lunes, 30 de enero de 2012

Rituales en rebaño.

Soy muy anti-ritualista, la verdad. Bastante. San Valentín, los cumpleaños... No me gustan para nada toda esa serie de rituales sociales, cuya única finalidad es, para mí, hacer que consumas y gastes dinero.

Y, ¿por qué no me gustan?, se preguntarán. Pues porque para mí no significan nada.

Para mí no significa absolutamente nada que una persona a la que apenas ves, una persona que prácticamente no existe en tu vida, aparezca un día por el único motivo de que es tu compleaños y te dé un regalo. Y después, pasada la fiesta, adiós, muy buenas; hasta otro año.

No soportaría tampoco estar con una persona que dice amarme pero que se acuerda de mí tan solamente el día de San Valentín, o que se piensa que por el hecho de darme un objeto material un día cualquiera, da muestras más que suficientes de que me ama. No, para nada me gusta eso. El amor para mí no es algo que se muestra con un objeto regalado un día establecido por la sociedad y las empresas.

"Oh, San Valentín, ¡qué bien! Vamos a demostrar al mundo cuánto nos amamos. Vamos a demostrar al mundo que somos una pareja feliz" ("y de paso vamos a fastidiar a quienes no tienen pareja", porque, según la sociedad, debemos estar en pareja. Si no, como parece ser que no existen más personas a parte de los/as novios/as, eres tonto/a, siempre estarás solo/a, etc, etc).

De hecho, párense a pensar lo siguiente: ¿Han visto alguna vez a alguna persona que invitó a un/a amigo/a a su cumpleaños y se enfadó porque no le trajo ningún regalo? ¿O han conocido a algún varón o a alguna mujer que recibía de vez en cuando detalles de su pareja, pero que se enfadó con ella porque el Día de San Valentín no le regaló nada?

Cuando suceden esas cosas, yo me pregunto: ¿Sucederá esto porque hoy día vivimos en un mundo que da más importancia a los bienes materiales que al cariño, el cuidado, el afecto, el amor de las personas? ¿Sucederá esto porque hoy día hay padres y madres que provienen de familias que no pudieron ofrecerles numerosos regalos, y por eso se pasan la vida dando objetos materiales, más que afecto, dando a entender que lo material es lo más importante? ¿O viene a ser consecuencia de unas situaciones laborales tan desfavorables, que mantienen a las familias casi sin la posibilidad de pasar el tiempo con sus hijos/as, y por ello los padres y las madres, apenados/as, viendo que a sus hijos/as les falta contacto, tratan de compensarlo con regalos?

Una relación con una persona cualquiera no debería basarse en lo que te da o no te da un día específico. Esto me recuerda a los exámenes finales que califican tu rendimiento como discente en función de lo que hiciste bien o mal ese día, en lugar de medir nuestro progreso diario. ¿Se imaginan que les pidesen a ustedes que valorasen a sus parejas, a sus familiares, a sus hijos/as con una nota, según cómo se comportó a una hora de un día determinado? Sería absurdo, ¿verdad?

Para mí una relación con una persona, ni siquiera una relación de pareja, nunca es seria. Ninguna pareja se construye para permanecer junta todos los días de su vida. Yo no he elegido a mi pareja para estar con ella el resto de mi vida, sino que cada día elijo, por algún o algunos motivos, estar con a ella (aunque no siempre sea físicamente). Por tanto, ¿no será más importante ese día a día, que un día señalado por vaya usted a saber quién?

No estoy diciendo que haya que suprimir los rituales, ni que la gente que sigue estas fiestas sea estúpida o que no debería hacerlos (cada cual que haga lo que le guste... o lo que la sociedad le inculca para que le guste). Porque de hecho a mí sí me gustan ciertos rituales, tan sólo que, más que estos rituales en rebaño, como ovejas que siguen al pastor (el consumismo), los que me gustan son los esporádicos, o los que surgen del corazón, no de la norma social; los que eligen las parejas o una persona persona misma, porque le es útil.

Porque para mí un simple regalo no es importante, sino lo que hay detrás: el sentimiento con el que se da. Si yo mañana le doy un beso, una caricia, un abrazo, una sonrisa, un regalo... algo, sea material o no, a mi pareja, lo hago porque la amo, porque deseo hacerlo; pero no lo hago porque debo hacerlo. Y cuando llega un cumpleaños o San Valentín, me da la sensación de que la gente por lo general se regala cosas porque es lo que toca, porque es lo que hay que hacer.

Por ese motivo a mí como regalos siempre me suelen gustar las manualidades realizadas por la persona que me las regala: poemas, cartas, dulces, dibujos... Porque no se tratan de regalos que consisten en pasar por la primera tienda que uno/a ve y compra lo primero que se le ocurre, sino que son regalos que implican un determinado tiempo. Y cuando alguien me regala parte de su tiempo, es como si me estuviese regalando una parte de sí mismo/a. Por tanto, por lo general, a mi entender, son regalos que llevan impresos detrás algo inmaterial: que le importas.

Además, ciertos rituales son importantes, ya que suponen una adaptación a un cambio; suponen una ayuda para dejar atrás algo y adentrarse en una nueva situación.

En el libro El camino de las lágrimas, de Jorge Bucay, el cual acabo de finalizar, se relata la historia de una mujer que tenía por ritual la visita cada domingo de su difunto esposo. Ella decía que tenía que ir, sí o sí, al cementerio a ver a su marido cada domingo porque allí se desahogaba, lloraba, se vaciaba el dolor que tenía dentro, y con ello el resto de la semana se encontraba bien. Sin embargo, de no seguir el ritual, pasaba toda la semana entera llorando.

Son este tipo de rituales los que a mí me gustan y de verdad me importan, pues son algo personal, algo que nos  pertenece, que nos sirve. Son algo que implica unos sentimientos muy profundos, en vez de basarse en el mero materialismo. Son rituales que llevan un contenido emotivo que le otorgan un gran valor.  

2 comentarios:

misteriosa dijo...

No sabes lo contenta que estoy de estar sola en San Valentín este año. Estoy por regalarme algo a mí misma... así, por jorobar y ya está. Por si alguien pregunta, más que nada.

Un saludo

Enrique dijo...

Ahí estamos, Misteriosa xD Pero que sea un regalo guay, ¿eh? Jeje. Y ya que estamos, venga, yo por mi parte te mando un beso. Muak.

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