lunes, 3 de diciembre de 2012

Roles de género: El papel del padre.

"No hay nada como una madre, porque las mujeres están diseñadas biológicamente para esta función", suele decirse por ahí.  ¿Y el padre dónde queda?

Para algunas personas, el padre actúa "por naturaleza" como los leones: mientras la leona es quien cuida las crías, los machos se dedican a cazar y proteger a la especie. Por consiguiente, lo apropiado sería mantener las funciones tradicionales: mientras el padre trabaja, la madre se queda en la casa.

Para otras personas, el papel del padre es importante, pero no puede ni tan siquiera acercarse al nivel de la importancia que tiene el rol materno. Según estos casos, el papel del padre debe consistir, por lo tanto, simplemente en apoyar a la madre otorgándole un buen clímax psicológico y en cambiar pañales.

Según otros/as, el padre debe cuidar también a sus crías, y de hecho anuncian que su papel es igual de importante que el de su pareja, pero sólo ha de ejercer de figura autoritaria que mantenga el orden en casa, pues es para lo que está dotado por naturaleza, mientras que la madre brinda amor y felicidad, que es lo que le permite su natural temperamento.

Sea cual sea, estas perspectivas apuntan a un mismo lugar: los roles son dados por la biología, y se orientan siempre a un claro esquema diferenciado en función sel sexo: hembra = madre-hogar-ternura, y macho = padre-trabajo-autoridad. Y para demostrar esto, algunos/as epecialistas basan sus estudios en la etología (estudio del comportamiento animal).

A través de esta entrada quiero mostrar dos cosas: 1-) por qué la naturaleza no sirve para hablar sobre la función natural de los varones y las mujeres con respecto al cuidado y la crianza de los niños y las niñas, y 2-) cómo es la cultura, y no un instinto, la que nos inculca tanto a hombres como a mujeres un modelo de comportamiento frente a los hijos y las hijas.

- Machos ausentes y hembras implicadas:

Cuando tratan de demostrarnos "la naturaleza humana" en el tema de la crianza, los estudios siempre giran en torno a aquellos ejemplos de animales cuyos roles en el tema de la crianza sirven claramente al mantenimiento de los roles tradicionales, dado que el macho no se implica en la crianza mientras las hembras sí lo hacen.

Por ejemplo, mucha gente suele recurrir a la comparación entre seres humanos y leones. Entre los leones, la función reproductora del macho radica simplemente en la copulación, mientras que las hembras sí se dedican al cuidado de sus crías, llegando a formar guarderías que permiten que algunas hembras vayan a cazar mientras las otras se quedan cuidándolas.

- Machos y hembras ausentes:

Este punto por sí mismo nos muestra claramente cómo la naturaleza no siempre sigue las funciones diferenciadas en función del sexo. Y es que hay especies, como las tortugas y las mariposas, entre otras, cuyas hembras ponen los huevos y se marchan sin más, al igual que los machos, de tal modo que las crías al nacer se encuentran totalmente solas y deben buscarse la vida.

No he hallado ningún mamífero en el que las hembras no se impliquen, pues todos los mamíeros dependemos de la leche materna al nacer, pero sí existe una especie, la tupaya, en la cual la hembra es semi-ausente, dado que los cuidados maternos son escasos y aparece cada dos días.


- Machos presentes y hembras ausentes:

Pues sí, existen determinadas especies en las cuales mientras el macho cuida a las crías, las hembras pueden desligarse totalmente de la función materna.

Ejemplo de esto es el ñandú (1), especie animal en el que es el propio macho quien nidifica y excava en el suelo un hoyo poco profundo en el que acumula hierba seca. Es el macho quien efectúa la incubación, y cuando surge la eclosión, es también el macho quien le brinda los cuidados que necesitan, sin que las hembras tengan  intervención alguna.



- Machos que "gestan":

¿Pensaban que eso de llevar a las criaturas dentro era cosa sólo de hembras en la naturaleza? Pues no. También hay machos que incuban.

Un primer ejemplo es el sapo partero (2). Los machos empiezan a cantar en el inicio de la primavera desde sus refugios o en sus inmediaciones, atrayendo a las hembras, que emiten llamadas de respuesta. Tras la estimulación por el macho, la hembra suelta un cordón de huevos que, tras ser fecundados, son enrollados por el macho entre sus patas traseras, donde permanecerán aproximadamente un mes. Entonces el macho suelta la puesta en el agua, donde las larvas rompen la cubierta del huevo para nadar libremente.

Otro ejemplo es el caballito de mar. Entre los hipocampos, el macho tiene una bolsa dentro de la que la hembra coloca sus huevos. El macho fertiliza los huevos y los cuida durante tres semanas. Durante este tiempo, él orea la bolsa y alimenta a los huevos a través de una red de vasos capilares en la bolsa con sus propios “fluidos placentarios”. Al final de esta "gestación", saldrán del macho entre 100 a 250 caballitos de mar completamente formados de alrededor de 1 centímetro de largo.

- Machos y hembras presentes:

Ejemplo de esto son los maras, los perros, los lobos, los coyotes o los chacales. Los perros macho hacen papillas para las crías con el alimento. Los lobos, los coyotes y los chacales también se implican en la crianza y ayudan a conseguir alimento.

El murciélago frugívoro de Malasia produce leche con la que amamanta a las crías.


De entre estos ejemplos ninguno es primate, y alguien podría venir comentando que la comparación debería ejercerla con ellos, y no con otras especies.

Así pues, si bien es cierto que podemos encontrar especies primates cuyos roles parentales están bien diferenciados y son idénticos a los roles sexistas impuestos en la especie humana, es importante no olvidar que también podemos encontrar especies primates cuyos roles están repartidos equitativamente, de tal forma que los machos sí se implican en el cuidado de la prole.

Un claro ejemplo de ello son los titís. Los machos cuidan las crías y las transportan, mientras que las hembras solamente se dedican a dar de mamar y a defender el territorio.

Por cierto, se suele decir que la maternidad altera las hormonas y la estructura cerebral. Pues bien, estudios sobre titís macho, hacen pensar que la estructura cerebral de los varones que son padres implicados, también cambia (3). Además de que los machos humanos también producen similares niveles de oxitona (4). 

También tenemos a los lémures verdaderos, cuyos machos se implican en la crianza incluso de aquellas crías que no son de ellos.

Así pues, observamos que en el mundo animal, la diversidad comportamental es tan grande entre todas y cada una de las especies, que determinar el comportamiento humano en función de una especie cualquiera no tiene lógica alguna; y menos aún sabiendo que el ser humano es la más variable de todas las especies, pues dependiendo de la cultura, también encontraremos machos y hembras con un temperamento totalmente diferente.

Y es que, si bien podemos toparnos con machos ausentes y hembras plenamente presentes en nuestras sociedades, las cuales poseen una cultura fuertemente patriarcal, también podemos encontrar pueblos en los que la educación ha hecho de sus varones y sus mujeres, personas totalmente diferentes a las gentes de nuestras naciones.

Ejemplo de ello es el pueblo Arapesh, descrito en el libro Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas, de Margaret Mead.

En este libro, con respecto a este pueblo, Mead describe que:

"El deber de cada niño es crecer; el de cada hombre y mujer es observar las reglas de manera que los niños y los alimentos de los que éstos dependen crezcan también. Hombres y mujeres se entregan enteramente y por igual a tan apreciada tarea".

Asimismo, comenta:

"La tarea procreadora de un padre arapesh no termina con la fecundación. Los arapesh no tienen la idea de que después del acto inicial que establece la paternidad fisiológica, el padre pueda irse y volver nueve meses más tarde, para encontrar a su esposa a salvo y con un niño. Consideraría imposible esta forma de ser padre, y más aún, repelente. Porque el niño no es el producto de un momento de pasión, sino que está hecho por el padre y la madre, cuidadosamente, en tiempo" (5).

Por otro lado, también podemos hallar la cultura del pueblo de los Pigmeos Aká. Los machos de este pueblo han sido considerado los mejores padres del mundo (6). El padre aká permanece con su hijo/a un 47 % del tiempo, da el pecho para calmar al bebé e incluso se despierta con más frecuencia que la madre cuando el o la bebé llora por la noche.

Con todo esto podemos ver que el papel que el macho humano desempeña como padre no está determinado por un código genético común a todos los machos de todas las especies animales. Ni los animales sirven para mostrar cuál es la función de los varones en las tareas de crianza, ni nuestra cultura, que promueve la ausencia paterna, sirve de ejemplo común a todos los padres. Es, por ende,  más bien la cultura y del entorno en el que se mueva el macho humano, lo que condiciona cómo se comporta a la hora de tener que desempeñar las labores de crianza.

Así pues, el padre vale tanto como la madre a la hora de criar a los y las bebés. Ni es problemático que un varón se implique en el cuidado, la enseñanza y la educación de sus hijos/as, ni resulta peligroso que dos varones homosexuales críen a u niño o una niña.

Y es que, tal y como dice Burton L. White en el libro Los tres primeros años de su hijo:

"Aunque los hombres no se han involucrado demasiado en los aspectos menos placenteros de la educación de los niños, también han tenido pocas posibilidades de compartir los momentos felices de cada día. El hecho de vivir con un bebé saludable produce un enorme número de satisfacciones, pero sobre todo al educador primario.

En nuestro programa de educación de los padres nos hemos encontrado con un cierto número de inversiones de rol en las que el padre ha sido el cuidador primario del niño. Según mi opinión, lo único que el padre no puede hacer es dar de mamar al bebé. En todo lo restante, la capacidad de educar bien al pequeño no es algo que esté limitado exclusivamente a las mujeres.

La crianza y la educación de un bebé a jornada completa es un trabajo muy difícil en ciertos momentos. Por ese motivo estoy a favor de la paternidad compartida" (7).

Yo también estoy a favor de la crianza compartida... ¡desde el primer segundo de vida de la criatura!


Fuentes:

(1)- http://www.zoowebplus.com/animales/?animal=nandu

(2)- http://www.vertebradosibericos.org/anfibios/alyobs.html

(3)- http://www.netsaluti.com/beta2/people/ver_noticias.php?id_noticia=2617

(4)- http://bastadesexismo.blogspot.com.es/2011/03/la-oxitocina-tambien-en-los-papas.html

(5)- Mead, M. (2006). Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas. Barcelona: Paidós Ibérica.

(6)- http://www.afrol.com/es/articles/16600

(7)- White, B. (1999). Los tres primeros años de su hijo. Barcelona: Medici.


Nota:

Gracias a Kuxille por contribuir en la creación de esta entrada al ayudarme a buscar información y por aportarme sus conocimientos sobre el comportamiento animal.

9 comentarios:

mamisepa dijo...

Bueno, bueno, no sé por dónde empezar... Ha sido fantástico: creo que no había visto a nadie que se haya tomado la molestia de analizar tantos comportamientos animales.

1) Es cierto, qué pesados con los leones... aunque de acuerdo a lo que yo había leído, tampoco es cierto que copulen y ya. Si bien es cierto que muchos machos mamíferos se largan después de la cópula, no es menos cierto que muchas de esas hembras les exigen mucho esfuerzo ANTES de copular: construir un hogar, reunir alimentos,... en fin, que el macho se lo tiene que currar para que la hembra esté atendida cuando nacen las crías (ya que tampoco se van a cazar a los 5 minutos de parir, al menos las carnívoras; las herbívoras... es otro tema).

2) NO recordaba el título de ese libro "Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas" e iba a preguntártelo, y mira por dónde, aquí sale, a ver si esta vez no se me olvida, que lo quiero leer.

3) Sobre lo que dices de los pigmeos, estoy convencida de que así es. Es falso eso de que "las mujeres estamos mejor preparadas genéticamente para oír al bebé cuando llora". De hecho, muchas mujeres han hecho "milagros genéticos", simplemente cambiando la cuna de su lado de la cama al lado del padre: oye, de repente las sordas son ellas, qué cosas tienen los genes estos...

4) Desde luego comparto totalmente esta frase: "Según mi opinión, lo único que el padre no puede hacer es dar de mamar al bebé. En todo lo restante, la capacidad de educar bien al pequeño no es algo que esté limitado exclusivamente a las mujeres."

Un saludo

Anónimo dijo...

Otro buen ejemplo de crianza compartida es el de los pinguinos rey

Como las sociedades han querido criar a los niños no tiene que ver con la biologia, sino con construcciones sociales, desde hace mucho tiempo dejamos atras el comportamiento animal.

Anónimo dijo...

el instinto maternal existe, del mismo modo que existe el instinto paternal. negarlo es cosa de posmodernos, no lo olvidemos, los posmodernos nunca dijeron nada que mereciera la pena tener en cuenta, porque no hay ciencia alguna que los corrobore, de nuevo como ya dijo otro por ahi, son autores autorreferenciales, les da igual 8 que 80, ellos se limitan a decir que ella/él y sus colegas tienen razon y a citarse unos a otros.

Enrique dijo...

Argumentar a favor de la existencia del instinto maternal o paternial, diciendo que la negación del mismo es cosa de postmodernos/as, es tan falaz como decir que no existe sólo porque lo afirmas tú. No es argumento alguno.

Por lo demás, se denomina instinto a una "pauta innata y fija de acción común a todos los seres de una misma especie".

Y en el ser humano, la paternidad y la maternidad no se dan de forma innata, ni fija, ni en todos sus miembros.

Hay quienes no son padres o madres, ni quieren serlo; hay quienes lo son pero no cuidan de sus hijos/as y les maltratan; y hay quienes, aun queriendo serlo e implicándose en la crianza, no saben cómo hacerlo y acaban acudiendo a especialistas.

Si la maternidad y la paternidad fuesen un instinto, esas cosas no sucederían.

A menos, claro está, que me niegues el maltrato infantil o me comentes que el maltrato forma parte del instinto paternal y maternal.

Saludos.

Anónimo dijo...

Se puedan hacer extrapolaciones filosóficas aberrantes de hechos científicos.

Creo que pese algunos de tus post son inteligentes, tienes fallos enormes en cuanto a biología se refiere, e ideas equivocadas y bastante polarizadas, tan malo es el fundamentalismo biológico que niega la influencia cultural o el raciocinio (la conciencia, que no tienen los animales) del ser humano para decidir, como el posmodernismo anticientífico según el cual todo es una contracción cultural. Ambos en el fondo, igual de conservadores. Una critica mala de los “instintos” o del “innatismo” puede hacer resurgir el fundamentalismo biológico, y esta que haces no esta bien fundamentada, tómatelo mal si quieres, pero es solo una opinión. Que exista tal instinto no significa que en el ser humano no sea mas complejo, ni tenga una fuerte influencia cultural, ni tampoco que tenga que ir unido a ser buen progenitor, tampoco que tengamos la obligación de ser padres. Que haya suicidas no invalida que también tengamos un instinto de supervivencia.

Y lo que también es instintivo es el hecho de cuidar de tu prole. Según la forma de reproducción del animal y el grado de independencia de las crías, hay más o menos cuidados por parte de progenitores. Y el ser humano nace desvalido. Si no hubiera un instinto que hace que se cuide de la prole, no habríamos sobrevivido mucho, ha debido haber también una selección natural: la madre que no tuviera ese instinto, dejaba a sus hijos morir, con lo cual, morían antes de la edad reproductiva: sus genes no se transmiten. Se transmiten los de aquellas personas q sí cuidan de sus crías.


Si no existiese "instinto maternal", o el de “cuidar a la prole” modulado en la especie humana por la cultura como todos los instintos, nos habríamos extinguido hace mucho. Como les hubiese ocurrido a las demás especies relacionadas con la "inversión parental" . Sólo recientemente, y precisamente gracias en gran parte a neurólogas, se está empezando a estudiar los cambios hormonales que suelen suceder en el cerebro de las mujeres cuando tienen hijos y que las vinculan estrechamente a su descendencia... (o que,en su defecto, las llevan a fenómenos psicológicos como la "depresión potparto" y que tienen bastante de biológico).

Claro que eso es opcional: todos podemos desarrollar nuestras capacidades físicas y mentales pero luego cada quien suele ejercitar unas más que otras.

Anónimo dijo...

Y ambos progenitores, macho y hembra, tienen un instinto de protección, de conservación de la especie, de cuidar y alimentar a la prole. Basta con fijarse en la naturaleza. En esta se observan diferentes formas de afrontar el problema de la continuidad de la especie. Por un lado están los ovíparos, los hermafróditas y también los mamíferos que es lo que somos nosotros. Analizando el reino animal, vemos que muchas especies sacan adelante a sus crías cuidándolas. Los mamíferos todos. ¿A qué se debe esto? Al instinto, la madre del jabato no se pone a pensar que hacer para optimizar la tasa de supervivencia en una camada, es simplemente su instinto maternal la que la lleva a tumbarse mientras las crías maman. Hay un montón de ejemplos en los que parejas de animales tienen muy definido como sacar adelante una camada y en todas las especies dependen del instinto.
¿Es acaso el humano tan ajeno a esto?¿No será que simplemente el humano tiene un neocortex que hace que los instintos se complementen con el raciocinio para intentar encontrar un equilibrio? Según tengo entendido las capas internas del encefalo, funcionan igual para todos los pobladores de la tierra.

Lo de conocer nuestros instintos, impulsos, tendencias y roles sociales es importante a la hora de saber cómo acometer nuestras vidas (y saber cómo nos pueden manipular), pero lo que queramos hacer con ellas es decisión nuestra. Si un instinto, como bien podría hacer algún factor cultural, reprime a una persona y la perjudica y es evitable, ¿por qué no evitarlo?, después de todo, está comprobado que la mayor parte de nuestros instintos o están latentes, sin dar mucho la coña, o somos más que capaces de controlarlos.
La reproducción es una opción que puede formar parte de nuestro ciclo vital... o no, lo mismo que vivir en pareja o no.

También podemos observador como incluye la ayuda por parte de la comunidad. Si pensamos en un contexto precivilizado de tribus, resulta obvio que la colaboración de toda la comunidad es lo que marca la supervivencia de la misma.

Enrique dijo...

Anónimo/a:

No es el ateo quien ha de demostrar la no existencia de Dios, sino el creyente quien debe demostrar su existencia.

Es decir, no soy yo quien debe demostrar que el instinto maternal o paternal no existe en el ser humano adulto y culturalizado, sino tú quien tiene que demostrar la existencia de esa cosa que debería llevarnos a actuar a todos y a todas por igual, pero resulta que no lo hace... (a parte de que no se trata de unas pocas excepciones, dado que a lo largo de la historia son miles y miles los niños y las niñas que han fallecido a manos de sus padres y sus madres, además de haber sido maltratados/as).

Por otro lado, no sé de dónde sacas que niego la influencia genética. Simplemente me limito a mostrar cómo es la cultura la que nos forma como nos forma (dentro de los límites de la herencia, la cual, según nos muestra la ciencia actual, influye como mucho en un 30 % frente al 70 % de la educación). De hecho, la ciencia de la epigenética nos muestra cómo el ambiente enciende y apaga parte de nuestro epigenoma, dando lugar a que dos hermanos gemelos se distingan en su códico mucho más a la edad de 40 años que al nacer. Es decir, no sólo el cerebro es sumamente moldeable (a parte de que el 90 % de las conexiones se forman a raíz de la cultura), sino que también nuestra herencia genética.

Como bien has dicho, basta con fijarse en la naturaleza: los pájaros construyen sus nidos sin que nadie les explique cómo se hacen; la madre del jabato se echa a amamantar sin que nadie tenga que decirle cómo se hace; y la hembra del salmón sabe, por naturaleza, dónde ha de colocar los huevos y que debe regresar al mar para morir.

Por el contrario, a menos que te dediques a la albañilería, no podrás construirte un chalet por tí mismo/a; y numerosas madres necesitan asistencia pediátrica o leer ciertos libros para no tener problemas con algo tan simple como el amamntamiento.

Si fuésemos alienígenas y nos topásemos con un ser humano puro, sin educar, no te negaría la existencia del instinto; además de que en tales condiciones no veríamos suicidios en masa, ni malos tratos, ni varones y mujeres rechazando transmitir sus genes.

Pero nos encontramos frente a un ser humano que, a raíz de la educación, ve frenado su instinto. Es decir, el instinto, por supuesto, existe de forma natural en el ser humano (al menos, teóricamente. No sabemos cómo es una persona sin educar). No obstante, se ve obstruido por la cultura, transformándose, como algunos y algunas especialistas lo llaman, en reflejos y pulsiones.

Temenos la pulsión de supervivencia, pero podemos elegir el suicidio o no ingerir comida hasta que se noten nuestras costillas. Tenemos la pulsión sexual, pero podemos mantener el celibato o postergar el acto sexual. Etc.

El instinto hace que un tren se mueva siempre de Madrid a Barcelona. Sin embargo, nuestro tren puede ir a Sevilla, Valencia, Pamplona, Lugo, Cáceres...

Saludos.

Anónimo dijo...

Creo que por tu respuesta, no has leído mis comentarios :s

Enrique dijo...

No entiendo por qué dices eso...

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