con tu ayuda.
Sin ti, me cansa hasta jugar al escondite.
Me cansa saltar obstáculos.
Me cansa pelearme con tu orgullo.
Me cansa golpear la puerta
que ambos queremos que se abra
y tú mantienes cerrada.

No creo en tu confusión, sino en tus frenos.
No creo en tu “tiempo”, sino en tu orgullo.
No creo en tu odio, sino en tu frustración.
No creo en tu conducta, sino en tu sentir.

Me siento como el ciego
del poema de Rafael de León,
“que agita su pañuelo llorando
sin darse cuenta de que el tren
hace rato que ya ha partido...”

¡Ven! 
¡Abre!
¡Habla!
¡Pelea!

¡Qué estoy aquí!

6 comentarios:

misteriosa dijo...

Jo, esto podría haberlo escrito yo, porque pienso ¡exactamente igual! Hoy en día no se permite a la gente pasar un duelo, si se muere alguien y su familiar/amigo quiere estar triste y sólo 1 mes, no se le permite, enseguida se le anima a salir de marcha y emborracharse para volver a la vida "normal". Y a mí me parece fatal. Yo a veces necesito llorar. Además es que luego, me siento ¡tan bien! Después de llorar me siento capaz de comerme el mundo, más fuerte, renovada. Y mientras no podía soltar esas lágrimas todo eran problemas. Claro que sí, debemos llorar, tomarnos nuestro tiempo para resolver los problemas.

Un saludo.

Euphorbia dijo...

Tienes razón. Creo que muchas depresiones se evitarían si quien las tiene hubiese aprendido a no guardarse las penas en el interior.
Pero creo que pensar en el futuro sí que ayuda, las heridas se curan, creo que es bueno recordarlo y tampoco debemos eternizarnos en nuestro dolor, hay que buscar una puerta de salida.

Enrique dijo...

Euphorbia:

Hay que pensar en el futuro, pero hay que sentir en el presente.

Si fomentas el "sientir en el futuro", al final ocurre lo que bien ha explicado Misteriosa.

Saludos a ambas.

Arlette dijo...

Bueno, a mi el señor Bucay no me va demasiado pero acabo de quedarme con esas palabras tan lindas que has compartido...

A mi tampoco me gusta la palabra "paciente" porque me lleva a una época de paternalismo médico que "olvida" las decisiones de las personas...

Pero lo importante: el duelo... el derecho al duelo, a llorar, a sacar lo que hay dentro cuando estamos tristes... Es lo que más veo a mi alrededor: cuando hay un problema físico, económico, todos hacen piña... cuando es emocional, sentimental... nadie pregunta, nadie ayuda...
Yo hice las prácticas en paliativos y para ello incluso hice varias optativas de acompañamiento, duelo... qué terrible ver cómo los profesionales dejaban solos a enfermos y familiares antes que acompañar en duros momentos... u otros que creen que la empatía es universal "y sé cómo te sientes, vamos a hablar del tema"... ¿y si no me apetece?

Pero realmente el problema radica en el entorno: la muerte es más tabú que el sexo... y digo muerte, pero también diría pérdida, carencia...

Me ha gustado tu última propuesta: escuchar, que el otro sienta que estás a su lado, no hace falta decir nada...

Enrique dijo...

Ariette:

Cuando yo estaba en las prácticas, había un niño que solía llorar, y los primeros días, como me veía un poco avergónzado e indeciso, pues miraba a las monitoras que tabajaban conmigo y me decía "déjale ahí llorando; ya se incorporará".

Afortunadamente supe reaccionar y decidí hacer lo contario: acompañar a ese niño. Me sentaba a su lado, le abrazaba, le susurraba (otras veces no decía nada); pero estaba ahí. Y es hermoso ver cómo a veces, aunque siga con la rabia dentro del cuerpo porque, por ejemplo, no le has dejado algo que él quería ni piensas ceder ante su llanto, el niño o la niña te devuelve el abrazo o te da un beso. Me pongo a tiritar por dentro de la emoción sólo de recordarlo.

Bueno, Ariette, a ver si con suerte, con Trabajadoras Y Trabajadores Sociales como tú, las cosas van mejorando.

Por cierto, dicéndotelo sin reproche alguno, a mi Bucay me encanta xD. Gracias a él conocí la Gestalt y pienso muchas cosas que pienso hoy en día.

Besos.

Ser Filosofista dijo...

No me gusta Bucay, nada. Pero me gustó mucho tu entrada. A mí me cuesta horrores llorar. Mi padre siempre me decía que llorar no servía para nada. Terminé por evitarlo aunque las ganas ahí estén. Me hace sentir débil, por estúpido que sea.

Por eso tanta gente encuentra difícil saber qué decir en los servicios fúnebres. Queda ridículo decir que lo sientes.

Recuerdo cuando murió mi abuelo. Un señor se acercó a mi padre y le dijo algo como: "resignación...". Yo lo encontré lindo, a fin de cuentas era lo más a lo que podía aspirar en un momento como ese.

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